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Full text of "Nuevo descubrimiento del gran rio de las Amazonas"

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COLECCIÓN  DE  LIBROS 

quE 

TRATAN  D£  AMÉRXfiA 

RAROS  O  CURIOSOS 

TOMO  SiEJGMLXISTJOC^ 


TIRADA  500  EJEMPLARES 


NUEVO  DESCUBRIMIENTO 


DEL 


GRAN  810  DE  LAS  AMAZONAS 

POR  EL 

P.  CHRISTOVAL  DE  ACUÑA 


Reimpreso  según  la  primera  edición   do  1641 


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NOTICIA  BIOGRÁFICA 


DE    EL    PADRE    CRISTÓBAL    DE    ACUNA 
-{•0-t- 

«Nació  en  Burgos,  en  1597,  de  una  familia 
noble  é  influyente  de  esta  ciudad;  llamado  por 
el  estado  eclesiástico,  ingresó  en  la  Compañía 
de  Jesús  en  161 2,  en  el  colegio  que  los  padres 
fundaron  allí  protegidos  por  los  obispos  y  des- 
pués por  la  familia  de  los  Sanvítores,  que  ad- 
quirió el  patronato  de  la  Capilla  Mayor. 

«Recibidas  por  Acuña  las  órdenes  sagradas, 
fué  enviado  á  las  misiones  de  América  para 
Chile  y  el  Perú,  siendo  después  nombrado  pro- 
fesor de  Teología  moral  del  colegio  de  Cuen- 
ca (de  Quito)  en  aquel  virreinato,  y  confiándose- 
le  más  tarde  el  cargo  de  rector  de  aquella 
casa. 

«Designado   por  la  Audiencia   de    Lima, 


VI  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

en  unión  del  P.  Andrés  de  Artieda,  para  que 
acompañase  al  general  Pedro  Texeira  en  la  ex- 
ploración del  rio  de  las  Amazonas,  embarcóse 
en  Quito  por  el  mes  de  Febrero  de  1639,  lle- 
gando á  Para  en  Diciembre  del  mismo  año. 

»En  esta  expedición  científica  estudió  deta- 
lladamente las  costumbres  de  los  pueblos  indí- 
genas, haciendo  curiosas  observaciones  que  le 
sugirieron  ideas  sobre  los  medios  que  propuso, 
de  asegurar  la  dominación  sobre  aquellos 
países. 

»En  otra  ocasión  practicó  otro  reconoci- 
miento del  curso  del  rio  Ñapo.» 

En  el  año  1 640  regresó  á  España  y  presen- 
tó al  Rey  la  obra  que  pubHcamos,  acompañada 
del  Memorial  que  va  al  fin,  en  que  da  cuenta 
de  las  ventajas  que  pudiera  reportar  á  la  monar- 
quía española  la  conquista  y  conversión  de  tan- 
tas y  tan  dilatadas  provincias  de  bárbaros. 

«Poco  tiempo  después  hizo  un  viaje  á  Roma 
en  calidad  de  procurador  de  su  provincia;  á  su 
vuelta  se  le  nombró  calificador  de  la  suprema 
In^iisición. 

«Permaneció  en  la  corte  algún  tiempo  y 
YOlvió  á  partir  para  las  Indias  Occidentales, 
como  entonces  se  llamaba  el  nuevo  continente; 
fijó  su  residencia  en  Lima  y  allí  falleció  en  el 
año  1675.» 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  VIÍ 

Los  anteriores  datos  están  tomados  de  la 
obra  1 'nicnto  de  un  diccionario  biográfico  y  biblio- 
mtores  de  la  provincia  de  Burgos,  por 
D.  Manuel  Martínez  ¿\ñibarro  y  Rives;  obra 
premiada  por  la  Biblioteca  Nacional.  —  Ma- 
drid, 1S90. 


9 
*  * 


Don  Marcos  Jiménez  de  la  Espada,  en  los 
excelentes  preliminares  con  que  en  1880  ilustró 
la  publicación  del  manuscrito,  de  autor  anóni- 
mo, titulado  Viaje  del  capitán  Pedro  Texeira, 
aguas  arriba  del  rio  de  las  Amazonas  (iójS-JQ); 
trae  algunas  noticias  referentes  á  personajes  ci- 
tados por  el  Padre  Acuña,  y  copiándola  de  An- 
tonio de  León  Pinelo,  dice  que  antes  de  publi- 
car la  relación  extensa,  dio  el  mismo  Padre 
Acuña  otra  á  luz,  muy  breve,  la  cual  califica  de 
rarísima. 

Es  probable  que  Pinelo  se  refiriese  al  Me- 
morial que  va  al  fin  de  este  volumen,  pues  efec- 
tivamente se  debió  publicar  en  Madrid,  sin  año 
de  impresión,  antes  de  publicarse  con  el  libro. 

En  el  Catalogue  Raisonnc  d'une  precieuse  co~ 
llection  de  livres...  sur  L'Amerique... — Redigé 
por  Ch.Leclerc.  París,  MDCCCLXVIL— Pág.  4, 
se  cita  dicho  Memorial  como  obra  indepen- 
diente del  libro  extenso. 
*  * 


VIII  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

Reimprimimos  esta  obra  porque  es  rara  y 
porque  contiene  noticias  y  descripciones  de  los 
indios  ribereños  del  Amazonas,  y  de  las  tribus 
á  él  circunvecinas,  que  creemos  son  del  mayor 
interés. 

Con  asombro  hemos  leído  en  el  Diccionario 
Enciclopédico  que  publica  en  Barcelona  la  casa 
editorial  Montaner  y  Simón:  «El  padre  Manuel 
Rodríguez  publicó  en  1684  un  libro  titulado  El 
Marañan  y  Amazonas  y  que  no  es  otra  cosa  que 
la  obra  del  padre  Acuña  reproducida  puntual- 
mente ó  copiada  adpedem  literce»  (1) 

Esta  noticia  no  puede  ser  más  errónea,  pues 
la  obra  del  padre  Rodríguez  contiene  444  pá- 
ginas, en  folio,  y  la  del  padre  Acuña  la  forman 
solo  46  hojas,  por  lo  que  resulta  que  sería  im- 
posible reproducirla  literalmente. 

En  la  Biblioteca  Nacional  existen  ejempla- 
res de  las  dos  obras. 

Al  publicar  ahora  de  nuevo  esta  obra  no 
hemos  suprimido  ni  una  sílaba  del  texto  que 
contiene  la  primera  edición. 


(1)     Tomo  I.  pág.  397,  col.  I, 


NOTICIA  BIBLIOGRÁFICA 

DE   LAS    EDICIONES  QUE  SE  HAN  HECHO  DE    ESTA 
OBRA    EN    DIVERSOS     IDIOMAS 

Primera. — Nuevo  descubrimiento  del  gran  rio 
de  las  Amazonas,  por  el  Padre  Cristóbal  de 
Acuña,  Religioso  de  la  Compañía  de  Jesús  y 
calificador  de  la  suprema  general  Inquisición. 
Al  cual  fué  y  se  hizo  por  la  provincia  de  Quito 
en  los  reinos  del  Perú.  Al  Excmo.  Sr.  Conde 
Duque  de  Olivares.  (Cliché  con  el  escudo  de  la 
Compañía.)  Con  licencia  en  Madrid,  en  la  im- 
prenta del  Reino,  año  1641 . — Un  volumen  en 
cuarto,  con  6  hojas  de  preliminares  y  46  para 
las  relaciones  y  el  memorial.  Rara. 

Segunda. — En  Madrid  1659,  citada  por  Wat. 
No  hay  noticia  de  ningún  ejemplar. 


X  CRISTOUAL    DE    ACUÑA 

Tercera. — Relation  de  la  viviere  des  Amazo- 
nas traduit  de  Pespagnol  du  P.  Christophe  de 
Acuna,  avec  une  disertation  curiosse  sur  cette 
riviere  pour  servir  de  preface  por  M.  Feu  de 
Gombervílle.  París,  Claude  Borbin,  1682. — 
Cuatro  volúmenes  en  12o.  Tradución  muy  bus- 
cada. 

Cuarta. — Relation  de  la  riviere  des  Amazones* 
París,  chez  la  veuve  Lauis  Billaíne,  1684. — Cua- 
tro volúmenes  en  12o.  Esta  edición  solo  se  di- 
ferencia de  la  anterior  en  las  portadas. 

Quinta. — A  relation  of  the  great  river  of  the 
Amazons  in  south  America;  London  1698.— En 
cuarto.  (Brunet.) 

Sexta.  —  . . .  en  Wienn.  P.  Straub,  1729.  Tra- 
ducción hecha  al  alemán  por  un  padre  jesuíta 
y  publicada  en  unión  de  la  Relación  historial 
¿le  las  misiones  de  los  indios  que  llaman  chiquitos, 
por  el  P.  Juan  Patricio  Fernández. 

Estas  son  las  ediciones  de  que  tenemos  no- 
ticia que  se  ha  impreso  íntegra  la  obra,  ahora 
nuevamente  reimpresa. 

En  la  obra  del  P.  Manuel  Rodríguez  El  Ma- 
rañan y  Amazonas'.  Madrid,  1684,  entre  las  pá- 
ginas 1 01  á  141   se  incluye  casi  por  completo. 

El  Sr.  Martínez  Añibarro  en  su  obra  citada, 
dice  que  de  los  datos  del  P.  Acuña  se  sirvió  el 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


XI 


astrónomo  M.  de  la  Condomíne  para  su  Reía- 
tion  almegec  dlun  voy  age  faít  dans  IHnterieur  d* 
L'Amerique  Meridionale,  París  1745. 


REPRODUCIMOS 

á  continuación  la  portada  de  la  primera  edición 

reducida  á  la  mitad  del  tamaño  del 

original . 


NVEVO 

DESCVBR1MIENTO 

DEL  GRAN  RIO  DE  LAS 

AMAZONAS 

POR  EL  PADRE  CHRSTOVAL 

de  Acuña,  Religiofo  de  la  Compañía  de 

Iesus,  y  Calificador  de  la  Suprema 

General  Inquificion 

al  qval  fve,  y  se  hizo  por  orden 

de  fu  Mageftad,  el  año  de   1639 

por  la  provincia  de  Qvito 

en  los  Reynos  del  Perú 

Al  Excelentísimo  señor  conde 

Duque  de  Oliuares 


Con  licencia;  en  Madrid,  en  !  a  Imprenta  del  Reino, 

año  de  1C41 


AL    EXCELENTÍSIMO    SEÑOR 


CONDE  DVQVE  DE  OLIUARES 


A  quien  (Señor)  debemos  acudir,  con  este 
nueuo  mundo  descubierto;  sino  al  que  en  sus 
hombros,  por  aliviar  los  de  su  dueño,  susten  • 
tara  gustoso,  si  pudiera  todo  lo  restante  del? 
Qué  otro  Atlante  no  se  rindiera  á  tamaña  car- 
ga; sino  el  que  con  esfuergo  más  que  varonil, 
ha  echado  el  pecho,  á  mayores,  y  desmedidos 
pesos?  Quien  por  celoso  que  se  ostente  de  los 
acrecentamientos  de  su  Rey;  no  se  retirara,  re. 
zelando  nueuas  dificultades;  sino  el  que  quan- 
to  mayores,  más  las  apetece,  para  que  más 
luzca  su  amor,  más  su  fidelidad?  Y  quién,  para 
decirlo  de  vna  uez,  sino  el  Excelentissimo  Se- 
ñor Conde  Duque,  podrá  patrocinar  tan  gran- 
diosa empressa,  de  que  depende  la  conuersion 

b 


XVIII  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 

de  infinitas  almas,  el  acrecentamiento  de  la 
Real  Corona,  y  la  defensa,  y  guarda  de  todos 
los  tesoros  del  Perú? 

En  manos,  pues,  de  V.  Excelencia  ofrezco 
este  nueuo  descubrimiento  del  gran  Rio  de  las 
Amazonas,  á  que  por  orden  de  su  Magestad 
fui,  con  cuydado,  auerigüé,  y  con  toda  puntua- 
lidad recopilé  en  breues  hojas,  siendo  digno 
de  volúmenes  enteros:  para  que  añadida  esta 
preciosa  piedra  á  la  Corona  de  nuestro  gran 
Rey  Felipe  Quarto  que  Dios  nos  guarde,  por 
tan  sublime  Artífice;  mejor  assiente,  más  luzga, 
y  para  siempre  permanezca. 

Bien  puede  V.  Excelencia  aceptar  el  ofre- 
cimiento, seguro  de  que  es  en  todo  grande,  y 
más  de  lo  que  sin  duda  parece,  que  á  no  ser 
así,  ni  yo  le  ofreciera,  ni  mereciera  aceptación 
de  tales  manos.  Porque  si  el  dilatado  Imperio 
de  Etiopía,  se  alga  con  tan  glorioso  renombre, 
por  ocupar  su  jurisdicción  espacio  de  noue- 
cientas  leguas:  Si  la  gran  China,  por  encerrar 
en  dos  mil  de  cyrcuito,  quince  diferentes  Rey- 
nos,  espanta  al  mundo  su  grandeza.  Y  si  la 
longitud  que  del  Perú  se  publica,  se  reduze  á 
términos  de  mil  y  quinientas  leguas,  que  se 
miden  desde  el  nuevo  Reyno  de  Granada  has- 
ta les  vltimos  fines  del  de  Chile.  Con  quanta 
más  razón  adquirirá  sobre  todo  lo  descubier- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


XIX 


to,  título  de  grande,  el  Rio  de  las  Amazonas, 
pues  en  el  espacio  de  casi  quatro  mil  leguas 
de  contorno,  encierra  más  de  ciento  y  cinquen- 
ta  Naciones  de  lenguas  diferentes,  suficiente 
cada  vna  de  ellas  á  hazer  por  sí  sola  vn  dila- 
tado Reyno,  y  todas  juntas  vn  nueno  y  pode- 
roso Imperio,  que  fauorecido,  y  amparado,  á 
la  sombra  de  V.  Excelencia  podra  parecer 
grande  en  los  ojos  de  su  Magestad,  á  cuyos 
pies,  y  los  de  V.  Excelencia  ofrezco,  para  esta 
conquista  mi  persona,  y  las  de  otros  muchos 
de  mi  Religión,  si  de  nosotros  se  quiere  seruir 
V.  Excelencia,  cuya  vida  prospere  el  Cielo, 
con  .los  aumentos,  que  su  persona,  celo  y  fide- 
lidad merecen. 

De  V.  Excelencia  criado. 
Christoual  de  Acuña. 


AL  LECTOR 


-t-OOO-l- 


Nacieron  (curioso  lector)  tan  hermanadas 
en  las  cosas  grandes,  la  nouedad  y  el  descrédi- 
to, que  no  parecen  sino  gemelos  de  un  parto;  y 
que  por  el  mesmo  caso  que  en  lo  nueuo,  repa- 
ra con  cuydado,  la  admiración;  peligra  el  cré- 
dito en  el  ascenso  de  los  más  acordados.  Y 
aunque  es  verdad,  que  la  eficacia  de  la  curiosi- 
dad natural,  nos  inclina  á  saber  nouedades,  la 
incertidumbre  de  su  puntualidad,  priua  el  en- 
tendimiento, del  mayor  deleyte,  de  que  sin 
duda  gozara,  si  persuadido  de  lo  cierto  depu- 
siera toda  perplexidad  en  lo  dudoso. 

Deseando,  pues,  sacar  á  vista  de  todos,  el 
nueuo  descubrimiento  del  gran  Rio  de  las  Ama- 
zonas (á  que  por  orden  de  su  Magestad  fui,  co- 
mo después  verás)  y  teméindome,  de  que  aun- 


XXII  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

que  por  lo  nueuo,  sería  apetecido;  con  todo  no 
dexaría  de  padecer  rezelos,  en  lo  puntual,  qui- 
se asegurarte  lo  vno  y  lo  otro. 

Lo  primero,  con  prometerte  vn  nueuo  mun- 
do, Naciones  nueuas,  Reynos  nueuos,  ocupacio- 
nes nueuas,  modo  de  viuir  nueuo,  y  para  dezir- 
lo,  en  vna  palabra,  vn  Rio  de  agua  dulce  naue- 
gado  por  más  de  mil  y  trescientas  leguas,  todo 
desde  su  nacimiento  hasta  su  fin,  lleno  de  no- 
uedades. 

Lo  segundo,  con  ponerte  delante  de  los 
ojos  las  obligaciones  de  mi  persona,  de  Reli- 
gioso de  la  Compañía  de  Iesus,  de  Sacerdote, 
de  Legado  de  su  Magestad,  y  otras,  que  ni  á  tí 
te  importa  el  saberlas,  ni  á  mí  el  dezirlas:  y  si 
con  todo  esto  te  persuadieres,  á  que  la  afición 
de  lo  que  con  algún  cuydado  trabaje,  me  ade- 
lanta; oye  á  los  que  de  afuera,  con  testimonios 
jurados,  acreditan  esta  Relación.  Vale. 


CERTIFICACIÓN 

del   capitán   mayor  deste  descubrimiento 
Pedro  Texeira 


Pedro  Texeira,  Capitán  Mayor  al  presente 
en  esta  Capitanía  del  gran  Para,  y  Cauo  que 
fué  de  la  gente  de  guerra,  que  fué  en  el  descu- 
brimiento del  Rio  de  las  Amazonas,  de  ida,  y 
buelta,  hasta  la  ciudad  de  San  Francisco  del 
Quito,  en  los  Reynos  del  Perú. 

Certifico,  y  afirmo  con  juramento,  por  los 
Santos  Evangelios,  que  es  verdad,  que  por  or- 
den de  su  Magestad,  y  por  particular  prouision' 
despachada  por  Real  Audiencia  de  Quito,  vino 
en  mi  compañía  desde  dicha  Ciudad,  hasta  la 
del  Para,  el  Reuerendo  Padre  Christoual  de 
Acuña,  Religioso  de  la  Compañía  de  Iesus,  con 
su  compañero  el  Reuerendo  Padre   Andrés  de 


XXIV  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 

Artieda,  en  el  qual  viage,  cumplieron  entram- 
bos así  en  lo  tocante  al  seruicio  de  su  Mages- 
tad,  á  que  eran  inuiados,  como  buenos,  y  fieles 
vasallos  suyos,  notando,  y  aduirtiendo  todo  lo 
necesario  para  dar  entera  y  cumplida  cuenta 
del  descubrimiento,  á  que  se  deue   dar  entero 
crédito,  mejor  que  á  otro  ninguno,  de  los  que 
fueron  en  la  dicha  jornada.  Y  en  lo  tocante  á 
las  obligaciones  de  su  Abito,   y   seruicio  de 
Dios,  acudieron  siempre,  como   acostumbran 
los  de  su  Religión;  predicando,  confesando,  y 
doctrinando  á  todos  los  del  exército,  compo- 
niéndoles con  sus  dudas,  amistándoles  en  sus 
rencillas,  animándoles  en  sus  trabajos,  y  pacifi- 
cándoles en  sus  discusiones,  como  verdaderos 
padres  de  todos;  pasando  las  mismas  incomo- 
didades y  trabajos,  que  qualquiera  de  los  sol- 
dados particulares,  así  en  la  comida  como  en 
todo  lo  demás. 

Y  no  solo  hicieron  los  dichos  padres  esta 
jornada  á  su  costa,  sin  que  su  Magestad  les  die- 
se algún,  socorro  para  ella,  sino  que  antes,  todo 
lo  que  ellos  traían,  así  de  sustento,  como  de 
medicinas,  era  común  de  todos  los  necesitados* 
á  quienes  acudieron  siempre  con  muy  grande 
caridad,  y  amor. 

Y  por  ser  verdad  todo  lo  aquí  contenido, 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  XXV 

di  esta  certificación,  firmada  de  mi  mano  y  se- 
llada con  el  sello  de  mis  armas. 

En  esta  ciudad  de  Para  á  tres  de  Marco  de 
mil  y  seiscientos  y  quarenta  años 

El  Capitán  Mayor, 
Pedro  Texeira. 


CERTIFICACIÓN 


DEL  REUERENDO  PADRE  COMISARIO   DE    LAS 
MERCEDES 


Fray  Pedro  de  la  Rúa,  Religioso  de  nuestra 
Señora  de  las  Mercedes,  Comisario  general  de 
mi  Orden  en  los  Estados  de  Marañon,  y  Para: 

Certifico  á  todos  los  que  la  presente  vieren, 
como  los  Reuerendos  Padres  Christoual  de 
Acuña  y  Andrés  de  Artieda  su  compañero,  Re- 
ligiosos de  la  Compañía  de  Iesus,  uinieron  des- 
de laProvincia  de  Quito,  en  compañía  de  la 
armada  Portuguesa,  que  de  buelta  del  descu- 
brimiento del  Rio  de  las  Amazonas,  baxó  por 
él  hasta  la  Ciudad  del  Para,  Costa  del  Brasil,  y 
Gobierno  del  Marañon;  acudiendo  en  todo  el 
tiempo  que  duró  el  viage,  como  verdaderos 
hijos  de  su  religión  confesando,  predicando,  y 


XXVIII  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

consolando  á  todos  los  del  ejército,  y  acudién- 
doles  en  todas  sus  enfermedades,  y  necesida- 
des, como  verdaderos  padres  de  todos. 

Cumpliendo  juntamente  con  lo  que  por 
parte  de  la  Real  Audiencia  de  Quito,  en  nom- 
bre de  su  Magestad,  se  les  auía  encomendado 
en  lo  tocante  á  hazer  aueriguacion  de  las  cosas 
principales  del  dicho  Rio  de  las  Amazonas,  que 
hizo  el  Reuerendo  Padre  Christoual  de  Acuña, 
con  el  cuydado  que  se  verá  por  la  relación,  á 
que  juzgo  se  deue  dar  entero  crédito,  por  ser 
persona  desinteresada,  y  que  solo  mouido  del 
seruicio  de  Dios,  y  del  Rey  emprehendió  jor- 
nada tan  trabajosa. 

De  todo  lo  qual  puedo  dar  fé,  como  testigo 
de  vista,  que  por  todo  el  camino  vinimos  jun- 
tos. 

Y  por  ser  verdad  di  esta  firmada  de  mi  nom  • 
bre,  y  sellada  con  el  sello  de  mi  Religión. 

En  esta  ciudad  del  Para,  á  diez  y  nueve  de 
Margo,  de  mil  y  seiscientos  y  quarenta  años. 
Comisario 
Fray  Pedro  de  Santa  María 
y  de  la  Rúa. 


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CLAVSVLA 

DE  LA  PROVISIÓN  REAL  QUE  DIO  LA  AUDIENCIA 
DE  QUITO  EN  NOMBRE  DE  SU  MAGESTAD,  PA- 
RA  ESTE   DESCUBRIMIENTO. 


En  conformidad  de  lo  qual  fué  por  los  di- 
chos mi  presidente  é  Oydores,  acordado,  que 
deuía  mandar  dar  esta  mi  carta,  y  prouision 
Real,  para  vos,  y  cada  vno  de  vos  en  la  dicha 
razón;  é  yo  he  tenido  por  bien,  y  os  mando, 
que  siendo  con  ella  requeridos,  por  los  dichos 
Padres  Christoual  de  Acuña  y  Andrés  de  Artie- 
da,  Religiosos  de  la  dicha  Religión  de  la  Com- 
pañía de  Iesus,  ó  por  qualquiera  dellos,  veáis 
los  autos  suso  insertos,  y  en  su  cumplimiento, 
les  daréis,  y  haréis  se  les  de  todo  el  auío  bre- 
ue,  y  buen  pasage  que  hubieren  menester,  para 
el  mejor  cumplimiento  de  su  misión,  viage, 
buenos  efectos  que  del  espero  han  de  resultar, 
sin  que  en  ello  les  sea  puesto  estorbo,  ni  impe- 


XXX  CRISTOUAL    DE   ACUÑA 

dimento  alguno,  por  ninguna  causa  ni  razón 
que  sea,  pues  de  lo  contrario  me  tendré  por 
deservido. 

Y  ruego,  y  encargo  á  vos  el  dicho  Padre 
Christoual  de  Acuña,  que  en  cumplimiento  de 
10  proueido  por  los  dichos  mi  Presidente,  y 
Oydores,  y  en  conformidad  del  nombramiento 
en  primer  lugar  en  vos  fecho  por  vuestro  Prela- 
do y  de  lo  que  por  su  petición  tiene  ofrecido. 
Auiéndoos  sido  entregada  esta  mi  carta,  por 
parte  de  dicho  mi  Fiscal,  veáislo  en  ella  conte- 
nido, y  lo  guardéis,  cumpláis  y  executeis;  y  en 
su  cumplimiento,  partáis  desta  mi  corte  con  el 
dicho  vuestro  compañero,  para  la  dicha  Pro- 
uincia  del  Para,  en  compañía  del  Capitán  Pedro 
de  Texeira,  y  demás  gente  de  milicia  que  con 
él  va,  teniendo,  como  haueis  de  tener,  particu- 
lar cuydado  de  describir  con  la  mayor  claridad 
que  os  fuere  posible,  la  distancia  de  leguas, 
Prouincias,  poblaciones  de  Indios,  rios  y  para- 
ges  particulares,  que  hay  desde  la  primera  em- 
barcación hasta  la  dicha  Ciudad,  y  puerto  del 
Para;  informándoos  con  la  mayor  certeza  que 
pudiereis  dello,  para  dar  bastante  noticia,  como 
testigo  de  vista  en  mi  Real  Consejo  de  las  In- 
dias, de  todo;  y  que  se  tenga  la  necesaria  de 
las  dichas  Prouincias,  como  mando  lo  hagáis, 
pareciendo  personalmente  con  esta  mi  carta, 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS         XXXI 

de  parte  de  la  dicha  mi  Audiencia  de  Quito, 
ante  los  mi  Presidente  é  Oydores  del  dicho  mi 
Real  Consejo:  y  siendo  necesario  informar  de- 
11o  á  mi  Real  persona,  lo  haréis,  inuiando  rela- 
ción de  todo  al  Acuerdo  de  la  dicha  mi  Au- 
diencia de  Quito. 

Y  por  vuestra  falta  el  dicho  Padre  Andrés 
de  Artieda,  con  el  cuydado,  y  puntualidad,  que 
de  vuestras  personas,  y  celo  con  que  los  de 
vuestra  Religión  acostumbran  servirme,  confio: 
y  como  es  negocio  tan  importante  al  servicio 
de  Dios  nuestro  Señor,  y  nuestro,  bien,  y  con- 
uersion  de  tantas  almas,  como  se  tiene  noticia 
ay  en  las  dichas  Prouincias  nueuamente  descu- 
biertas, Que  de  lo  así  hazer,  y  cumplir,  me 
tendré  de  vos,  y  de  la  dicha  vuestra  Religión 
por  bien  servido. 

Dada  en  Qnito  á  veinte  y  quatro  días  del 
mes  de  Enero  de  mil  y  seiscientos  y  treinta  y 
nueve  años. 

El  Licenciado  don  Alonso  Pérez  de  Salazar. 
— Doctor  don  Antonio  Rodríguez  de  San  Isi- 
dro y  Manrique.— El  Licenciado  don  Alfonso 
de  Mesa  y  Ayala. — El  Licenciado  don  luán  de 
Valdés  y  Llano. — El  Licenciado  don  Gerónimo 
Ortiz  Zapata.— Secretario  don  luán  Cornejo. 


RELACIÓN 

NVMERO  I 

Noticias  de  este  gran  Rio 

ASI  con  las  primeras  vistas  de  aquella 
'parte  de  la  América,  que  oy  tiene  nom- 
bre de  Perú,  Nacieron  en  nuestra  España,  aun- 
que por  confusas  noticias,  encendidos  deseos 
de  el  descubrimiento  de  el  gran  Rio  de  las 
Amazonas,  llamado,  por  error  común,  entre  los 
poco  vistos  en  la  Geographia,  rio  de  el  Mara- 
ñon.  No  solo  por  las  muchas  riquezas,  de  que 
fué  siempre  sospechoso;  ni  por  la  multitud  de 
gente  que  mantenían  sus  orillas,  ni  por  la  fer- 
tilidad de  sus  tierras,  y  temples  apacibles  de 
su  habitación,  sino  principalmente,  por  enten- 
der, con  no  pequeños  fundamentos,  que  él  era 
la  vnica  canal,  y  como  calle  mayor,  que  co- 
rriendo por  el  riñon  de  el  Perú,  se  sustentaua 
de  todas  las  vertientes  que  al  mar  del  Norte 
tributan  sus  encumbradas  cordilleras. 

^s^-j 


NVMERO  II 

Descubre  Francisco  de  Orellana  este  Rio 


STOS  deseos  solicitaron  el  coraron  de 
Jy  Francisco  de  Orellana,  á  que  el  año  de 


mil  y  quinientos  y  quarenta,  en  cierta  embar- 
cación, y  con  algunos  compañeros,  se  fiase  de 
las  corrientes  de  este  gran  Rio  (que  desde  en- 
tonces, tomó  también  el  nombre  de  Orellana) 
y  pasando  á  España,  por  la  relación  que  de 
sus  grandezas  dio,  la  Cesárea  Magestad  de  el 
Emperador  Carlos  Quinto,  le  mandó  dar  tres 
Nauios  con  gente,  y  todo  lo  necesario,  para 
que  le  boluiese  á  poblar  en  su  Real  nombre,  á 
que  salió  el  año  de  quarenta  y  nueue,  si  bien 
con  tan  aduersa  fortuna,  que  muñéndose  la  mi- 
tad de  los  Soldados  en  las  Canarias  y  Islas  de 
Cabouerde,  con  los  demás  que  cada  dia  se  le 
uan  disminuyendo,  llegó  á  la  boca    de   este 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  3 

gran  Rio,  tan  falto  de  gente,  que  le  fué  fuerca 
dexar  dos  Nauios  que  hasta  aquel  punto  auia 
conservado,  y  no  se  sintiendo  con  fuergas 
para  más,  en  dos  lanchas  de  buen  porte,  que 
fabricó,  con  toda  su  gente,  prosiguió  sus  in- 
tentos, entrando  el  rio  arriba,  que  á  pocas  le- 
guas reconoció  no  hauian  de  tener  buen  fin;  y 
asi  reduciéndose  todos  á  vna  sola  embarca- 
ción, se  retiraron  por  la  Costa  de  Caracas, 
hasta  dar  en  la  Margarita,  adonde  acabaron 
todos,  y  con  ellos  las  esperanzas,  de  que  su 
Majestad  entrase  en  posesión  de  lo  que  tanto 
se  deseaua  y  en  sí  prometía. 


NVMERO  III 

Entra  por  este  rio  el  tirano  Lope  de  Aguirre 


OLUIÉRONSE  a  aviuar  estas  esperan- 


■~^cas  veinte  años  después,  que  fué  el  de 
quinientos  y  sesenta,  con  la  entrada  que  por 
orden  del  Virey  del  Perú  hizo  á  este  gran  rio 
el  ganeral  Pedro    de  Orsua,  arrojándose  con 
buen  exercito  á  sus  aguas,  para  str  testigo  de 
vista  de  las  grandezas,  que  solo   por  noticias, 
se  publicauan  del;  pero  con  tan  mal  suceso, 
ue'  ué  muerto  á  trayción  por  el  tyrano  Lope 
de  Aguirre,  el  qual  leuantándose  no  solo    por 
General,  sino  también  por  Rey,  y  prosiguiendo 
el  viaje   comencado,   no   permitió  Dios   que 
acertase  á  la  principal  boca,  por   donde  este 
gran  rio  desagua  en  el  Occeano,  (que  desdecía 
de  la  fidelidad  de  Españoles,   descubrir  vn  ti- 
rano cosa  de  tanta  importancia  á  nuestro  Rey 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  5 

y  Señor),  sino  que  dexándose  llevar  de  bracos 
de  él,  vino  á  desembocar  por  la  Costa  enfren- 
te de  la  Isla  de  la  Trinidad,  en  Tierra  firme  de 
las  Indias  de  Castilla.  Donde  por  orden  de  su 
Majestad  le  quitaron  la  vida,  y  le  sembraron 
las  casas  de  Sal,  que  oy  dia  se  muestran  en 
aquellas  partes. 


NVMERO   IIII 


Intentan  otros  este  descubrimiento 


\STOS  mismos  deseos  de  el  descubrí- 
^miento  de  este  Rio,  obligaron  al  Sar- 
gento Mayor  Vicente  de  los  Reyef:  Villalobos, 
Gouernador  y  Capitán  General  de  los  Quixos, 
jurixdicion  de  la  Prouincia  de  Quito,  para  que 
se  ofreciese  con  buenos  partidos,  á  principiar- 
le por  aquellas  partes:  en  cuya  conformidad, 
despachó  la  Católica  persona  de  nuestro  gran 
Rey  Felipe  Quarto,  que  oy  viue,  y  viua  felices 
años,  en  el  de  veinte  y  vno,  vna  Cédula  á  la 
Real  Audiencia,  y  Cnancillería  de  San  Francis- 
co de  el  Quito,  para  que  se  capitulasen  las 
condiciones  que  para  el  dicho  descubrimiento 
fuesen  convenientes,  que  por  acabar  en  este 
Ínterin  el  dicho  Gouernador  su  oficio,  no  tu- 
vieron efeto.  Como  ni  tampoco  le  tuuieron  los 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  7 

ardientes  deseos  de  Alfonso  de  Miranda,  á 
quien  él  sucedió  en  el  cargo,  por  atajárselos  la 
muerte.  Que  también  atajó  los  luzídos  em- 
pleos, en  que  el  General  Ioseph  de  Villamayor 
Maldonado,  Gouernador  mucho  antes  que  los 
dos,  de  el  mesmo  Gouierno  de  los  Quixos 
gastó  lo  mejor  de  su  vida,  con  ardiente  zelo  de 
sugetar  á  Dios,  y  al  Rey,  la  multitud  de  Nació, 
nes  que  confusas  noticias,  publicauan  deste 
rio:  poniendo  en  execucion  por  muchas  par 
tes  con  no  pequeños  logros  sus  deseos. 


NVMERO  V 
Intenta  Benito  Maciel  este  descubrimiento 


/fc^\OLICITARON  estos  mismos  deseos,  no 
\w£^soio  los  ánimos  de  los  castellanos,  por 
las  partes  de  el  Perú,  sino  que  estendiéndose  á 
las  costas  del  Brasil,  habitación  de  Portugue- 
ses, quisieron  con  el  zelo  que  siempre  tienen 
de  aumentar  su  Corona,  comentando  desde  la 
boca  deste  rio,  buscar  su  origen,  y  desentra- 
ñarle de  sus  grandezas,  á  que  se  ofreció  Benito 
Maciel  Pariente,  Capitán  Mayor  que  entonces 
auia  sido  de  el  Para,  y  al  presente  Gobernador 
de  el  Marañon.  En  cuya  conformidad,  se  le 
despachó  el  año  de  veinte  y  seis  vna  Real  Cé- 
dula, para  que  lleuase  hasta  el  fin  sus  intentos, 
os  quales  cesaron  por  querer  su  Magestad  ser- 
lvirse  de  su  persona  en  la  guerra  de  Pernam- 
buco. 


NVMERO  VI 

Mándasele  á  Francisco  Coello  que  haga  esta  en- 
trada 


'O  parece  que  se  quietaua  el  coracon 
de  nuestro  gran  Rey  hasta  ver  execu- 
tada  cosa  que  tanto  se  deseaua,  y  ella  de  sí 
prometía.  Y  aunque  se  desbaratauan  todos  los 
caminos  y  trazas,  que  á  este  fin  ordenaua  la 
humana  prudencia,  no  por  esto  dexaua  de  in- 
sistir en  el  intento  principal,  á  cuya  causa  des- 
pachó por  los  años  de  treinta  y  tres,  ó  treinta 
y  quatro,  vna  Real  Cédula,  á  Francisco  Coello 
de  Carauallo,  que  á  la  sazón  estaua  por  Gouer- 
nador  de  el  Marañon,  y  Para,  con  expreso 
mandato  de  que  luego  se  hiciese  el  dicho  des. 
cubrimiento,  y  que  no  auiendo  quien  imbiar, 
fuese  él  en  persona  á  ponerlo  en  execucion* 
tanto  como  esto  deseaua  su  Magestad  se  efec- 
tuase, cosa  que  por  todas  partes  se  intentaua, 


I O  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 

y  por  ninguna  llegaua  á  deiiida  execucion,  pero 
tampoco  la  tuvo  en  esta  ocasión,  por  no  se 
juzgar  el  Gouernador  con  fuercas  suficientes 
para  poder  diuidirlas,  en  tiempos  que  el  Olan- 
dés  infestaua  cada  dia  sus  costas.  Y  apenas  te- 
nia gente  para  poderle  resistir  la  entrada.  Pero 
no  ay  que  espantarse  de  que  humanas  tracas,  se 
desbaratasen,  quando  las  diuinas  tenian  ya 
dispuesto  el  modo  casi  milagroso,  con  que  se 
auia  de  hazer  este  grandioso  descubrimiento, 
que  fué  como  aquí  diré: 


NVMERO  VII 


Nauegan  este  rio  dos  Religiosos  legos  de  San 
Francisco 


STÁ  la  ciudad  de  San  Francisco  de  el 
^2/Quito,  que  es  vna  de  las   mas   famosas 


de  toda  la  América,  edificada  sobre  montes,  en 
la  más  alta  Cordillera,  que  corre  por  todo 
aquel  nueuo  Orbe,  aun  no  medio  grado  á  la 
vanda  del  Sur  de  la  línea  Equinocial,  Cabeca 
de  vna  Prouincia,  la  más  fértil,  más  abundante^ 
más  regalada,  y  de  mejores  temples  que  otra 
ninguna  del  Perú,  y  que  en  multitud  de  natu- 
rales, policía,  buena  enseñanca  y  Christiandad 
d  ellos,  á  todas  se  au  en  taja. 

De  esta  ciudad,  pues,  por  los  años  de  trein_ 
ta  y  cinco,  treinta  y  seis,  y  principios  del 
treinta  y  siete,  salieron  ciertos  Religiosos  de 
San  Francisco,  por  orden  de  sus  superiores 
en  compañía  del  Capitán  luán  de   Palacios,   y 


12  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 

otros  Soldados,  para  proseguir  estos  en  lo 
temporal,  y  aquellos  en  lo  espiritual,  con  el 
descubrimiento  deste  rio,  que  ya  más  auia  de 
treinta  años,  principiaron  los  Padres  de  la 
Compañía  de  Iesus,  por  los  Cofanes,  donde 
los  naturales  mataron  cruelmente  al  Padre 
Rafael  Ferrer,  en  pago  de  la  Doctrina  que  les 
enseñaua.  Llegando,  pues,  los  dichos  Religio- 
sos de  San  Francisco  á  la  Prouincia  de  los  En- 
cabellados,  numerosa  mucho  en  gente,  pero 
bien  estrecha  para  el  encendido  zelo  con  que 
estos  siervos  de  Dios,  como  siempre  acostum- 
bran, la  pretendian  reducir  al  gremio  de  la 
Iglesia:  asistieron  entre  los  naturales  algunos 
meses,  y  viendo  el  tiempo  que  perdían,  y  que 
la  mies  no  la  tenia  aún  Dios  sazonada,  se  bol- 
uieron  vnos  á  su  Conuento  de  Quito,  quedan- 
do los  otros  en  compañía  de  los  pocos  Solda- 
dos que  quisieron  asistir  al  lado  de  su  Capitán^ 
que  á  pocos  dias  vieron  por  sus  ojos  muerto 
á  manos  de  aquellos  á  quier.es  iuan  á  hazer 
tanto  bien:  con  que  les  fué  fuerca  desamparar 
la  tierra,  y  enderezando  su  viaje  á  Quito  todos 
los  demás,  dos  Religiosos  Legos  llamados 
Fray  Domingo  de  Brieua  y  Fray  Andrés  de 
Toledo,  con  seis  soldados  en  vna  embarcación 
pequeña,  se  dexaron  lleuar  de  la  corriente  rio 
abajo,  no  con  otro  intento,  á  lo  que  se  puede 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


13 


imaginar,  que  llenados  del  diuino  impulso  que 
entre  tan  flacos  instrumentos,  tenia  librado  el 
primer  descubrimiento  deste  rio. 


NVMERO  VIII 

Llegan  los  dos  Religiosos  al  Marañon 


l\AUORECIÓ  Dios  los  intentos  de  estos 
dos  Religiosos,  y  después  de  muchos 
dias  de  nauegacion  en  que  experimentaron 
bien  su  providencia,  llegaron  á  la  Ciudad  de  el 
Para,  población  de  Portugueses,  que  está  si- 
tuada quarenta  leguas  de  donde  este  rio  des- 
emboca en  el  Occeano,  jurixdicion  de  el  Go- 
uierno  de  el  Marañon;  auiendo  pasado  sin  le- 
sión alguna  por  inmensas  Prouincias  de  Bár- 
baros, y  muchas  dellas  Caribes,  que  comen 
carne  humana,  recibiendo  de  ellos  el  necesario 
mantenimiento,  para  lleuar  al  fin  lo  comencado- 
Pasaron  luego  á  la  Ciudad  de  San  Luis  de  el 
Marañon,  donde  el  Gouernador  asistia,  que  en 
onces  era  Iacome  Reymundo  de  Noroña,  elec- 
to á  mi  ver,  mas  por  prouidencia  diuina,  que 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  I  5 

por  la  voz  de  el  pueblo,  pues  ningún  otro 
rompiera  con  tantas  dificultades,  ni  se  opusiera 
á  tan  contrarios  pareceres,  que  no  tuviera  el 
zelo  y  obligaciones  que  á  él  le  corrían,  de  ser 
uir  desinteresadamente  en  este  descubrimiento 
á  su  Dios,  y  á  su  Rey.  A  este,  pues,  dieron  los 
dos  Religiosos  noticia  de  su  viage,  que  íué 
como  de  personas  que  venían  cada  día  hu- 
yendo de  las  manos  de  la  muerte,  y  lo  que 
más  pudieron  aclarar,  fué  dezir  que  venían  de 
el  Perú,  que  auian  visto  muchos  Indios,  y  que. 
se  atreuerian  á  boluer  por  donde  auian  baxa 
do,  auiendo  quien  quisiese  seguir  esta  derrota 


NVMERO  IX 

Es  nombrado  para  la  conquista  Pedro  de  Texeira 


/Tp^ONFUSO  quedaua  en  este  estado  nues- 
^¿^tro  descubrimiento,  y  mal  podía  su  Ma- 
gestad  tomar  resolución  de  lo  que  conuenia  á 
su  Real  seruicio,  si  el  Gouernador,  como  ya 
dixe,  no  tomara  pechos  al  aclarar  estas  som- 
bras, y  contra  el  parecer  de  todos,  imbiar  gen- 
te por  el  rio  arriba,  hasta  la  Ciudad  de  Quito, 
que  con  más  atención  y  menos  rezelos,  nota- 
sen todo  lo  que  hallasen  en  él,  digno  de  aten- 
ción. 

Para  esta  empresa  nombró  por  Cabera  y 
Caudillo  de  todos  á  Pedro  Texeira,  Capitán 
por  su  Magestad  de  los  descubrimientos,  per- 
sona á  quien  el  Cielo  sin  duda  tenia  escogida 
para  esta  ocasión,  pues  sola  su  prudencia,  y 
sus  obligaciones,  pudieran  acabar  lo  que  él 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


17 


trabajó  y  hizo,  en  seruicio  de  su  Rey  en  esta 
jornada,  no  sólo  con  gastos  y  pérdidas  de  su 
hazienda,  sino  también  con  mucho  dispendio 
de  su  salud,  si  bien  nada  de  esto  es  cosa  nue- 
ua,  en  quien  por  tantos  años  que  há  que  sirve 
á  su  Magestad,  nunca  se  ha  grangeado  otros 
intereses  que  dar  honrada  cuenta  de  todo  lo 
que  se  le  ha  encargado,  que  ha  sido  mucho,  y 
en  ocasiones  de  no  poca  importancia. 


NVMERO  X 

Comienfa  su  viaje  Pedro  Texeira 


\ ALIÓ  pues  este  buen  Caudillo  de  los 
^Confines  del  Para,  á  los  veinte  y  ocho 
de  Octubre  de  mil  y  seiscientos  y  treinta  y  sie- 
te años,  con  cuarenta  y  siete  Canoas  de  buen 
porte  (embarcaciones  de  que  adelante  se  dirá) 
y  en  ellas  setenta  Soldados  Portugueses,  mil  y 
doscientos  Indios  de  boga  y  guerra,  que  con 
las  mugeres  y  muchachos  de  servicio  pasarían 
todas  de  dos  mil  personas.  Duró  el  viage  cerca 
de  vn  año,  así  por  la  fuerza  de  las  corrientes, 
como  también  por  el  tiempo,  que  en  hazer 
mantenimk  tos  para  tan  numeroso  exército, 
era  fuerza  se  gastase,  y  principalmente  por  ca- 
minar sin  guias  ciertas,  que  les  pudiesen  ende- 
rezar sin  rodeos,  ni  dilaciones,  por  los  rumbos 
más  breues,  por  los  quales  deuieran  seguir  su 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 9 

camino  por  ser  este  tan  cumplido,  y  por  las 
incomodidades  que  en  él  se  pasauan,  comen- 
taron los  Indios  amigos  á  mostrar  poco  gusto 
de  proseguirle,  y  de  hecho,  algunos  se  boluie- 
ron  á  sus  tierras.  Rezeloso  el  Capitán  Mayor 
de  que  no  hiziesen  los  demás  lo  mesmo,  y  le 
dexasen  imposibilitado  de  proseguir  su  viage, 
vsó  de  industria,  ya  que  rigor,  ni  fuerca  basta- 
ua  á  cónseruar  los  que  estaban  titubeando;  y 
aunque  se  hallaua  á  la  mitad  del  camino,  fin- 
gió estar  muy  propinquo  al  término,  y  apres- 
tando ocho  canoas  bien  guarnecidas  de  bo- 
gas, y  Soldados,  las  mandó  ir  delante,  como 
aposentadoras  de  lo  restante  del  Exército,  y  á 
la  verdad,  no  eran  sino  descubridoras  del  me- 
jor camino  en  que  mil  vezes  dudoso  de  lo  cier~ 
to,  alucinaban. 


NVMERO  XI 

Adelántase  el  Coronel  Benito  Rodríguez, 


■OMBRÓ  Pedro  de  Texeira  por  Cabo 
desta  cuadrilla  al  Coronel  Benito  Ro- 
dríguez de  Oliuera,  hijo  del  Brasil  y  persona 
que  como  criada  toda  su  vida  entre  los  natura- 
les, les  tiene  calados  los  pensamientos  y  con 
pequeñas  muestras  adiuina  lo  que  tienen  en  el 
coracon,  con  que  es  conocido,  temido  y  respe- 
tado de  todos  los  Indios  de  aquellas  Conquis- 
tas, y  en  el  presente  descubrimiento  importó 
no  poco  su  persona,  para  llevarle  al  fin  con 
la  felizidad  que  se  hizo.  Llegó,  pues,  el  Co- 
ronel con  su  esquadra,  después  de  vencidas 
muchas  dificultades,  al  Puerto  de  Páyamino, 
dia  de  San  luán  á  los  veinte  y  quatro  de  Iunio 
de  mil  y  seiscientos  y  treinta  y  ocho,  que  es  la 
primera  habitación  de   Castellanos,   que  por 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  2  I 

aquellas  partes,  sugeta  á  la  Prouin  cia  de  los 
Quixos,  jurixdicion  de  Quito,  se  auezinda  á  las 
orillas  deste  gran  Rio.  Si  bien  por  el  de  Ñapo 
(de  que  después  se  hará  mención)  hubiera  te- 
nido toda  la  Armada  mejores  Puertos,  más 
bastimientos  y  menos  pérdidas,  no  solo  da  In- 
dios sino  también  de  haziendas. 


NVMERO  XII 
Dexa  el  Capitán  el  exerciio   en  los  Encaballados 


fí^^vIEMPRE  iua  siguiendo  el  Capitán  Ma- 
\S§JjyoT  los  rastros  y  auisos  que  su  Coronel 
le  dexaua  en  las  dormidas,  con  que  alentados 
de  nueuo,  cada  dia  pensauan,  seria  el  siguien- 
te, el  postrero  de  la  jornada.  Sustentados  con 
estas  esperanzas  llegaron  á  vn  rio  (de  que  ya 
diximos  arriba)  poblado  todo  de  naturales;  de 
paz;  en  tiempos  pasados,  pero  ya  rebeldes  por 
la  muerte  del  Capitán  Palacios.  Pareció  este 
sitio  apacible,  para  dexar  allí  situada  toda  la 
fuerza  de  el  exército,  y  nombrando  por  Capi- 
tán y  Cabo  de  todos  á  Pedro  de  Acosta  Fauela, 
que  con  la  compañia  que  llebaua  á  su  cargo, 
hiciese  allí  pié  fijo  hasta  tener  nuevo  orden; 
quedó  también  con  la  suya  el  Capitán  Pedro 
Bayon;  personas  ambas  que  bien  mostraron  en 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


23 


esta  ocasión,  el  valor  con  que  tantos  años 
auian  exercitado  la  milicia,  7  la  fidelidad  con 
que  obedecian  las  ordenes  de  sus  mayores. 
pues  á  pie  quedo  esperaron  onze  meses,  sin 
jamás  intentar  otra  cosa,  con  ser  la  tierra  en- 
ferma, los  mantenimientos  ningunos,  sino  los 
que  se  buscauan  debaxo  de  las  armas,  y  esos 
tan  cortos  que  apenas  parece  podían  ser  sufi- 
cientes á  sustentar  la  vida.  Pero  bien  satisfecho 
estaua  el  Capitán  Mayor  de  los  que  dexaba  en 
semejantes  riesgos,  que  sola  la  muerte  les  po- 
dría apartar  de  el  cumplimiento  de  sus  órde- 
nes. 


NVMERO   XIII 

Llega  el  Capitán  Mayor  á  Quito 


^ON  esta  confianza,  y  pocos  compañe- 
ros, prosiguió  Pedro  Texeira  en  segui- 
miento de  su  Coronel,  que  ya  halló  estaua 
dias  auia  en  la  Ciudad  de  Quito.  Donde  fue- 
ron bien  recibidos  y  agasajados,  así  de  lo  Se- 
cular como  de  lo  Eclesiástico,  mostrando  to- 
dos el  gozo  que  tenían  de  ver  en  sus  tiempos, 
y  por  vasallos  de  su  Majestad,  no  solo  descu- 
bierto, sino  también  navegado,  desde  su  fin 
hasta  sus  primeros  principios,  el  afamado  rio 
de  las  Amazonas. 

No  tuvieron  la  menor  parte  de  estos  rego- 
cijos, todas  las  Religiones  de  aquella  Ciudad, 
que  son  muchas,  y  muy  autorizadas,  ofre 
ciéndose  cada  vna  por  sí,  con  obreros  fieles, 
que  desde  luego   entrasen    trabajando  en   la 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  2$ 

grande,  é  inculta  viña  de  inmensos  bárba- 
ros, de  que  por  sus  nueuos  descubrimientos 
se  les  daua  noticia. 


NVMERO  XIIII 

Resolución  del  Virey  del  Peni 


©RECIBIDA  en  aquella  Real  Audiencia 
de  Quito  la  noticia,   que  bastaua  para 


hazer  pleno  concepto  de  lo  mucho  que  á  am- 
bas Magestades,  Diuina  y  humana,  importaua 
el  acudir  luego  al  buen  despacho  de  negocio 
tan  graue,  no  se  atrauieron  los  señores  Presi- 
dente y  Oydores  de  ella  á  resoluer  nada,  sin 
primero  dar  auiso  al  Virey  del  Perú,  que  á  la 
sazón  era  el  Conde  de  Chinchón.  El  qual  des- 
pués de  consultado  el  caso  con  la  gente  más 
práctica  de  la  Ciudad  de  Lima,  Corte  de  aquel 
nueuo  mundo,  resoluió  por  carta  suya  para  el 
Presidente  de  Quito  (que  era  el  Licenciado 
D.  Alonso  Pérez  de  Salazar)  su  fecha  á  los  diez 
de  Nouiembre  de  seiscientos  y  treinta  y  ocho, 
que  el  Capitán  Mayor  Pedro  Texeira  con  toda 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  27 

su  gente  se  boluiese  luego,  por  el  mesmo  ca- 
mino que  aiiia  venido  á  la  Ciudad  de  Para, 
dándoles  todo  lo  necesario  para  el  viaje,  por  la 
falta  que  tan  buenos  Capitanes  y  Soldados,  sin 
duda  harian  en  aquellas  fronteras,  que  tan  in- 
festadas son  de  ordinario  de  el  Enemigo  Olan- 
dés,  mandando  juntamente,  que  si  fuese  posi- 
ble, se  dispusiesen  las  cosas  de  suerte,  que  fue- 
sen en  su  compañía  dos  personas  tales,  á  quie- 
nes se  pudiese  dar  fe  por  la  Corona  de  Casti- 
lla, de  todo  lo  descubierto,  y  de  lo  demás  que 
á  la  buelta  de  viaje  se  fvese  descubriendo. 


NVMERO  XV 

El  General  D.  Iuan  de  Acuita,  se  ofrece  á  la 
jornada 


lN  confusión  puso  á  todos  la  execucion 
'desta  vltima  orden  del  Virey,  por  los 
muchos  inconvenientes,  que  mirado  á  prima  faz 
representaua.  Si  bien  no  faltaron  seculares  ze- 
losos  del  seruicio  de  su  Magestad,  que  atrepe- 
llándolo todo  deseaua  ser  cada  cval  vno  de  los 
que  se  nombrasen  para  tamaña  empresa.  Pero 
el  que  entre  todos  se  mostró  más  feruoroso 
de  nueuas  ocasiones,  en  que  proseguir  en  ser- 
uicio de  su  Rey,  lo  que  ya  por  mas  de  treinta 
años  él  auia  hecho,  y  sus  antepasados  por  to- 
da la  vida,  fué  D.  Iuan  Vázquez  de  Acuña, 
Caballero  del  Auito  de  Calatraua,  Teniente  de 
Capitán  General  del  Virey  del  Perú,  y  Corre- 
gidor actual,  por  su  Magestad,  de  Españoles,  y 
naturales,  en  la  mesraa  Ciudad  de  Quito  y  su 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  29 

Comarca,  el  qual  ofrecía,  no  solo  su  persona, 
pero  juntamente  su  hazienda  para  á  su  Costa 
levantar  gente,  pagar  soldados,  comprar  man- 
tenimientos, disponer  pertrechos,  y  hazer  to- 
dos los  gastos  necesarios  para  tan  cumplido 
viage,  solo  con  el  interés  que  siempre  tuvo, 
de  que  su  Rey  y  señor  fuese  seruido.  No  sur- 
tió efeto  su  buen  deseo,  por  no  le  dar  licencia 
quien  podía,  que  atendiendo  á  la  falta  que  po- 
dría hazer,  dexando  el  oficio  que  exercía  ac- 
tualmente, se  le  negó.  Si  bien  no  quiso  Dios 
que  tan  honrados  deseos  quedasen  del  todo 
frustrados,  disponiendo  las  cosas  de  suerte, 
que  ya  que  él  no  iua  fuese  en  su  lugar  el  Padre 
Cristoual  de  Acuña,  Religioso  de  la  Compañía 
de  Iesus,  su  hermano;  teniendo  á  gran  dicha 
poder  por  este  modo  ofrecer  al  servicio  de  su 
Majestad  cosa  que  tanto  estimaba,  y  le  tocaba 
tan  de  cerca,  lo  cual  sucedió  desta  manera: 


NVMERO  XVI 

Nombra  la  Real  Audiencia  al  Padre  Christoual 
de  Acuña  para  esta  jornada. 


^T^V^IENDO  el  Licenciado  Suarez  de  Poa. 
\f¡  go,  Fiscal  de  la  Real  Cnancillería  de 
Quito,  ya  de  partida  la  Portuguesa  Armada, 
y  considerando  como  fiel  ministro  de  su  Ma- 
jestad los  muchos  vtiles  y  ningunos  inconue- 
nientes  que  se  podian  seguir  de  que  dos  Reli- 
giosos de  la  Compañía  de  Iesus,  le  acompa- 
ñasen notando  con  cuydado  todo  lo  digno  de 
aduertencia  en  este  gran  rio,  con  cuya  noticia 
pasasen  á'  España,  para  dar  cierta  relación  de 
todo  en  el  Real  Consejo  de  las  Indias,  y  sien- 
do necesario  al  Rey  nuestro  señor  en  su  Real 
persona.  Como  lo  pensó  el  Fiscal,  así  lo  pro- 
puso en  el  Real  acuerdo,  y  pareciendo  á  todos 
bien  la  propuesta,  se  dio  noticia  dello  al  Pro- 
üincial  de  la  Compañía  de  Iesus,  que  á  la  sa- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  3  I 

zon  era  el  Padre  Francisco  de  Fuentes,  el 
qual  estimando  la  honra  que  se  hazia  á  su  Re- 
ligión, en  fiar  de  ella  cosa  de  tanta  importan- 
cia, y  codicioso  de  que  por  esta  via  se  le  abrie- 
se puerta,  á  que  sus  hijos  entrasen  á  lleuar  la 
nveva  luz  del  Santo  Euangelio,  á  tanto  número 
de  almas,  que  en  este  gran  Rio,  yazen  en  la 
sombra  de  la  muerte,  nombró  en  primer  lugar, 
para  esta  empresa,  al  padre  Christoual  de  Acu- 
ña, Religioso  profeso,  y  actual  Rector  del  Co- 
legio de  la  Compañía  de  la  Ciudad  de  Cuenca, 
jurixdicion  de  Quito.  Y  en  segundo  lugar,  y 
por  su  compañero,  al  Padre  Andrés  de  Artie- 
da  Lector  de  Teología  en  el  dicho  Colegio  de 
la  mesma  Ciudad  de  Quito.  Aceptado  por  los 
señores  de  aquella  Real  Audiencia  el  nombra- 
miento de  los  dichos  dos  Religiosos  de  la 
Compañía  de  Iesus,  se  les  mandó  dar  una  Real 
Provisión  (cuya  cláusula  pusimos  al  principio) 
en  que  se  les  manda,  que  siendo  con  ella  re- 
queridos, luego  al  punto  partan  de  la  Ciudad 
de  San  Francisco  del  Quito,  en  compañía  del 
Capitán  Mayor  Pedro  Texeira,  y  llegando  á  la' 
del  Para,  pasen  á  España  á  dar  cuenta  de  todo 
lo  que  con  cu  y  dado  huuieren  notado  en  el  dis- 
curso del  viaje  al  Rey  nuestro  señor  en  su  Real 
persona. 


NVMERO  XVII 
Salen  los  Padres  de  Quito, 


ñ 


BEDECIENDO  luego  los  dichos  Pa- 
'dres  lo  que  se  les  mandaba,  y  á  los 
diez  y  seis  dias  de  Febrero  de  mil  y  seiscien- 
tos y  treinta  y  nueue,  dieron  principio  á  tan 
luengo  viage,  que  duró  por  espacio  de  diez 
meses,  hasta  entrar  en  la  Ciudad  del  Para  don- 
de tomaron  puerto  á  los  doce  de  Diciembre 
del  mesmo  año. 

Después  de  hauer  hollado  con  sus  plantas  los 
encumbrados  cerros,  que  con  el  licor  de  sus 
venas,  alimentan,  y  dan  el  primer  sustento  á 
este  gran  Rio;  y  caminando  sobre  sus  ondas 
hasta  donde  dilatado  en  ochenta  y  cuatro  le- 
guas de  boca,  paga  caudaloso  tributo  al  mar 
Occeano;  después  de  hauer  con  muy  particu- 
lar cuydado  notado  todo  lo  que  en  él  ay  digno 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  33 

de  aduertencia;  después  de  auer  marcado  sus 
alturas,  señalado  por  sus  nombres  los  Rios 
que  le  tributan,  reconocido  las  naciones  que  se 
sustentan  en  sus  orillas.  Visto  su  fertilidad, 
gozando  sus  mantenimientos,  experimentando 
sus  temples,  comunicado  con  sus  naturales,  y 
finalmente  después  de  no  haber  dexado  cosa 
de  las  en  él  contenidas  de  que  no  puedan  ser 
testigos  oculares. 

Como  á  tales,  pues,  como  á  personas  que 
tantas  obligaciones  nos  corren  de  ser  puntua- 
les en  lo  que  se  nos  ha  encomendado,  pido  yo 
á  los  que  esta  relación  leyeren,  me  den  el  cré- 
dito que  es  justo,  pues  yo  soy  el  vno  dellos, 
y  en  nombre  y  por  parecer  de  entrambos,  to- 
mé la  pluma  para  escriuirla. 

Digo  esto  por  las  que  podrá  ser  saquen 
otros  á  luz,  quizá  no  tan  ajustadas  á  la  verdad 
como  convenia.  Esta  lo  será,  y  tanto,  que  por 
ningún  caso  pondré  en  ella  cosa  de  que  no 
pueda  con  la  cara  descubierta  atestiguar  con 
más  de  cinquenta  Españoles,  Castellanos  y  Por- 
tugueses, que  hicieron  el  mesmo  viage,  afir- 
mando lo  cierto  por  eierto,  y  lo  dudoso  por 
tal,  para  que  en  cosa  tan  graue,  y  de  tanta  im- 
portancia, nadie  se  arroje  á  creer  más  de  lo 
que  en  esta  relación  se  afirma. 


NVMERO   XVIII 

El  Rio  de  las  Amazonas  es  el  mayor  del  Orbe 


S^S  el  famoso  Rio  de  las   Amazonas,  que 
¿acorre  y  vana  las  más  ricas,  fe'rtiles  y  po- 


bladas tierras  de  todo  el  Imperio  del  Perú;  el 
que  de  oy  en  adelante  podemos,  sin  vsar  de 
hipérboles,  calificar  por  el  mayor  y  más  céle- 
bre del  Orbe.  Porque  si  el  Ganges  riega  toda  la 
India,  y  por  caudaloso  oscurece  el  mar  quan- 
do  desagua  en  él,  haziéndole  que  pierda  el 
nombre,  y  se  llame  Sinu-Gangetico,  por  otro 
nombre  Golfo  de  Bengala.  Si  el  Eufrates,  por 
Rio  afamado  de  la  Siria,  y  parte  de  la  Persia, 
es  la  delicia  de  aquellos  Reynos.  Si  el  Nilo 
rie^a  lo  mejor  del  África,  fecundándola  con 
sus  corrientes,  el  Rio  de  las  Amazonas  riega 
más  extendidos  Reynos,  fecunda  más  Vegas, 
sustenta  más   hombres,    y    aumenta  con  sus 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  35 

uiiuáos  Gcceano»;  soío  le»  ísltí. 
para  vencerlos  en  felicidad,  tener  su  origen  en 
el  Pacífico,  como  de  aquel  os  lo  afirman  gra- 
ues  Autores. 

Del  Ganges  dizen  las  historias,  que  desa- 
guan en  él  treinta  caudalosos  rios  y  que  en  sus 
playas  se  ven  arenas  de  oro,  innumerables  rios 
desaguan  en  el  de  las  Amazonas,  arenas  de  oro 
tiene,  y  tierras  riega,  que  atesoran  en  sí  infini- 
tas riquezas. 

El  Eufrates  se  llama  así,  como  notó  San 
Ambrosio,  á  latificando,  porque  con  sus  co- 
rrientes alegra  los  campos,  de  suerte  que  los 
que  riega  este  año,  aseguran  abundante  cose- 
cha para  el  siguiente. 

Del  rio  de  las  Amazonas  se  puede  afirmar 
que  sus  orillas  son  en  la  fertilidad  Paraísos,  y 
si  el  arte  ayuda  á  la  fecundidad  del  suelo,  será 
todo  él  vnos  apacibles  jardines.  La  felicidad 
de  la  tierra,  que  riega  el  Nilo,  celebró  Lucano 
en  estos  versos: 

Terra  fu;  s  contenta  boais,  no?t  indiga  mercis 
ant  souis;  infalo,  tanta  eft  fiducia  Nilo. 

No  necesitan  las  Prouincias  vezinas  al  Rio 
de  las  Amazonas  de  los  extraños  bienes;  el 
Rio  es  abundante  de  pesca,  los  montes  de  ca- 


36  CHR1ST0UAL  DE  ACUÑA. 

ga,  los  aires  de  aues,  los  árboles  de  frutas,  los 
campos  de  mieses,  la  tierra  de  minas,  y  los 
naturales  que  le  hauitan  de  grandes  hauilida- 
des,  y  agudos  ingenios,  para  todo  lo  que  les 
importa,  como  iremos  viendo  en  el  discurso 
desta  historia. 


NVMERO  XIX 

Nacimiento  del  Rio  de  las  Amazonas 


I  ..ANDO,   pues,  principio   á  ella  por  el 
nacimiento  y  origen  deste  gran  Rio  de 
las  Amazonas,  hasta  aora  oculto  siempre,  que- 
riendo cada  tierra  hazerse  madre  de    tal   hijo 
atribuyendo  á  sus  entrañas   los   primeros   sus- 
tentos que  le  dan  ser,  nombrándole  con  nom- 
bre de  Rio  Marañon,   error   tan    asentado   en 
aquellas  partes,  que  la  ciudad   de  los  Reye& 
Emporio  de  todas  las  de  América,  se  gloria  de 
que  las  Cordilleras  de  Guanuco   de  los   Caua- 
lleros,  á  distancia  de  setenta  leguas   de  su  si- 
tio, dan  cuna  y  cortan  los  primeros  pañales  de 
vna  laguna,  que  allí  está,  á  este  afamado  Rio 
Y  á  la  verdad,  no  va  muy   fuera  de    camino 
pues  ya  que  no  sea  este  su  origen  del  Rio  de 
las  Amazonas,  eslo  por  lo  menos  de  vno  de 


38  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

los  más  famosos,  que  él  conuierte  en  su  pro- 
pia sustancia,  y  alimentado  de  sus  aguas,  co< 
re  más  brioso,  su  carrera. 

Quiere  tai.ibien  el  nuevo  Reyno  de  Granada 
aumentar  su  crédito,  prohijando  á  las  vertien- 
tes del  Macóa,  el  primer  nacimiento  de  este 
Rio,  que  en  su  origen  llaman  los  naturales  el 
gran  Caquéta,  si  bien  con  ningún  fundamento, 
pues  en  más  de  setecientas  leguas,  no  se  ven 
las  caras  estos  dos  Rios;  y  quando  se  encuen- 
tran, como  reconociendo  á  su  mayor,  torcien- 
do el  Caquéta  su  curso,  viene  á  pagar  vasallage 
al  de  las  Amazonas. 

Por  otras  muchas  partes  quiere  el  Perú 
alearse  con  el  principio  y  nacimiento  deste 
gran  Rio,  celebrándole  y  festejándole,  como 
á  Rey  de  los  demás.  Pero  de  oy  en  adelante 
no  lo  permitirá  la  ciudad  de  San  Francisco 
de  el  Quito,. pues  á  ocho  leguas  de  su  asiento 
tiene  encerrado  este  tesoro,  á  las  faldas  de  la 
Cordillera,  que  diuide  la  jurixdicion  del  Go- 
uierno  de  los  Quixos,  al  pie  de  dos  cerros,  lla- 
mado el  vno  Guamaná,  y  el  otro  Pulca,  dis- 
tantes entre  sí  aún  no  dos  leguas,  de  los  qua- 
les  da  este  por  madre  al  recien  nacido  vna 
grande  laguna;  y  aquel  otra,  aunque  no  de  tan- 
to box,  si  bien  de  mucho  fondo,  que  agujerean- 
do vn  cerro,  que  inuidioso  del  tesoro,  que  de 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


39 


sí  ofrecía,  con  la  merca  de  un  terremoto  se  le 
echó  encima,  pretendiendo  ahogar  en  sus 
principios  tan  grandes  esperanzas,  como  de 
aquel  pequeño  lago  se  prometían  al  mundo. 
Destas  dos  lagunas,  que  caen  veinte  minutos 
debaxo  de  la  linea  Equinocial  á  la  vanda  del 
Sur,  tiene  su  principio  el  gran  Rio  de  las  Ama- 
zonas. 


NVMERO  XX 

Su  curso,  latitud  y  longitud 


lir^AZE  su  curso  este  Rio,  de   Oeste,   á 
i¿]Leste;  como  dize  el  nauegante,  esto  es 


de  Poniente  á  Oriente,  vezino  siempre  á  la 
Equinocial  la  vanda  de  el  Sur,  por  dos  grados, 
tres,  quatro,  cinco,  y  dos  tercios  en  la  mayor 
altura.  Tiene  de  largo  desde  su  nacimiento 
hasta  que  desagua  en  el  mar,  mil  y  trecientas  y 
cinquenta  y  seis  leguas  Castellanas,  bien  medi- 
das, y  según  Orellana,  mil  y  ochocientas.  Ca- 
mina siempre  culebreando  en  bueltas  muy  di- 
latadas, y  como  señor  absoluto  de  todos  los 
otros  rios  que  en  él  entran,  tiene  repartidos 
sus  bracos  que  son  como  fieles  executores  su- 
yos, por  medio  de  los  quales  sale  al  encuentro, 
y  cobrando  d ellos  el  debido  tributo  de  sus 
aguas,  los  buelue  á  en  incorporar  en  la  Canal 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  41 

principal.  Y  es  cosa  digna  de  notar,  que  qual 
es  el  guesped  que  recibe,  tales  son  los  Aposen- 
tadores, que  le  despacha;  de  suerte,  que  con 
ordinarios  bracos,  recibe  los  más  comunes 
Rios,  acrecentando  otros  mayores,  para  los  de 
más  quenta;  y  á  algunos  que  son  tales,  que 
casi  se  le  pueden  poner  hombro  con  hombro, 
él  mesmo  en  persona  con  toda  su  corriente 
les  sale  á  ofrecer  el  hospedaje.  De  latitud  y 
anchura  es  muy  vario,  porque  por  vnas  partes 
se  esplaya  vna  legua,  por  otras  dos,  y  per 
otras  mucho  más,  guardando  tanta  estrechura 
en  tantas  leguas,  para  con  más  licencia,  dilata* 
do  en  ochenta  y  quatro  de  boca,  ponerse  bar- 
ba á  barba  con  el  mar  Ccceano. 


NVMERO  XXI 

Estrechura  y  fondo  del  Rio 


íL  mayor  estrecho  donde  este  Rio  reco- 
'ígt  sus  aguas,  es  de  poco  más  de  vn 
quarto  de  legua,  en  altura  de  dos  grados  y  dos 
tercios.  Lugar  sin  duda  que  preuino  la  diuina 
Prouidencia,  estrechando  este  dilatado  mar 
dulce,  para  que  en  su  angostura  se  pudiese  fa- 
bricar vna  fortaleza  que  impida  el  paso  á  cual- 
quiera Armada  Enemiga,  por  muchas  fuercas 
que  trayga,  si  acaso  entrare  por  la  principal 
boca  deste  gran  Rio;  que  entrando  por  el  Rio 
Negro,  en  el  mesmo  se  aura"  de  poner  la  defen- 
sa. Está  esta  angostura  trecientas  y  sesenta  le- 
guas de  la  Balsa  de  donde  en  ocho  dias  con 
embarcaciones  ligeras,  á  vela  y  remo,  se  puede 
dar  auiso  mucho  antes  que  el  Enemigo  les  dé 
vista. 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  43 

La  profundidad  de  este  Rio  es  grande,  y 
en  partes  tal,  que  no  se  halla  fondo;  desde  la 
boca  hasta  el  rio  Negro,  que  es  espacio  de  casi 
seiscientas  leguas,  nunca  le  faltan  treinta  ó 
quarenta  brazas  de  altura  en  la  Canal  principal; 
de  ai  arriba  va  variando  más,  ya  con  veinte,  ya 
con  doze,  y  ya  con  ocho  brazas  muy  á  sus 
principios,  fondos  suficientes  para  cualesquie- 
ra embarcación,  que  aunque  la  corriente  impi- 
da, no  faltan  de  ordinario  todos  los  dias  tres, 
quatro  horas  de  brisas  fuertes,  y  á  vezes  por 
todo  el  dia  con  que  vencerla. 


NVMERO  XXII 

Islas,  y  su  fertilidad,  y  /rulas 


PDO  este  Rio  está  poblado  de  Islas, 
(fiLLj)  vnas  grandes,  pequeñas  otras,  tantas 
en  número  que  no  se  pueden  contar,  porque  se 
encuentran  á  cada  paso;  las  ordinarias  son  de 
quatro,  ó  cinco  leguas,  otras  ay  de  diez,  y  de 
veinte;  y  la  que  habitan  los  Tupinambos  (de 
quienes  hablaremos  después),  tiene  más  de  seis 
leguas  de  circunferencia;  ay  también  otras  mu- 
chas muy  pequeñas  que  les  siruen  á  los  natu- 
rales de  hazer  en  ellas  sus  sementeras,  teniendo 
en  las  mayores  su  habitación.  Estas  Islas  de 
menor  porte,  y  á  vezes  las  mayores,  ó  mucha 
parte  dellas,  vana  todos  los  años  el  Rio,  ferti- 
lizándolas de  suerte  con  sus  lamas,  que  no  pue- 
den jamás  alegar  título  de  estériles,  aunque 
por  muchos  años  continuados,  se  les  pida  el 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  45 

ordinario  fruto,  que  es  el  maiz;  y  la  yuca,  ó 
mandioca,  común  sustento  de  todos,  y  de  que 
tienen  mucha  abundancia;  y  aunque  al  parecer 
estaua  expuesta  á  grande  disminución  y  pérdi- 
da, con  tan  poderosas  auenidas,  la  naturaleza, 
madre  común  de  todos,  dio  á  estos  Bárbaros 
medio  fácil  para  su  conseruacion.  Cogen  la 
yuca,  que  son  vnas  rayces,  de  que  se  baze  el 
cazabe,  pan  ordinario  en  todas  aquellas  Cos- 
tas del  Brasil,  y  cabando  en  la  tierra  vnas  cue- 
uas,  ó  filos  hondos,  las  sepultan  en  ellos,  de  • 
xándolos  muy  bien  tapados  todo  el  tiempo  que 
duren  las  crecientes,  las  quales  pasadas,  las  sa- 
can y  benefician  para  su  sustento,  sin  que  por 
eso  pierdan  vn  punto  de  su  valor.  Y  si  la  natu- 
raleza enseñó  á  la  hormiga  á  guardar  como  en 
trojes  en  las  entrañas  de  la  tierra  el  grano,  que 
ha  de  ser  alimento  suyo  todo  el  año,  qué  mu- 
cho diese  traca  al  Indio,  por  más  bárbaro  que 
sea,  para  prevenir  su  daño,  y  guardar  su  sus- 
tento; pues  es  cierto  que  la  Diuina  Prouidencia 
más  cuida  de  los  hombres  que  de  los  animales 
brutos. 


<^3*. 


NVMERO  XXIII 

Géneros  de  bebidas  que  usan 


^STE  es,  como  ya  dixe,  el  cotidiano 
'pan,  que  siempre  acompaña  las  demás 
viandas.  Y  no  solo  sirue  de  comida,  sino  jun- 
tamente de  bebida,  á  que  son  en  general  muy 
inclinados  todos  los  naturales,  para  lo  qual 
hazen  vnas  grandes  tortas  delgadas,  que  coci- 
das en  horno,  se  auizcochan,  de  suerte  que 
duran  por  muchos  meses:  estas  guardan  en  lo 
más  alto  de  sus  casas  para  tenerlas  libres  de  las 
humedades  de  la  tierra,  y  quando  las  quieren 
aprouechar,  echándolas  en  agua  las  deshazen;  y 
cocidas  al  fuego,  las  dan  el  punto  que  han  me- 
nester: reposan  este  caldo,  y  frió,  es  de  ordina- 
rio vino  de  que  ellos  vsan,  que  á  veces  es  tan 
fuerte,  que  como  si  fuera  vino  de  hubas,  les 
embriaga,   y  haze  perder  el  juizio.  Con  este 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  47 

vino  celebran  sus  fiestas,  lloran  sus  muertes* 
reciben  sus  guéspedes,  hazen  sus  semente- 
ras, y  las  cogen.  Y  finalmente,  no  hay  ocasión 
en  que  se  junten,  que  no  sea  este  el  azogue, 
que  los  recoge,  y  la  liga  que  los  detiene.  Hazen 
también,  aunque  no  es  tan  ordinario,  otros 
géneros  de  vinos,  que  como  tan  inclinados 
á  la  embriaguez,  son  como  los  taures,  que  nun- 
ca les  falta  de  qué  echar  mano;  ellos  la  echan 
de  qualesquiera  fruta  silvestre,  de  que  abundan 
los  árboles,  que  deshechas  en  agua,  la  dan  con 
su  zumo  tal  sabor  y  fuerza,  que  muchas  vezes 
excede  á  la  cerbeza,  bebida  tan  vsada  en  todas 
las  Naciones  Extranjeras.  Guardan  estos  vinos, 
vnos  en  tinajas  muy  grandes  de  barro,  como 
las  de  nuestra  España;  otros  en  pipas  peque- 
ñas, que  labran  de  vna  pieca,  de  socabados 
troncos,  y  otros  en  vasijas  grandes  que  texen  de 
yemas  dándolas  por  dentro  y  fuera  tal  betún, 
que  no  se  les  pierde  gota  de  íicor  que  en  ellas 
recogen. 


NVMERO  XXIIII 


Fr litas   que   tienen 


^|  f^  AS  viandas  que  acompañan  este  pan,  y 
[r  *^¡y  vino,  son  muchas,  no  solo  de  frutas, 
como  Plántanos,  Pinas,  Guayabas,  Auios,  Cas- 
tañas muy  sabrosas,  que  llaman  en  el  Perú 
Castañas  de  la  Siena,  y  á  la  verdad  más  pare- 
cen esto,  que  no  aquello,  si  bien  las  llaman  así 
por  nacer  en  vnos  cocos  que  se  asemejan  al 
herizo  de  la  Castaña,  Tienen  Palmas  de  diuer- 
sos  géneros,  que  producen  vnas  sazonados  co- 
cos, y  otras  sabrosos  dátiles,  que  aunque  sil- 
uestres,  son  de  muy  buen  gusto,  y  otras  mu- 
chas diferencias  de  frutas,  propias  todas  de 
tierras  calientes.  Tienen  también  rayces  de 
mucho  sustento,  como  son  batatas,  yuca  man- 
sa,   que   llaman  los  Portugueses,    Macachera, 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


49 


Caras,  criadillas  de  tierra,  y  otras  que  asadas, 
ó  cocidas,  no  solo  son  tan  gustosas,  sino  sus- 
tanciales. 


NVMERO  XXV 

Pescados  de  este  Rio  y  del  Pegebuey 


^ON  todo,  de  lo  que  más  se  alimentan,  y 
^lo  que  como  dizen,  les  haze  plato,  es  el 
inmenso  pescado,  que  con  increible  abundan- 
cia cada  día  cogen  á  manos  llenas  deste  Rio. 
Pero  entre  todos,  el  que  como  Rey  se  señorea 
y  está  poblado  en  todo  el  Rio,  desde  sus  pri- 
meros principios  hasta  que  desagua  en  los  ma- 
res, es  el  Pegebuey,  pescado  que  el  gusto  solo 
le  queda  el  nombre  de  tal,  pues  no  ay  persona 
que  quando  le  come  no  le  tenga  por  sazonada 
carne;  es  tan  grande  como  vn  bezerro  de  año 
y  medio,  y  en  la  cabeca,  á  tener  astas,  y  ore- 
jas, no  se  diferenciara  del;  tiene  por  todo  el 
cuerpo  algunos  pelos,  no  muy  largos,  á  modo 
de  cerdas  blandas,  y  muévese  en  el  agua  con 
dos  bracos  cortos,  que  en  forma  de  palas  le 
siruen  de  remos,  debaxo  de  los  quales  mués- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  5  I 

tra  la  hembra  sus  pechos,   cou  que  mantiene 
con  leche  los  hijos  que  pare. 

Del  cuero,  que  es  muy  grueso,  hazen  adar- 
gas los  guerreros,  tan  fuertes,  que  bien  curado, 
no  le  pasa  vna  bala  de  arcabuz. 

Susténtase  este  pescado  solo  de  yerua  que 
pace,  como  si  fuera  buey  verdadero,  de  donde 
cobra  su  carne  tan  buen  gusto,  y  es  de  tanta 
sustancia,  que  con  pequeña  cantidad  queda  vna 
persona  más  satisfecha,  y  con  más  fuercas  que 
si  comiera  doblado  de  carnero. 

Debaxo  del  agua  detiene  poco  el  resuello, 
y  así  donde  quiera  que  anda,  saca  á  menudo  el 
ocico  para  cobrar  nuevo  aliento,  de  donde  le 
viene  su  total  destruición,  pues  él  mismo  se 
va  mostrando  á  su  enemigo;  veenle  los  Indios, 
y  siguiéndole,  en  canoas  pequeñas,  le  aguardan 
á  que  queriendo  respirar  saque  la  cabeca,  y 
clauándole  con  sus  arpones,  que  hazen  de  con- 
chas, le  quitan  la  vida:  diuídenle  en  partes  me- 
dianas, que  asadas  sobre  parrillas  de  palo,  du- 
ran sin  interrupción  más  de  un  mes. 

No  hazen  del  cezinas  para  todo  el  año  (que 
son  de  mucho  precio),  por  no  tener  sal  en  abun- 
dancia, que  la  que  vsan  para  templar  sus  co* 
midas,  es  muy  poca,  y  hecha  de  cenizas  de 
cierto  género  de  palmas,  que  más  es  salitre 
que  sal. 


NVMERO  XXVI 

Tortugas  del  Rio  y  cómo  las  guardan 


'AS  ya  que  no  les  es  dado  conseruar 
¡por  mucho  tiempo  estas  cezinas,  no 
les  falta  industria  para  tener  carne  fresca  todo 
el  invierno,  que  aunque  no  es  tan  gustosa 
como  aquella,  es  más  sana,  y  no  de  menos 
prouecho. 

Hazen  para  esto  unos  corrales  grandes,  cer- 
cados de  palos,  cabados  por  dentro,  de  suerte 
que  como  lagunas  de  poco  fondo,  conseruen 
siempre  en  sí  el  agua  llovediza. 

Hecho  esto,  al  tiempo  que  las  tortugas  salen 
á  desgüeuar  á  las  playas,  ellos  también  dexan 
sus  casas,  y  emboscándose  en  los  puestos  co- 
nocidos, que  ellas  más  frequentan,  esperan  á 
que  saliendo  á  tierra  comienze  cada  vna  á  ocu- 
parse en  componer  la  cueua  donde  pretende 
dexar  los  guebos;  salen  en  esta  sazón  los  In- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  53 

dios,  gañanías  la  parte  de  la  playa,  por  donde 
han  de  hacer  su  retirada  al  agua,  y  dando  de 
improuiso  sobre  ellas  en  breue  tiempo  se  ven 
señores  de  mucha  cantidad,  con  no  más  traba- 
jo que  irlas  boluiendo  lo  de  abaxo  arriba,  con 
que  sin  poderse  menear,  las  tienen  todo  el 
tiempo  que  quieren,  hasta  que  ensartadas  todas 
por  vnos  agujeros  que  las  hazen  en  el  casco, 
en  varios  cordeles,  y  echadas  al  agua,  bogando 
ellos  en  sus  canoas,  las  lleuan  á  remolco  sin 
ningún  trabajo  hasta  meterlas  en  los  corrales 
que  tienen  dispuestos,  donde  sueltas  todas,  las 
dan  por  prisión  aquella  estrecha  cárcel,  y  sus- 
tentándolas con  ramas,  y  hojas  de  árboles,  las 
tienen  viuas  todo  el  tiempo  que  las  han  me- 
nester. 

Son  estas  tortugas  tan  grandes  y  mayores 
que  rodelas  de  buen  tamaño;  es  su  carne  co- 
mo de  baca  tierna;  tienen  las  hembras  dentro 
del  buche  quando  las  matan,  de  ordinario,  más 
de  doscientos  guebos  cada  vna,  algo  mayores, 
y  casi  tan  buenos  como  los  de  gallina,  aunque 
más  duros  de  digestión.  Están  á  sus  tiempos 
tan  gordas,  que  de  dos  solas  se  saca  vna  boti- 
ja de  manteca,  que  templada  con  sal,  es  tan 
buena,  y  más  gustosa  y  dura  mucho  más  que  la 
cocida  de  bacas;  sirue  para  freir  pescado,  y 
para  cualesquiera  géneros  de  guisados  que  por 


54 


CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 


acá  pueden  aprouechar  la  mejor  y  más   delica- 
da manteca  de  todas. 

Cogen  estas  tortugas  en  tanta  abundancia, 
que  no  ay  corral  destos  que  no  tenga  de  cien 
tortugas  para  arriba,  con  que  jamás  saben  es- 
tos  bárbaros  qué  cosa  sean  hambres,  pues  vna 
sola  basta  á  satisfacer  vna  familia  por  mucha 
gente  que  tenga. 


NVMERO  XXVII 
Modos  de  pescar  que  usan 


iON  más  facilidad  gozan  los  moradores 
^este  Rio  de  todos  los  géneros  de  pes- 
cados que  en  sí  encierra,  pues  nunca  rezelando 
que  les  ha  de  faltar  para  el  siguiente  dia,  se 
previenen  en  el  antecedente,  sino  que  con  lo 
que  oy  cogen,  sustentados  disponen  para  co- 
mer mañana  otra  cosecha. 

El  modo  de  pescar  es  diuerso,  conforme  á 
la  variedad  del  tiempo,  y  las  crecientes  ó  men- 
guantes de  las  aguas;  y  así  quando  éstas  baxan 
tanto  que  ya  los  lagos  se  secan,  sin  permitirles 
comunicación  con  el  Rio,  vsan  de  vn  género 
de  torbisco,  que  en  aquellas  costas  llaman 
Timbó,  del  grosor  de  vn  bra$o,  poco  más  ó 
menos,  y  tan  fuerte,  que  machacados  dos  ó 
tres  palos  destos,  y  batiendo  con  ellos  el  agua, 


56  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

que  en  tanto  sustenta  en  aquellos  lagos  el  pes- 
cado, apenas  llega  este  á  gustar  de  su  vigor, 
quando  sobre  aguado  todo  se  dexa  coger  con 
las  manos. 

Pero  el  ordinario  modo  con  que  en  todos 
tiempos,  y  ocasiones,  son  dueños  de  quantos 
pescados  sustenta  este  abastecido  Rio,  es  con 
las  flechas  que  con  vna  mano  disparan  de  vna 
paleta  que  en  ella  tienen,  y  clauadas  en  el 
pege  les  haze  el  oficio  de  boya,  para  conocer 
á  dónde  después  de  herida  se  retirá  la  presa, 
á  que  con  presteza  se  arrojan,  y  asiéndola 
la  recogen  en  las  canoas;  y  este  modo  de 
pescado  no  se  estrecha  á  vno,  ó  á  otro  gé- 
nero particular  de  pescado,  sino  tan  en  ge- 
neral, se  extiende  á  todos,  que  ni  los  vnos  por 
grandes  ni  los  otros  por  pequeños,  son  priui- 
legiados,  mas  antes,  todos  pasan  por  vn  ra- 
sero. 

Con  ser  estos  pescados  de  tan  diuersos  gé- 
neros (como  ya  dixe)  son  de  muy  buenos  gus- 
tos, y  muchos  dellos  de  particularísimas  pro- 
piedades, como  lo  es  la  de  vn  pege,  que  los 
Indios  le  llaman  Peraque,  que  es  al  modo  de 
vna  muy  grande  anguilla,  ó  por  mejor  dezir 
como  un  pequeño  congrio,  el  qual  tiene  tal 
propiedad,  que  mientras  esté  viuo,  quantos  le 
tocan  tiemblan  luego  todo  el  cuerpo  mientras 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


57 


el  contacto  dura,  como  si  tuvieran  un  recio 
frió  de  quartanas,  cesando  todo  en  el  instante 
que  del  se  apartan. 


NVMERO  XXVIII 

Cafas  del  monte,  y  aues  de  que  se  sustentan 


^  g)J)UDIERA  ser  que  hastiados  estos  natu- 
¿LS)  rales,  siempre  con  solo  pescado,  aun- 
que tan  bueno,  apetecieran,  siquiera,  de  quan- 
do  en  quando,  alguna  carne,  y  así  les  previno 
la  naturaleza  sus  antojos,  poblándoles  la  Tie- 
rra-Firme, con  muchos  géneros  de  cacas,  como 
son:  Dantas,  que  son  del  tamaño  de  vna  muía 
de  vn  año,  y  muy  parecidas  á  ella  en  el  color, 
y  disposición,  y  el  gusto  de  la  carne  no  se  di- 
ferencia del  de  la  baca,  aunque  toca  algo  en 
dulce. 

Ay  también  puercos  montarazes,  no  jsua- 
líes,  vno  y  otro  género  muy  diuerso,  que  tiene 
el  ombligo  en  el  lomo,  de  que"  están  pobladas 
casi  todas  las  Indias;  es  muy  buena  carne  y 
muy  sana,  como  también  lo  es  la  de  otra  espe- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  59 

cié  de  estos  mesmos  animales,  que  se  hallan 
en  muchas  partes,  muy  semejantes  á  los  case- 
ros nuestros.  Ay  Venados,  Pacas,  Cotias,  Igua- 
nas, Yagotis,  y  otros  animales,  propios  de  las 
Indias,  de  buenas  carnes  y  de  buen  gusto,  que 
poco  se  echan  de  menos  las  más  regaladas  de 
Europa.  Ay  perdizes  en  los  campos  y  crian  en 
sus  casas  algunas  gallinas  de  las  nuestras,  cuya 
semilla  baxó  del  Perú,  y  de  vnos  á  otros  se  ha 
ido  extendiendo  por  todo  el  Rio;  el  qual  en 
muchos  lagos  que  haze,  les  sustenta  infinidad 
de  patos  y  otras  aues  de  agua,  para  quando 
ellos  quieran  aprouecharse  dellas.  Y  lo  que 
más  admira  es  el  poco  trabajo  que  cuestan  to- 
das estas  cosas,  como  se  puede  colegir  de  lo 
que  cada  dia  experimentáuamos  en  nuestro 
Real,  de  donde,  después  de  llegar  á  la  dormi- 
da, y  después  de  ocupados  los  Indios  amigos 
que  nos  acompañaban,  en  hazer  varracas  sufi- 
cientes para  todo  el  alojamiento,  en  que  se 
consumía  mucho  tiempo,  se  repartían  vnos  por 
tierra,  con  perros,  en  busca  de  caca,  y  otros 
por  agua,  con  solo  sus  arcos  y  flechas;  y  en 
pocas  horas  veíamos  venir  á  éstos  cargados  de 
pescado,  y  á  aquellos  con  caca  suficiente  para 
que  todos  quedásemos  satisfechos.  Lo  qual  no 
era  vn  dia  ó  otro,  sino  todos  cuantos  duró  el 
viage,  que  fué   tan   cumplido   como  ya  dixe. 


6o 


CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 


Marauilla  digna  de  admiración  y  que  solo  se 
puede  atribuir  á  la  Paternal  Prouidencia  de 
aquel  Señor,  que  con  solos  cinco  panes  y  po- 
cos pezes  sustentó  cinco  mil  hombres,  quedan- 
dolé  el  braco  sano,  y  las  manos  llenas,  para 
mayores  liberalidades. 


NVMERO  XXIX 

Clima  y  temple  del  Rio 


vL  clima  deste  Rio,  y  todas  las  Prouin- 
^7/cias  á  él  circunvezinas,  es  templado:  de 
suerte  que  ni  ay  calor  que  enfade,  ni  frió  que 
fatigue,  ni  variedad  que  sea  molesta;  porque 
aunque  se  reconoce  algún  género  de  invierno, 
no  es  tanto,  causado  de  la  variedad  de  los 
Planetas,  y  curso  del  Sol,  que  siempre  nace  y 
se  pone  á  vna  misma  hora,  como  de  las  inun- 
daciones de  las  aguas,  que  con  sus  humedades 
impiden  por  algunos  meses  las  sementeras,  y 
frutos  de  lá  tierra,  por  los  quales  nos  regimos 
de  ordinario  en  aquellas  partes  del  Perú,  de 
tan  diferentes  temples,  para  conocer  y  distin- 
guir el  verano  del  invierno;  de  suerte  que  todo 
el  tiempo  que  la  tierra  nos  produce  frutos,  lla- 
mamos verano;  y  por  el   contrario,  invierno, 


02  CRISTOUAL    DE   ACUÑA 

al  en  que  por  alguna  causa  se  impiden  sus  co- 
sechas. Estas  son  dos  al  año  en  este  Rio,  no 
solo  en  los  maizes,  vno  de  sus  principales  sus- 
tentos, sino  también  en  otras  semillas  propias 
de  la  tierra.  Verdad  es  que  las  más  cercanas  á 
las  Cordilleras  de  Quito,  gozan  de  más  calor 
que  lo  restante  del  Rio,  por  las  muchas  brisas 
que  de  ordinario  refrescan  lo  más  propinquo  á 
las  costas  de  la  mar,  si  bien  este  calor  quando 
mayor,  es  tanto  como  lo  ordinario  de  Guaya- 
quil, Panamá  ó  Cartagena,  templándose  en 
gran  parte  con  los  continuos  aguaceros  de  casi 
cada  dia,  haziéndoles  á  todas  estas  tierras  gran 
ventaja  en  conseruar  por  mucho  tiempo  sus 
mantenimientos  incorruptos,  como  lo  experi- 
mentamos en  las  Hostias,  con  que  cada  dia  de- 
zíamos  Misa,  que  después  de  cinco  meses  y 
medio  que  salieron  de  Quito,  estauan  tan  fres- 
cas como  si  fueran  de  pocos  dias  hechas  y  por 
acabarse  á  este  tiempo,  no  experimentamos 
todo  lo  que  en  adelante  pudieran  durar,  cosa 
que  espanta  á  los  que  tenemos  corridos  dife- 
rentes temples  de  las  ludias,  y  sabemos  por 
experiencia  la  facilidad  con  que  en  tierras  cá- 
lidas se  corrompen,  aun  cosas  de  más  sustan- 
cia. No  son  los  Soles  deste  Rio,  con  avezin- 
darse  tanto  á  la  Equinocial,  noziuos,  ni  se  co- 
nocen serenos  que  hagan  daño,  de  que  puedo 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  6$ 

ser  buen  testigo,  pues  raras  veces  en  todo  el 
tiempo  que  por  él  navegué,  dexé  de  pasar  las 
noches  de  claro  en  claro,  á  su  inclemencia,  sin 
que  jamás  me  causase  un  dolor  de  cabera,  que 
en  otras  partes,  solo  vn  pequeño  rayo  de  la 
Luna  los  suele  causar  muy  desmedidos,  si  bien 
es  verdad  que  en  sus  primeras  entradas,  casi 
todos  los  que  veníamos  de  tierras  frías,  tuvi- 
mos quatro  calenturas,  que  con  otras  tantas 
sangrías  nos  dexaron  libres.  Ni  tampoco  ay  en 
este  Rio,  ayres  corruptos,  que  con  repentinas 
calidades  dexan  lisiados  á  aquellos  á  quienes 
más  hieren,  como  á  costa  de  su  salud,  y  á  ve- 
ces de  la  vida,  los  sienten  muchos,  casi  en 
todo  lo  descubierto  del  Perú.  Y  a  no  tener  la 
plaga  de  mosquitos,  de  que  abunda  en  muchos 
parajes,  se  pudiera  llamar  á  boca  llena  vn  dila- 
tado Paraíso. 


NVMERO   XXXI 

Maderas,  y  aderezos  para  nauios 


^^  OS  árboles  en  este  Rio,  son  sin  núme- 
[r  *^I/to,  tan  altos,  que  se  suben  á  las  nubes; 
tan  gruesos,  que  pone  espanto;  cedro  medí 
con  iais  manos  de  treinta  palmos  de  circuito; 
son  todos  por  la  mayor  parte  de  tan  buenas 
maderas,  que  no  se  pueden  desear  mejores, 
porque  son  cedros,  ceibos,  palo  hierro,  palo 
colorado,  y  otros  muchos,  reconocidos  ya  en 
aquellas  partes  y  experimentados  por  los  me- 
jores del  mundo  para  fabricar  embarcaciones, 
las  quales  en  este  Rio,  mejor  y  con  menos  cos- 
to que  en  parte  ninguna,  se  podrán,  acabadas 
y  perfectas,  echar  al  agua,  sin  que  se  necesite 
de  nuestra  Europa  sino  solo  hierro  para  la  cla- 
uacon.  Porque  aquí,  como  digo,  están  las  ma- 
deras á  pedir  de  boca;  aqui  la  xarcia  tan  fuer- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  67 

te  como  la  de  cáñamo,  de  ciertas  cortezas  de 
árboles,  de  que  se  hazen  amarras,  que  solas 
ellas  sajetan  las  naos  en  tormentas  desechas, 
aquí  la  pez  y  brea  tan  perfecta  romo  la  Arávi- 
ga;  aquí  el  azeyte,  así  de  árboles  como  de  pes- 
cados, para  darla  punto  y  templar  su  dureza. 
Aquí  se  saca  estopa  excelente,  que  llaman  em- 
bira,  que  para  calefetear  las  naos,  y  juntamente 
para  cuerda  de  arcabuz  no  se  conoce  otra  me- 
jor. Aquí  e!  algodón  para  el  velambre,  es  la  se- 
milla que  mejor  produzen  los  campos,  y  aquí, 
finalmente,  está  la  multitud  de  gente  que  des- 
pués diremos,  con  que  no  falta  nada  para  fa- 
bricar quantos  galeones  se  quisieren  poner  en 
astillero. 


NVMERO   XXX 

Disposición  de  la  tierra  y  drogas  medicinales 

sTp^YjESTA  apacibilidad  de  temples,  naze  sin 
[r  M^duda  la  frescura  de  todas  sus  orillas, 
que  coronadas  de  varios,  y  hermosos  árboles, 
parece  que  á  porfía  están  de  continuo  dibu- 
jando nuevos  países,  en  que  la  naturaleza  se 
esmere,  y  el  arte  aprenda. 

Y  aunque  en  lo  común  es  tierra  baxa,  tie- 
ne también  altos  bien  proporcionados,  campi- 
ñas desembarazadas  de  arboledas  y  cubiertas 
de  flores;  valles  que  siempre  conseruan  la  hu- 
medad, y  en  lo  más  retirado,  cerros  tales,  que 
pueden  con  razón  pasar  con  nombre  de  Cor- 
lleras. 

En  estos  incultos  bosques,  tienen  los  natu  - 
rales  librada  para  sus  dolencias,  la  mejor  boti- 
ca de  simples,  que  ay  en  lo  descubierto;  por 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  65 

que  aquí  se  coge  la  más  gruesa  cañasístola  que 
en  parte  alguna,  la  carcaparrilla  más  perfecta, 
las  gomas  y  resinas  saludables,   mas    en  abun- 
dancia: la  miel  de  auejas  siluestres,  más  á  cada 
paso;  y  tanto,  que  apenas  se  llega  á  paraje  don- 
de no  la  aya,  gastándola,  no   solo    en  medizi- 
nas,  para  que  es  muy  saludable,  sino  también 
sustentándose  con  ella,  por  ser  de  lindo  gusto, 
y  aprouechando  la  cera,  que  aunque  es  negra 
es  buena  y   arde  tan  bien   como   cualquiera 
otra.  Aquí  el  azeyte  de  Andiroua,    que    es   vn 
árbol,  que  no  tiene  precio  para  curar  heridas. 
Aquí   al  de   Copaiba,  que   también  lo   es,  no 
iguala  el  mejor  bálsamo,  Aquí  se  hallan  mil 
géneros  de  yerbas  y  árboles   de  particularísi- 
mos efectos;  y  ay  aún  por  descubrir  otras   mu- 
chas, que  pudiera  salir  segundo  Dioscorides  y 
tercero  Plinio,  y  todos  tuvieran  bien  que  hazer 
en  aueriguar  sus  propiedades. 


NVMERO  XXXII 

Quatro  géneros  de  cosas  prouechosas  que  ay  en 
este  Rio. 


Y  en  este   gran  Rio  de  las  Amazonas 
quatro  géneros  que  cultiuados,  serán 


sin  duda  suficientes  para  enriquecer,  no  á  vno, 
sino  á  muchos  Reynos,  de  los  quales  es  el  pri- 
mero maderas,  que  fuera  de  auer  muchos  de 
tanta  curiosidad,  y  estima  como  el  mejor  eua- 
no,  ay  tantas  de  las  comunes  para  embarcacio- 
nes, que  juntamente  se  podrán  sacar  para  otras 
partes,  seguros  siempre  de  que  por  muchas 
que  se  saquen,  jamás  se  podrán  agotar.  El  se- 
gundo género  es  el  cacao,  de  que  están  sus 
orillas  tan  llenas,  que  algunas  vezes  las  made- 
ras que  para  el  alojamiento  de  todo  el  exérci- 
to,  se  cortauan;  apenas  eran  otras  que  las  de 
los  árboles  que  produzen  este  tan  estimado 
fruto  de  la  Nueua-España,  y  en  donde  quiera 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  69 

que  saben  qué  cosa  es  chocolate;  el  qual  bene- 
ficiado, es  de  tanto  prouecho,  que  á  cada  pie 
de  árbol,  corresponde  de  renta  todos  los  años, 
horros  de  todos  gastos,  ocho  reales  de  plata; 
y  veese  bien  con  quan  poco  trabajo  se  culti- 
uan  estos  árboles  en  este  Rio,  pues  sin  ningún 
beneficio  de  el  arte,  sola  la  naturaleza  les  llena 
de  abundantes  frutos.  El  tercer  género,  es  el 
Tabaco,  de  que  se  halla  gran  cantidad  y  muy 
crecido  entre  los  moradores  de  sus  Riberas;  y 
si  se  cultiuase  con  el  cuydado  que  pide  esta 
semilla,  seria  de  los  mejores  del  mundo,  por- 
que á  juizio  de  los  que  lo  entienden,  la  tierra 
y  temples  es  todo  lo  que  se  puede  desear  para 
grandiosa  cosecha.  Las  mayores,  que  á  mi  ver, 
se  debieran  entablar  en  este  Rio,  son  las  de 
Azúcar,  que  es  el  quarto  género,  que  como 
más  noble,  más  prouechoso,  más  seguro,  y  de 
mayores  acrecentamientos  para  la  Corona 
Real,  y  mas  en  tiempos  que  tanto  ha  caido  el 
trato  del  Brasil,  se  debiera  tomar  mas  á  pechos, 
y  procurar  luego  á  los  principios  entablar  mu- 
chos ingenios,  que  en  breue  tiempo  restaura- 
rasen  las  pérdidas  de  aquella  costa.  Para  lo 
qual  no  fuera  menester,  ni  mucho  tiempo,  ni 
mucho  trabajo,  ni  lo  que  oy  se  rezela,  mucha 
costa;  pues  la  tierra  para  caña  dulze,  es  la  más 
famosa  que  ay  en  todo  el  Brasil,  como  lo  po- 


70  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

demos  atestiguar  los  que  auemos  corrido  aqu  e- 
llas  partes:  porque  es  toda  ella  vn  mazapé  con- 
tinuado, que  es  por  lo  que  los  labradores  des- 
tas  plantas  se  desvelan,  y  con  las  inundaciones 
del  Rio,  que  nunca  duran  sino  pocos  dias,  que- 
dan tan  fertilizadas,  que  antes  se  puede  temer 
el  demasiado  vicio. 

Y  no  será  nueuo  en  aquella  tierra  lleuar  ca- 
ña dulze.  pues  por  todo  este  dilatado  rio,  desde 
sus  principios,  siempre  la  fuymos  encontrando, 
que  parece  daua  desde  entonces  muestra  de  lo 
mucho  que  después  multiplicará  quando  se 
quieran  hazer  ingenios  para  labrarla.  Estos  se- 
rían de  muy  poco  costo,  por  tener,  como  dixe, 
las  maderas  á  la  mano,  y  el  agua  en  abundan- 
cia, y  solo  se  necesitarían  cobres,  que  con  mu- 
cha facilidad  contribuyera  nuestra  España,  co- 
diciosa de  el  buen  retorno  que  por  ellos  auia 
de  recibir. 


NVMERO  XXXIII 

De  otros  géneros  de  estima  que  aquí  se  hallan. 


'O  solo  estos  géneros  podían  prome. 

terse  en  este  nueuo  mundo  descubierto 
con  que  enriquecer  á  todo  el  Orbe,  sino  tam- 
bién  otros    muchos,   que   aunque   de    menor 
quantía,  no  dexarian  de  ayudar  con  su  corna- 
dillo, al  aumento  de  la  Corona  Real,  como  son 
el  algodón  que  se  coge  en  abundancia,  el  vru- 
cú,  que  es  con  lo  que  tienen  perfecto  colora- 
do, que  los  Estrangeros  estiman  grandemente, 
la  Cañístola,  la  carga  parrilla,  los  aceytes  que 
compiten  con  los  mejores  bálsamos  en  el  efe- 
to  de  curar  heridas,  las  gomas  y  resinas  oloro- 
sas, la  pita  de  que  se  saca  el  mas  estimado  hi- 
lo, de  que  ay  grande  abundancia,  y  otros  mu- 
chos que  cada  dia  ha  de  ir  sacando  á  luz  la  ne- 
zesidad  y  la  codicia. 


NVMERO  XXXIIII 
Riquezas  deste  Rio 


'O  trato  de  las  muchas  minas  de  oro  y 
plata,  de  que   se  tiene   noticia  en  lo 
descubierto,  y  que  se  descubrirán  forzosamen- 
te en  adelante,  que  si  mi  juizio  no  me    engaña 
han  de  ser  más  y  más  ricas  que  todas  las  del 
Perú,  aunque  entren  en  ellas  las  de  el  afamado 
Cerro  de  Potosí.  Y  no  digo  esto  al  ayre,  y  sin 
fundamento,  lleuado  solo,  como  pensará  algu- 
no, de  la  afición   que   muestro    á  engrandecer 
este  Rio,  sino  estriuando  en  la  razón  y  en  la 
experiencia;  ésta  la  tengo  de  el  oro  que  en  al- 
gunos Indios  deste  Rio  encontramos,  y  de   las 
noticias  que  dieron  de  sus  minas;  aquella  me 
obliga  á  formar  este  argumento. 

El  Rio  de  las  Amazonas,  recibe  en  sí  las 
vertientes  todas  de  las  tierras  más  ricas  de   la 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  73 

América,  pues  por  la  vanda  del  Sur  desaguan 
en  el  caudaloso  Rio,  que  descienden  de  cerca 
del  Potosí  vnos,  otros  de  Guanuco,  Cordillera 
que  se  auezinda  á  la  Ciudad  de  Lima;  del 
Cuzco  otros,  y  otros  de  Cuenta  y  Gibaros,  que 
es  la  tierra  más  rica  de  oro,  que  ay  en  lo  des- 
cubierto. 

De  suerte  que  por  esta  parte  quantos  Rios, 
quantos  manantiales,  quantos  arroyos,  quantas 
fuentezillas  vierten  en  el  Océano  en  el  espacio 
de  seiscientas  leguas  que  ay  desde  Potosí  á 
Quito,  todos  rinden  vasallage  y  pagan  parias  á 
este  Rio,  como  también  lo  hazen  todos  los 
que  baxan  del  nueuo  Reyno  de  Granada,  no 
inferior  en  oro  á  todos  los  demás. 

Si  este  Rio,  pues,  es  la  calle  Mayor,  y  el 
principal  camino  por  donde  se  sube  á  las  ma* 
yores  riquezas  del  Perú,  bien  puedo  afirmar 
que  es  el  principal  dueño  de  todas. 

Fuera  de  que,  si  el  lago  dorado  tiene  el 
oro  que  la  opinión  le  atribuye;  Si  las  Amazo- 
nas habitan,  como  atestiguan  muchos,  entre  las 
mayores  riquezas  de  el  Orbe;  Si  los  tocantines 
en  piedras  de  precio  y  abundancia  de  oro,  son 
tan  afamados  de  el  Francés;  Si  los  Omaguas 
con  sus  aueres  alborotaron  al  Perú,  y  despa' 
chó  luego  vn  Virey  con  grueso  exército  á  Pe- 
dro de  Orsua  en  busca   dellos»  En   este  gran 


74  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

Rio  está  todo  encerrado:  aquí  el  lago  dorado, 
aquí  las  Amazonas,  aquí  los  tocantines,  y  aquí 
los  ricos  Omaguas,  como  adelante  se  dirá.  Y 
aquí  finalmente  está  depositado  el  inmenso 
Tesoro  que  la  Majestad  de  Dios  tiene  guarda- 
do para  enriquezer  con  él  la  de  nuestro  gran 
Rey  y  señor  Philipo  Quarto. 


NVMERO  XXXV 

Son  quatro  mil  leguas  de  circuito  lo  desoubierto 


circuito  ests  dilatado  Impe- 
buena  Cosmographía,  al 
pie  de  quatro  mil  leguas;  y  no  pienso  que  me 
alargo  mucho,  porque  si  solo  de  longitud,  me- 
didas con  cuydado,  tiene  mil  y  trescientas  y 
cinquenta  y  seis,  y  conforme  á  Orellana,  que 
fue  el  primero  que  le  nauegó,  mil  y  ochocien- 
tas; y  por  cada  rio  que  en  él  entra  de  vna  y 
otra  vanda,  según  buenas  informaciones  de  los 
naturales,  que  pueblan  sus  bocas  en  más  de 
doscientas  leguas  por  cada  vanda,  y  por  mu- 
chas partes;  ni  aun  en  más  de  quatrocientas, 
nunca  se  sale  á  la  población  de  Españoles,  en- 
contrando siempre  Naciones  diferentes,  fuerga 
es  que  le  concedamos  de  anchura,  por  lo  me- 
nos,  quatrocientas   leguas  en   lo    más  estre- 


*j6  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

cho,  que  con  las  mil  y  trescientas  y  cinquenta  y 
seis,  ó  según  Orellana  mil  y  ochocientas  de 
longitud,  le  darán  de  circuito,  según  buena 
Aritmética,  muy  poco  menos  de  las  quatro  mil 
que  ya  dixe. 


NVMERO  XXXVI 
Multitud  de  gente,  y  de  diferentes  Naciones 


£)DO  este  nueuo  mundo,  llamémosle 
(JLL'i  así,  está  habitado  de  bárbaros  de  dis- 
tintas prouincias  y  Naciones,  de  las  que  puedo 
dar  fé,  nombrándolas  con  sus  nombres,  y  se- 
ñalándolas sus  sitios,  vnas  de  vista,  y  otras  por 
informaciones  de  los  Indios  que  en  ellas  auian 
estado,  pasan  de  ciento  y  cinquenta,  todas  de 
lenguas  diferentes,  tan  dilatadas  y  pobladas  de 
moradores  como  las  que  vimos  por  todo  este 
camino,  de  que  después  diremos. 

Están  tan  continuadas  estas  Naciones,  que 
de  los  vltimos  pueblos  de  las  vnas,  en  muchas 
de  ellas,  se  oyen  labrar  los  palos  en  las  otras, 
sin  que  vezindad  tanta  les  obligue  á  hazer  pa- 
zes ,  conseruando  perpetuamente  continuas 
guerras,  en  que  cada  dia  se  matan  y  cautiuan 


78  CRISTOUAL    DE   ACUÑA 

innumernbles  almas.  Desagüe  ordinario  de 
tanta  multitud,  sin  el  qual  ya  no  cupieran  en 
aquella  tierra.  Pero  aunque  entre  sí  se  mues- 
tran belicosos  y  de  brios,  ningunos  tienen  para 
con  el  Español,  como  se  notó  en  todo  el  via- 
ge,  en  que  jamás  bárbaro  se  atreuió  á  vsar 
contra  los  nuestros  de  otra  defensa  de  la  que 
de  ordinario  están  los  cobardes  preuenidos, 
que  es  la  huida  que  tienen  muy  á  la  mano,  por 
nauegar  en  vnas  embarcaciones  tan  ligeras,  que 
en  abordando  a  tierra  las  cargan  en  los  hom- 
bros, y  arrojándose  con  ellas  á  vn  lago,  de  los 
muchos  que  el  Rio  tiene,  dexan  burlado  á  cual- 
quier enemigo  que  con  su  embarcación  no 
pueda  hazer  otro  tanto. 


NVMERO  XXXVII 


Armas  de  que  vsan  los  Indios. 


VS  armas  son,  en  vnos,  azagayas  media" 
'ñas,  y  dardos  labrados  de  maderas  fuer- 
tes, bien  aguzadas,  y  todas  las  puntas,  que  ti- 
radas con  destreza,  pasan  con  facilidad  al  ene- 
migo. 

En  otros,  son  estólicas,  arma  en  que  los  gue- 
rreros del  Inca,  gran  Rey  del  Perú,  eran  muy 
diestros;  son  estas  estólicas  vnos  palos  tablea- 
do?, de  vna  vara  de  largo,  y  tres  dedos  de  an- 
cho, en  cuyo  remate,  á  la  parte  de  arriba,  fijan 
un  diente  de  güeso,  en  que  haze  presa  vna  fle- 
cha de  nueue  palmos,  con  la  punta  también 
de  gúeso,  ó  de  palo  muy  fuerte,  que  labra- 
do en  forma  de  harpon,  queda  como  garrocha, 


8o  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

pendiente  de  aquel  á  quien  hiere;  esta  cogen 
con  la  mano  derecha  en  que  tienen  la  estólica 
por  la  parte  inferior,  y  fijándola  en  el  diente 
superior,  la  disparan  con  tan  gran  fuerca  y 
acierto,  que  á  cinquenta  pasos  no  yerran 
tiro. 

Con  estas  armas  pelean,  con  estas  flechan  la 
caca,  y  con  estas  son  señores  de  qualquier 
pescado,  por  más  que  se  les  quiera  ocultar  en- 
tre las  ondas:  y  lo  que  más  admira,  con  estas 
clauan  las  tortugas,  quando  huyendo  de  ser 
reconocidas,  solo  de  quando  en  quando,  y  por 
vn  muy  breue  espacio  muestran  la  cabeca  enci- 
ma de  las  aguas,  atrauesándolas  el  cuello,  que 
es  solo  en  lo  que  por  estar  libre  de  las  conchas 
se  puede  hazer  el  tiro. 

Vsan  también  para  su  defensa  de  rodelas, 
que  hazen  de  cañas  brabas,  hendidas  por  me- 
dio, y  texidas  apretadamente  vnas  con  otras, 
que  aunque  son  más  ligeras,  no  son  tan  fuer- 
tes como  las  otras  que  ya  dixe,  de  cuero  de 
Pegebuey. 

Algunas  destas  naciones  vsan  de  arcos  y  fle- 
cha, arma  que  entre  todas  las  demás  ;es  siem- 
pre respetada,  por  la  fuerca  y  presteza  con  que 
hiere. 

Abundan  de  yerbas  venenosas,  de  que  hazen 
en  algunas  naciones  vna  poncoña  tan  eficaz, 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


81 


que  enherboladas  con  ella  las  flechas,  en  lie 
gando  á  sacar  sangre,  quitan  juntamente  la 
vida. 


NVMERO  XXXVIII 
Su  comercio  es  por  el  agua  en  canoas. 


^ODOS  los  que  viuen  á  las  orillas  deste 
gran  Rio,  están  poblados  en  grandes 
poblaciones,  y  como  Venecianos  ó  Mexicanos, 
todo  su  trato  es  por  agua,  en  embarcaciones 
pequeñas,  que  se  llaman  canoas;  éstas  de  ordi- 
nario son  de  cedro,  de  que  la  Prouidencia  de 
Dios  les  proueyó  abundantemente,  sin  que  les 
cueste  trabajo  de  cortarlos,  ni  sacarlos  del 
monte,  inuiándoselos  con  las  auenidas  del  Rio, 
que  para  suplir  esta  necesidad  los  arranca  de 
las  más  distantes  cordilleras  del  Perú,  y  se  los 
pone  á  las  puertas  de  sus  casas,  donde  cada 
vno  escoge  lo  que  más  á  quenta  le  pareze. 

Yes  de  admirar,  ver  que  entre  tanta  infini- 
dad de  Indios,  que  cada  vno  necesita,  por  lo 
menos  para  su  familia,  de  vno  ó  dos  palos,  de 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  83 

que  labra  vna  ó  dos  canoas,  como  de  hecho  las 
tienen,  a  ninguno  le  questa  más  trabajo,  que 
saliendo  á  la  orilla,  echarle  vn  lazo  quando  va 
pasando,  y  amarrarle  á  los  mismos  vmbrales 
de  sus  puertas,  donde  queda  preso,  hasta  que 
auiendo  ya  baxado  las  aguas,  y  aplicando  cada 
vno  su  industria,  y  trabajo,  labra  la  embarca- 
ción de  que  tiene  necesidad. 


NVMERO  XXXIX 

Las  herramientas  que  vsan. 


sW?  AS  herramientas  de  que  vsan  para  la 
(r  ^ybrar,  no  solo  sus  canoas,  sino  sus  casas 
y  lo  demás  que  han  menester,  son  hachas,  y 
azuelas,  no  fraguadas  por  buenos  oficiales  en 
las  herrerías  de  Vizcaya,  sino  forjadas  en  las 
fraguas  de  sus  entendimientos,  teniendo  por 
maestra,  como  en  otras  cosas,  á  la  necesidad. 
Esta  les  enseñó  á  cortar  el  casco  más  fuerte  de 
la  tortuga,  que  es  la  parte  del  pecho;  vna  plan- 
cha de  vn  palmo  de  largo,  y  algo  menos  de  an- 
cho, que  curada  al  humo,  y  sacándola  el  filo 
en  vna  piedra,  la  fijan  en  su  hastil,  y  con  ella, 
como  con  vna  buena  hacha,  aunque  no  con 
tanta  presteza,  cortan  lo  que  se  les  antoja. 

Deste  mismo  metal  hazen  las  azuelas,  sir- 
uiéndoles  de  cabo  para  ellas,  vna  quijada  de 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  8 5 

Pegebuey,    que   la  naturaleza  Tormo   con   su 
buelta,  apropósito  para  el  efecto. 

Con  estas  herramientas  labran  tan  perfecta- 
mente, no  solo  sus  canoas,  sino  también  sus 
mesas,  tablas,  asientos,  y  otras  cosas,  como  si 
tuvieran  los  mejores  instrumentos  de  nuestra 
España. 

En  algunas  naciones  son  estas  hachas  de  pie- 
dra, que  labrada  á  poder  de  bracos,  la  adelga- 
zan de  suerte,  que  con  menos  rezelos  de  que- 
brarse, y  mas  en  breue  que  con  las  otras  de 
tortuga,  cortan  qualquier  árbol,  por  grueso 
qua  sea. 

Sus  escoplos,  gubias,  y  cinceles  para  obras 
delicadas,  que  las  hazen  con  gran  primor,  son 
dientes,  y  colmillos  de  animales,  que  encalla- 
dos en  sus  palos,  no  hacen  menos  bien  su  ofi- 
zio,  que  los  de  fino  azero. 

Casi  todos  tienen  en  sus  Prouincias  Algodón 
vnos  mas,  otros  menos;  pero  no  todos  le  apro- 
vechan para  vestirse  del,  mas  antes  los  más 
andan  desnudos,  así  hombres  como  mugeres, 
sin  que  la  vergüenza  natural  les  obligue,  á  no 
querer  parezer  que  están  en  el  estado  de  la 
inocencia. 


NVMERO  XL 

De  sus  ritos,  y  Dioses  que  adoran. 


W  OS  ritos  de  toda  esta  Gentilidad,  son 
(¿L^j/casi  en  general  vnos  mesmos;  adoran 
ídolos,  que  fabrican  con  sus  manos,  atribuyen- 
do á  vnos  el  poder  sobre  las  aguas,  y  así  les 
ponen  por  diuisa  vn  pescado  en  la  mano;  á 
otros  escogen  por  dueños  de  las  sementeras, 
y  á  otros  porualedores  de  sus  batallas. 

Dizen  que  estos  Dioses  baxaron  del  Cielo, 
para  acompañarlos  y  hazerlos  bien:  no  vsan  de 
alguna  ceremonia  para  adorarlos,  mas  antes  les 
tienen  oluidados  en  un  rincón  hasta  el  tiempo 
que  los  han  menester,  y  así  quando  han  de  ir  á 
ía  guerra,  lleuan  en  la  proa  de  las  canoas  el 
ídolo  en  quien  tienen  puestas  las  esperanzas  de 
la  vitoria;  y  quando  salen  á  hazer  sus  pesque- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  87 

rías,  echan  mano  de  aquel  á  quien  tienen  en- 
tregado el  dominio  de  las  aguas;  pero  ni  en 
vnos  ni  en  otros  fian  tanto,  que  no  reconozcan, 
pueda  auer  otro  mayor. 

Colijo  esto  de  lo  que  nos  sucedió  con  vno 
destos  Bárbaros,  si  bien  esto  no  lo  mostraua  ser 
en  le  agudeza  de  su  discurso;  el  qual  hauieudo 
oydo  algunas  cosas  del  poder  de  nuestro  Dios, 
y  visto  por  sus  ojos  que  subiendo  el  rio  arriba 
nuestro    exército,  y  pasando  por  medio    de 
tantas  naciones  tan  belicosas,  boluía  sin  recibir 
daño  de  ninguna;  lo  qual  juzgaba,   era  merca 
y  poder  del  Dios  que  le  regía,  llegó  con  gran- 
des ansias  á  pedir  al  Capitán  Mayor,  y  á   nos- 
otros, que  en  pago  del  hospedaje,  y  buen  aga- 
sajo, que  nos  hazia,   no  quería  otra  merced, 
sino  que  le  dexásemos  allí  vn  D:c£:   ríe   los 
nuestros,  que  como  tan  poderosos  en  todo,  le 
guardase  á  el  y  su&  vasallos  en  paz,  y  con  salud, 
y  justamente  les  pudiese  acudir  con  el  necesa- 
rio mantenimiento  de  que  necesitauan. 

No  faltó  quien  lo  quisiese  consolar,  con  de- 
xar  en  su  pueblo  enarbolado  el  Estandarte  de 
la  Cruz,  cosa  que  acostumbran  hazer  los  Portu- 
gueses entre  los  Gentiles,  no  con  tan  buen  zelo 
como  la  acción  muestra  de  suyo,  siruiéndoles 
el  Santo  Palo  de  la  Cruz,  leuantado  en  alto  de 
título,  y  capa,  para  colorear  sus  mayores  injus- 


88  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

ticias,  como  son  las  continuas  esclauitudes  de 
los  pobrecitos  Indios,  que  como  mansos  cor- 
deros, !os  lleuan  en  rebaños  á  sus  casas  para 
venderlos  los  vnos,  y  servirse  con  rigor  de  los 
otros. 

Leuantan  pues  como  digo  estos  Portugueses 
la  Santa  Cruz,  y  en  pago  del  buen  recibimiento 
de  los  naturales  que  en  sus  pueblos  les  hazen, 
la  fijan  en  lo  más  leuantado  del  lugar,  dizién- 
doles  que  la  han  de  conservar  siempre  intacta; 
sucede  por  algún  acontecimiento,  ó  que  la 
Cruz  con  el  tiempo  se  cayó,  y  deshizo,  ó  que 
maliciosamente  ellos  por  ser  Gentiles^  y  no  re- 
conocer estima  en  ella  la  derribaron:  con  que 
luego  les  dan  los  Portugueses  la  sentencia,  y 
los  condenan  á  todos  los  de  aquel  pueblo  por 
esclavos  perpetuos,  no  solo  por  su  vida,  sino 
para  todos  sus  descendientes. 

Por  esta  causa  no  consentí  yo  que  se  leuan- 
tase  la  Santa  Cruz,  y  juntamente  por  no  dar  al 
bárbaro  que  nos  pedía  vn  Dios,  ocasión  de  ido- 
latrar, atribuyendo  á  aquel  madero  el  poder,  y 
Deidad  del  que  en  él  nos  redimió. 

Si  bien  le  consolé  con  asegurarle  que  nuestro 
Dios  le  haría  siempre  compañía,  que  le  pidie- 
se lo  que  auia  menester,  y  fiase  del,  que  algún 
día  le  traería  á  su  verdadero  conocimiento. 

Bien  persuadido  estaua  este  Indio  de  que  no 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  89 

eran  sus  Dioses  los  más  poderosos  de  la  tierra, 
pues  quería  libremente  le  dexasen  otro  mayor 
á  quien  obedecer. 


NVM2R0  XLI 

Vn  Indio  se  hazla  Dios. 


^j\EL  mismo  parecer  que  el  pasado,  aun- 

L^^que  de  mayor  malicia,  se  mostró  otro 
bárbaro:  el  qual  no  reconociendo  poder,  ni 
Deidad  en  sus  ídolos,  él  mesmo  se  hazia  Dios 
de  toda  aquella  tierra. 

Deste  tuvimos  algunas  leguas  antes  de  llegar 
á  su  habitación  noticia,  y  despachándole  nue- 
ua,  de  qué  se  la  traimos  del  verdadero  Dios,  y 
más  poderoso  que  no  él,  le  rogamos  nos  espe- 
rase á  pié  quedo. 

Hízolo  así,  y  apenas  llegaron  nuestras  em- 
barcaciones á  tomar  puerto  en  sus  Riberas, 
cuando  codicioso  de  saber  del  nueuo  Dios, 
Salió  en  persona  á  preguntar  por  él. 

Pero  aunque  se  le  declaró  quién  era,  como 
no  le  pudo  ver  con  sus  ojos,  quedóse  en  su 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  9 1 

ceguera  haziéndose  hijo  del  Sol,  adonde  con 
el  espíritu  afirmaua  ir  todas  las  noches  para 
mejor  disponer  al  dia  siguiente  del  vniuersal 
Gouierno  que  le  incumbía. 

Tal  era  la  malicia  y  soberbia  deste  bár- 
baro. 

Mejor  discurso  y  entendimiento  mostró  otro 
que  preguntado,  por  qué  causa  estando  sus 
compañeros  retirados  en  el  monte,  rezelosos 
de  la  vezindad  de  los  Españoles,  él  solo  con 
algunos  sus  parientes  salía  tan  sin  temor  á  me- 
terse en  sus  manos. 

Respondió  que  consideraua,  que  gente  que 
hadia  subido  vna  vez  por  medio  de  tantos  ene- 
migos, y  voluía  á  baxar  sin  lesión  alguna,  no 
era  posible  menos,  sino  que  como  señores  de 
todo  este  gran  Rio,  tornasen  vna  y  muchas  ve- 
ces á  navegarle  y  problarle:  y  que  habiendo  de 
ser  esto  así,  no  quería  andar  siempre  sobresal- 
tado á  sombra  de  texado,  sino  salir  desde  lue- 
go á  reconocer  de  grado  por  amigos  á  los  que 
los  demás  haurían  de  recebir  por  fuerca. 

Discurso  bueno,  y  que  permitirá  la  Magestad 
de  Dios,  le  ueamos  algún  dia  puesto  en  execu- 
cion. 


e-<g»-i> 


NVMERO  XLII 

De  los  hechiztros  que  ay 


Prosiguiendo  con  ei  hilo  de  nuestra 

historia,  y  boluiendo  á  los  ritos  destas 
Naciones.  Es  para  notar  la  grande  estima  en 
que  todos  tienen  á  sus  hechizeros;  no  tanto 
por  amor  que  les  muestren,  como  por  el  rezelo 
con  que  siempre  viuen  de  los  daños  que  les 
pueden  hazer.  Tienen  para  que  vsen  de  sus  su- 
persticiones, y  hablen  con  el  demonio,  que  les 
es  muy  ordinario,  vna  casa  que  solo  sirue  des- 
to,  donde  con  cierto  género  de  veneración, 
como  si  fueran  Reliquias  de  Santos,  van  reco- 
giendo todos  los  güesos  de  los  hechizeros  que 
mueren,  los  quales  tienen  colgados  en  el  ayre, 
en  las  mesmas  amacas  en  que  ellos  dormían 
en  vida.  Estos  son  sus  Maestros,  sus  predica- 
dores, sus  consejeros  y  sus  guias;  á  estos  acu- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  93 

den  en  sus  dudas  para  que  se  las  declaren,  y 
destos  nezesitan  en  sus  mayores  enemistades, 
para  que  les  den  yeruas  venenosas  con  que  to- 
mar venganca  de  sus  enemigos.  En  el  enterrar 
sus  difuntos  son  varios  entre  sí;  porque  vnos 
los  tienen  dentro  de  sus  mesmas  casas,  tenien- 
do siempre  en  todas  las  ocasiones  presente  la 
memoria  de  la  muerte,  que  si  con  este  fin  lo 
hiziesen,  las  tendrían  sin  duda  más  ajustadas. 
Otros  en  hogueras  grandes,  no  solo  queman 
los  cadáveres,  sino  juntamente  con  ellos  quan- 
to  poseyeron  en  vida.  Y  así  los  vnos  como  los 
otros,  celebran  sus  exequias  por  muchos  dias 
con  continuos  llantos,  interrumpidos  con  gran- 
des borracheras. 


wm 


NVMERO  XLIII 

Son  estos  Indios  de  apacibles  natarales 


vS  á  vna  mano  toda  esta  gentilidad,  de 
buena  disposición,  bien  agestados,  y  de 
color  no  tan  tostado  como  los  del  Brasil,  tie- 
nen buenos  entendimientos  y  raras  habilida- 
des para  cualquiera  cosa  de  manos. 

Son  mansos  y  de  apacibles  naturales,  como 
se  experimentaua  con  los  que  vna  vez  salian  al 
encuentro,  que  con  gran  confianza  conuersa- 
ban,  comian  y  bebian  entre  los  nuestros,  sin 
jamás  rezelarse  de  nada. 

Dáuannos  sus  casas  en  que  viuir,  recogién- 
dose ellos  todos  juntos  en  vna,  ó  dos  de  las 
mayores  del  pueblo;  y  con  recebir  infinitos 
agrauios  de  nuestros  Indios  amigos,  sin  que 
fuese  posible  el  euitarlos,  nunca  correspondian 
con  malas  obras. 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  95 

Todo  lo  qual  junto  con  la  poca  afición  y 
muestras  que  dan  della,  de  todo  lo  tocante  al 
culto  de  sus  Dioses:  prometen  grandes  espe- 
ranzas de  que  si  se  les  diese  noticia  del  uer- 
dadero  Criador  de  Cielos  y  tierra,  con  poc  f 
dificultad  abracarían  su  Santa  Ley. 


NVMERO  XLIIII 


Trátase  en  especial  de  las  cosas  del  Rio,  y  de  sus 
entradas. 


]ABLADO  he  hasta  aquí  en  general  de 
}todo  lo  tocante  á  este  gran  Rio  de  las 
Amazonas.  Razón  será  ya  ir  descendiendo  en 
particular  á  declarar  sus  entradas  á  nombrar  sus 
puertos,  aueriguar  las  aguas  de  que  se  alimen- 
ta, desentrañar  sus  tierras,  señalar  sus  alturas, 
notar  las  propiedades  de  sus  Naciones,  y  final- 
mente no  dexar  cosa  digna  de  saberse,  que 
como  testigo  de  vista  y  persona  inbiada  de  su 
Magestad,  á  solo  hazer  Inquisición  de  todo; 
podré  quiza  mejor  que  otros  dar  con  bastantes 
fundamentos,  razón  de  lo  que  tomé  á  mi 
cargo. 

No  trato  aquí  de  la  principal  entrada  deste 
Rio  por  el  mar  Occéano  en  las  costas  del  gran 
Para;  que  e»a,  ha  ya  muchos  tiempos,  que  como 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  97 

conocida,  y  que  cae  debaxo  de  la  línea  Equi- 
nocial  en  los  vltimos  fines  del  Brasil:  es  cursa- 
da y  sabida  de  todos  los  que  quieren  nauegar 
á  aquellas  partes. 

Ni  tampoco  hago  mención  de  propósito  de 
la  por  donde  el  tirano  Lope  de  Aguirre  salió 
enfrente  de  la  Trinidad,  por  ser  esa  transuersal, 
y  que  derechamente  no  se  entra  por  ella  á  este 
Rio,  sino  que  teniendo  á  otras  por  madre 
principal,  de  lance  en  lance,  se  viene  á  dar  en 
bracos,  que  del  deriban  su  origen. 

Solo  es  mi  intento  sacar  en  limpio,  y  seña- 
lar con  el  dedo  todas  las  puertas  por  donde  de 
las  partes  del  Perú,  pueden  los  moradores  de 
aquellas  Conquistas  tener  entrada  cierta  á  este 
gran  Rio:  al  qual,  como  ya  dixe  por  la  vna  y 
otra  vanda  de  sus  riberas,  le  comunican  á  otro 
número  de  otros  muy  caudalosos,  por  cuyas 
corrientes,  es  fuerca  quien  las  siguiere  que  ven- 
ga á  dar  en  este  principal:  pero  como  de  cier- 
to no  se  sabe  de  qué  Ciudades  ó  Prouincias 
traigan  sus  primeros  principios,  no  se  puede 
tratar  cosa  fija  de  Sus  entradas. 

Pero  podrélo  hazer  de  algunas  ocho,  en 
que  ningún  versado  en  aquellas  tierras,  podrá 
dificultar:  tres  de  estas  ázia  la  vanda  del  nueuo 
Reyno  de  Granada,  que  está  en  este  Rio  á  la 

7 


98  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

parte  del  Norte:  á  la  del  Sur  veremos  otras 
quatro,  y  vna  debaxo  de  la  mesma  línea  Equi- 
nocial. 


NVMERO   XLV 

De  tres  entradas  que  ay  por  el nueuo  Rey  no. 


W  A  primera  entrada  que  por  la  parte  que 
[r  ^^iy  cae  al  nueuo  Reyno  de  Granada,  está 
descubierta  para  este  inmenso  piélago  de  aguas 
dulces,  es  por  la  Prouincia  de  Micóa,  que  per- 
tenece al  Gouernador  de  Popayan;  siguien- 
do las  corrientes  del  gran  Rio  Caquéta,  que  es 
el  dueño,  y  señor  de  todas  las  vertientes,  que 
de  parte  de  Santa  Fe  de  Bogotá,  Timaná,  y  el 
Caguán,  se  le  allegan;  muy  afamado  entre  los 
naturales,  por  las  grandes  Prouincias  de  Gen- 
tiles que  sustentan  sus  orillas. 

Este  Rio  tiene  muchos  bragos  por  dilatadas 
Naciones,  y  boluiéndolos  á  incorporar  en  el 
principal,  haze  gran  multitud  de  Islas,  habita 
das  todas  de  infinitos  bárbaros. 

Corre  siempre  por  el  rumbo  del  de  las  Ama- 


IOO  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 

zonas,  acompañándole,  aunque  á  lo  largo,  y 
echando  en  él  de  quando  en  quando  algunos 
bracos,  que  pudiera  bien  ser  cada  vno,  cuerpo 
de  qualquiera  otro  caudaloso  Rio;  hasta  que 
recogiendo  todas  sus  fuercas,  en  altura  de  qua- 
tro  grados,  pecho  por  tierra  se  le  rinde.  Por 
vno  de  estos  bracos  que  más  se  auezinda  á  la 
Prouincia  de  los  Aguas,  de  Cabeca  chata,  es 
por  donde  se  ha  de  salir  á  gozar  de  las  grande- 
zas de  nuestro  gran  Rio  de  las  Amazonas,  por- 
que al  que  se  dexare  lleuar  de  los  que  mas  se 
inclinan  á  la  vanda  del  Norte,  sucederle  ha,  lo 
que  los  años  pasados  al  Capitán  Fernán  Pérez 
de  Quesada,  que  auiendo  entrado  por  este  Rio 
con  trescientos  hombres,  y  dexándose  lleuar  á 
la  parte  de  Santa  Fé,  dio  en  la  Prouincia  del 
Algodonal,  y  con  ir  tan  reforcado  de  gente,  le 
fué  fuerca  retirarse  con  más  priesa  de  la  que 
auia  lleuado  en  la  entrada. 

La  segunda  puerta,  que  por  la  parte  del 
Norte  podemos  señalar  á  este  Rio  es  por  la 
Ciudad  de  Pasto,  jurisdicion  también  del  Go- 
uierno  de  Papayan,  de  donde  atravesando  la 
Cordillera  con  algunos  inconuenientes  de  mal 
camino  de  á  pie,  que  de  á  cauallo  es  imposible 
llegando  al  Putumayo,  y  nauegando  de  Rio 
abaxo,  se  vendrán  á  sshr  al  de  las  Amazonas, 
en  altura  de   dos  grados  y  medio,  á  las  tres- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  IOI 

cientas,  y   treinta   leguas  del  Puerto  de  Ñapo. 

Por  este  mesmo  camino,  saliendo  como 
dixe  de  la  Ciudad  del  Pasto,  y  pasada  la  Cor- 
dillera, acercándose  á  los  Lucumbios,  que  están 
no  muy  lejos  del  Rio,  llamado  Aguarico,  por 
otro  nombre  Rio  del  oro,  se  puede  salir  por  él 
á  este  principal,  casi  debaxo  de  la  línea,  en  el 
principio  de  la  Prouincia  de  los  Encauellados, 
que  es  á  las  nouenta  leguas  del  dicho  puerto 
de  Ñapo. 

Y  esta  es  la  tercera  entrada  que  por  la  parte 
del  Norte  se  puede  intentar. 


NVMERO   XLVI 
Otras  entradas 


^Tjfi  A  puerta  que  para  este  gran  Rio  está 
[r  *^ydebaxo  de  la  Equinocial  cae  en  el  Go- 
uierno  de  los  Quixos,  más  cercana  á  Quito,  en 
la  Ciudad  de  los  Cofanes,  de  donde  por  el  Rio 
de  la  Coca,  se  coge  desde  luego  la  canal  prin- 
cipal del  nuestro  de  las  Amazonas,  si  bien  por 
muchas  corrientes  que  trae,  hasta  encontrarse 
con  el  de  Ñapo,  no  es  tan  buena  la  nauega- 
cion  como  será  por  las  demás  partes  que  par- 
ticipan la  vanda  del  Sur. 

De  las  quales,  la  primera  de  todas,  aunqne 
no  la  mejor,  es  por  la  Ciudud  de  Auila  en  el 
mismo  Gouierno  de  los  Quixos,  de  donde  tres 
jornadas  por  tierra  se  viene  á  dar  en  el  Rio 
Payamino,  por  donde  la  Armada  Portuguesa 
salió  á  tomar  puerto  en  la  jurisdicion  del 
Quito. 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  103 

Desemboca  este  Rio  entre  el  de  Ñapo,  y  la 
Coca,  en  aquel  paraje  que  llaman  las  Iuntas  de 
los  Ríos,  á  las  veinte  y  cinco  leguas  del  puerto 
de  Ñapo. 

Mejor  puerta  abrimos  á  esta  mesma  Arma- 
da, para  la  vuelta  de  su  viaje,  que  no  la  que  á 
la  subida,  con  mucho  trabajo  y  pérdidas,  auía 
descubierto,  que  es  por  la  Ciudad  de  Archido- 
na,  en  la  Gouemacion  también  de  los  Quixos, 
y  jurisdicion  de  Quito,  en  donde  á  solo  vn  dia 
de  camino,  á  pie  por  ser  inuierno,  que  en  tiem- 
po de  verano,  á  cauallo  se  pudiera  andar,  di- 
mos en  el  puerto  de  Ñapo,  Rio  caudaloso  y  en 
quien  los  vezinos  de  todo  aquel  Gouierno,  tie- 
nen librado  su  tesoro,  sacando  todos  los  años 
de  sus  orillas  el  oro  que  necesitan  para  sus 
gastos. 

Es  muy  abastecido  de  pescado,  y  sus  ribe- 
ras, de  caca,  de  buenas  tierras,  que  agradecidas 
á  poco  trabajo  de  los  labradores,  rinden  col- 
mados frutos. 

Y  este  es  el  principal  camino  por  donde 
con  más  comodidades  y  menos  trabajos  podrán 
baxar  al  Rio  de  las  Amazonas  todos  los  que 
por  la  Prouincía  de  Quito,  le  quisieren  na- 
uegar. 

Porque  aunque  por  allá  se  dize  que  cerca 
•del  Pueblo  de  Ambato,  que  está  á  diez  y  ocho 


104  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

leguas  de  la  Ciudad  de  Quito,  camino  de  Rio 
Bamba,  ay  entrada  á  vn  Rio  que  sale  á  este 
principal,  si  no  la  impide  algún  salto  que  hagau 
las  corrientes;  es  muy  apropósito  esta  baxada 
por  venir  á  salir  al  dicho  Rio,  setenta  y  siete 
leguas  más  abaxo  del  puerto  de  Ñapo,  con 
que  se  ahorrará  todo  el  camino  de  los  Quixos* 


NVMERO  XLVII 
Otras  entradas  á  este  Rio. 


7|2)OR  la  parte  de  la  Prouincia  de  Macas,, 
que  cae  debaxo  de  la  mesma  jurisdicion 
y  Gouierno,  de  cuyas  sierras  baxa  el  Rio  Cura- 
ray,  siguiendo  su  raudal,  se  puede  también  sa- 
lir al  de  las  Amazonas,  en  altura  de  dos  grados, 
ciento  y  cinquenta  leguas  de  Ñapo,  distancia 
que  está  bien  poblada  de  diferentes  Nacio- 
nes. 

Y  esta  esta  es  la  séptima  entrada  de  este 
Rio. 

La  octaua  y  última,  es  por  Santiago  de  las 
Montañas,  y  Prouincia  de  los  Maynas,  tierras 
que  vana  vno  de  los  mas  caudalosos  Ríos,  ;[ue 
al  de  las  Amazonas  tributan,  en  ellas  con  nom- 
bre de  Marañon;  y  en  su  boca,  y  muchas  leguas 
antes,  de  Tumburagua. 


IOÓ  CRISTOUAL    DE   ACUÑA 

Es  este  Rio  tal,  que  mas  de  trescientas  le- 
guas, de  donde  en  quatro  grados  desagua  en 
el  principal,  se  rezela  su  nauegación,  así  por 
su  profundidad  como  por  sus  precipitadas 
corrientes:  mas  con  las  grandes  noticias  de  los 
muchos  bárbaros  que  sustenta,  mayores  difi- 
cultades allanan  los  zelosos  de  la  honra  de 
Dios,  y  del  bien  de  las  almas,  en  busca  de  las 
quales  entraron  á  él  á  los  principios  del  año  de 
mil  y  seis  cientos  y  treinta  y  ocho,  dos  Reli- 
giosos de  mi  Religión,  por  los  Maynas,  de 
quienes  tuve  muchas  cartas  en  que  no  acababan 
de  encarecer  su  grandeza,  y  las  innumerables 
Prouincias  de  que  cada  dia  iban  teniendo  ma- 
yores noticias. 

Iúntase  este  Rio  con  el  principal  de  las 
Amazonas,  á  las  doscientas  y  treinta  leguas  del 
puerto  de.  Ñapo. 


NVMERO  XLVIII 
Rio  de  Ñapo. 


JENE  su  origen  este,  tantas  veces  por 
f¿2i]  mí  nombrado  Rio  de  Ñapo,  á  las  fal- 
das de  vn  Páramo  que  llaman  de  Antezana, 
que  cae  diez  y  ocho  leguas  de  la  Ciudad  de 
Quito;  y  aunque  tan  vezino  á  la  línea,  es  de 
marauillar,  que  así  él,  como  otros  muchos  que 
en  varias  Cordilleras,  coronan  aquellas  po- 
blaciones, siempre  cubiertas  de  nieue,  siruen 
de  templar  el  calor  con  que  forzosamente,  se- 
gún afirma  San  Agustín,  la  Tórrida  zona  auia 
de  hazer  aquellas  tierras  inhabitables,  quedan- 
do con  este  refrigerio,  de  las  más  apacibles  y 
templadas  de  todo  lo  descubierto. 

Corre  este  Rio  de  Ñapo  desde  su  nacimien- 
to entre  grandes  peñascos,  con  que  no  es  na- 
uegable  hasta  que  en  el  puerto  donde  los  vezi- 


108  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

nos  de  Archidona  tienen  las  rancherías  de  sus: 
Indios,  más  humano  y  menos  bullicioso,  con- 
siente sobre  sus  hombros  ordinarias  canoas 
con  que  se  tragina,  y  aunque  desde  este  sitio, 
por  quatro  ó  cinco  leguas  no  oluida  sus  humos 
humilde  luego  hasta  incorporarse  con  el  Rio 
de  la  Coca,  que  es  á  espacio  de  veinte  y  cinco 
leguas  con  mucho  fondo,  y  gran  serenidad, 
ofrece  buen  pasage  á  mejores  embarcaciones. 
Y  está  la  junta  de  los  rios  donde  Francisco  de 
Orellana  con  los  suyos  fabricó  el  barco  con 
que  nauegó  por  este  Rio  de  las  Amazonas. 


NVMERO  XLIX 

Aquí  mataron  al  Capitán  Palacios. 


,VARENTA  y  siete  leguas  destas  juntas 
á  la  vanda  de  el  Sur  está  Anéte,  pobla" 
ciorfque  fué  del  Capitán  luán  de  Palacios, 
muerto  á  manos  de  los  naturales,  como  ya  di- 
ximos. 

Y  á  las  diez  y  ocho  deste  sitio  desemboca 
á  la  vanda  del  Norte  el  Rio  Aguarico  bien  co- 
nocido, así  por  su  temple  menos  sano,  como 
por  el  oro  que  del  se  saca,  de  que  tomó  tam- 
bién nombre  de  Rio  de  Oro. 

Y  en  su  boca  de  la  vna  y  la  otra  vanda,  da 
principio  la  gran  Prouincia  de  los  Encabella- 
dos,  que  corriendo  por  la  del  Norte  por  más 
de  ciento  y  ochenta  leguas,  y  gozando  siem- 
pre de  las  aguas  que  el  gran  Rio  ds  las  Ama- 
zonas,   explaya    por  caudalosos   lagos,   des- 


IIO  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 

de  sus  primeras  noticias  influyó  ardientes  de- 
seos de  sujetarla  á  toda  la  jurisdicion  de  Qui- 
to, por  la  multitud  grande  de  Gentiles  de  que 
está  poblada,  y  de  hecho  en  varias  ocasiones, 
se  comencó  á  poner  por  obra,  si  bien  la  vltima 
en  que  el  Capitán  luán  de  Palacios  lo  intenta- 
u£,  le  salió  tan  mal  como  ya  vimos. 


NVMERO  L 


Aquí  quedó  la  Armada  Portuguesa,  Prouincia  de 
los  Encabellados. 


H 


^\N  esta  Prouincia  á  la  boca  del  Rio  de 
los  Encabellados,  que  cae  veinte  leguas 
más  abaxo  del  de  Aguarico,  donde  alió  tiene 
su  principio,  quedaron  á  pie  quedo  por  espa- 
cio de  once  meses  quarenta  soldados  de  la 
Portuguesa  Armada,  con  más  de  trescientos 
Indios  amigos,  de  los  que  lleuauan  en  su  com- 
pañía. 

Y  aunque  á  los  principios  hallaron  buena 
acogida  en  los  naturales  de  la  tierra,  y  por  la 
paga,  recebian  dellos  los  mantenimientos  ne- 
cesarios, no  duró  por  mucho  tiempo  tanta 
confianza  en  pechos  en  que  aun  todauia  her- 
uia  la  saña  con  que  auían  derramado  la  sangre 
del  Capitán  Español,  y  como  ésta  por  su  parte 


112  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

también  pedia  venganca  contra  sus  agresores, 
rezelosos  de  que  se  les  auia  de  castigar  su 
-atreuimiento,  con  pequeña  ocasión  se  alboro- 
taron, y  matando  tres  de  nuestros  Indios  se 
pusieron  en  armas  para  defender  sus  personas 
y  tierras. 

No  se  descuydaron  los  Portugueses,  que 
como  mal  sufridos  y  peor  acostumbrados  á 
semejantes  libertades  de  los  Indios,  quisieron 
luego*  poner  por  obra  el  castigo  de  esta.  To- 
man las  armas,  y  con  sus  ordinarios  bríos,  dan 
en  ellos  de  tal  suerte,  que  con  pocas  muertes 
cogieron  uiuas  mas  de  setenta  personas,  las 
quales  tuvieron  presas  hasta  que  muertas  vnas 
y  huydas  otras,  no  quedó  ninguna. 

Puesto  en  este  estado  el  Portugués  esqua- 
dron,  y  que  si  quería  comer  lo  habia  forzosa- 
mente de' buscar  de  las  manos  de  el  enemigo, 
ó  si  no  perecer.  Determinaron  hazer  correrías 
la  tierra  adentro,  y  por  merca  ó  de  grado  redi- 
mir su  vexacion. 

Entrauan  vnos  y  otros  quedauan  en  el 
Real,  y  así  estos  como  aquellos,  no  dexauan 
de  ser  molestados  por  el  enemigo,  que  uiendo 
la  suya  acudía  á  hacer  todo  el  daño  que  le  era 
posible,  como  lo  hizo  en  muchas  embarcacio- 
nes, destrocando  vnas  y  haziendo  pedacos 
las  mas  flacas. 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  H3 

Y  no  fué  este  el  mayor  daño  que  de  él  se 
recibió,  sino  el  que  sus  emboscadas  causauan 
contra  nuestros  Indios,  degollando  los  que  pu- 
dieron auer  á  las  manos;  si  bien  pagaron  con 
tres  dobladas  vidas  de  los  suyos  las  que  quita- 
ron á  los  nuestros. 

Castigo  pequeño  para  los  rigurosos  que 
suelen  executar  los  Portugueses  en  semejantes 
casos. 

Llamaron  á  estos  Indios  con  nombre  de 
Encabellados,  los  primeros  Españoles  que  los 
descubrieron,  por  los  largos  cabellos,  que  así 
hombres  como  mugeres  vsan,  que  á  algunas  les 
pasan  de  las  rodillas. 

Sus  armas  son  dardos,  su  habitación,  casas 
pagizas  hechas  con  curiosidad,  y  sus  manteni- 
mientos los  ordinarios  de  todo  el  Rio. 

Tiene  continuas  guerras  con  las  naciones 
circunuezinas,  que  son  los  Senos,  Becabas,  Ta- 
mas, Chuñas,  y  Rumos. 

Corren  enfrente  de  esta  Prouincia  de  los 
Encabellados  por  la  vanda  de  el  Sur,  las  de  los 
Auixiras,  Iurufunes,  Zaparas,  y  Iquitos,  que 
encerrados  entre  las  aguas  de  este  Rio,  y  el  de 
Curaray  fenecen. 

Donde  también  entrambos  se  convierten 
en  vno,  que  es  á  las  quarenta  leguas  de  los  En- 
cabellados en  casi  dos  grados  de  altura. 


114  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 


Rio  lutnguragua. 


Ochenta  leguas  de  Curaray  á  la  misma  vali- 
da, desemboca  el  famoso  Rio  Tumguragua, 
que  ya  dixe  arriba,  baxaua  por  los  Maynas  con 
nombre  de  Marañón;  házese  respetar  del  de  las 
Amazonas  de  tal  suerte,  que  con  tener  este 
todo  su  caudal  junto,  detiene  algunas  leguas  an- 
tes su  ordinario  curso,  dando  lugar  á  que  aquel 
explayado  por  mas  de  vna  legua  de  boca,  le 
entre  á  besar  la  mano,  pagándole  no  solo  el 
ordinario  tributo  que  de  todos  cobra,  sino  otro 
muy  abundante  de  muchos  géneros  de  pesca- 
dos que  hasta  la  boca  deste  Rio,  no  se  cono- 
cen en  el  Amazonas. 


NVMERO  LI 

Pronincia  de  los  Aguas. 


/f«§^ESENTA  leguas  más  abaxo  de  Tungura- 
\^^¿/gua  comienza  la  mejor  y  más  dilatada 
Provincia  de  quantas  en  todo  este  gran  Rio 
encontramos,  que  es  la  de  los  Aguas,  llamados 
comunmente  Omaguas,  impropio  nombre  que 
les  pusieron  quitándoles  el  natiuo,  y  ajustado 
a  su  habitación,  que  es  á  la  parte  de  afuera, 
que  esto  quiere  dezir  Aguas. 

Tiene  esta  prouincia  de  longitud  más  de 
doscientas  leguas,  continuándose  sus  poblacio- 
nes tan  á  menudo,  que  apenas  se  pierde  vna 
de  vista,  cuando  ya  se  descubre  otra. 

Su  anchura  es  al  parecer  poca,  pues  no 
pasa  de  la  que  tiene  el  Rio,  en  cuyas  Islas,  que 
son  muchas,  y  algunas  muy  grandes,  tienen  su 
habitación:  pero  considerando,  que  todas,  ó 


Il6  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

están  pobladas,  ó  cultiuadas,  por  lo  menos 
para  el  sustento  destos  naturales,  se  podrá  ha- 
zer  concepto  de  los  muchos  Indios  que  en  tan 
cumplida  distancia  se  alimentan. 

Es  esta  gente  la  de  más  razón  y  mejor  go- 
uierno  que  ay  en  todo  el  Rio,  ganancia  que  les 
grangearon  los  que  dellos  estuvieron  de  paz, 
no  ha  muchos  años,  en  el  Gouierno  de  los 
Quixos,  de  donde  obligados  del  el  mal  trata- 
miento que  se  les  hazia,  se  dexaron  venir  el 
Rio  abaxo,  hasta  encontrar  con  la  fuerga  de 
los  de  su  Nación;  y  introduciendo  en  ellos  al- 
go de  lo  que  hauian  aprendido  de  los  Españo- 
les, les  pusieron  en  alguna  policía. 

Andan  todos  con  decencia  vestidos,  así 
hombres  como  mugeres,  las  quales  del  mucho 
algodón  que  cultiuan  texen  no  solo  la  ropa 
que  han .  menester,  sino  otra  mucha  que  les 
sirve  de  trato  para  las  Naciones  vezinas,  que 
con  razón  codician  el  trabaxo  de  tan  sutiles  te- 
xedoras;  hazen  paños  muy  vistosos,  no  solo 
texidos  de  diuersos  colores,  sino  pintados  con 
estos  mismos  tan  sutilmente,  que  apenas  se 
distingue  lo  uno  de  lo  otro. 

Son  tan  sugetos  y  obedientes  á  sus  princi- 
pales Caziques,  que  no  han  menester  más  de 
vna  palabra  para  ver  luego  executado  lo  que 
ordenan. 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  II7 

Son  todos  de  cabeca  chata,  que  causa  feal- 
dad en  los  varones,  si  bien  las  mugeres  me- 
jor lo  encubren  con  el  mucho  cauello;  y  está 
en  ellos  tan  entablado  el  vso  de  tener  las  cabe- 
cas  aplastadas,  que  desde  que  nacen  las  cria- 
turas, se  las  meten  en  prensa,  cogiéndoles  por 
la  frente  con  vna  tabla  pequeña,  y  por  la  parte 
del  cerebro  con  otra  tan  grande,  que  siruiendo 
de  cuna,  recibe  todo  el  cuerpo  del  recien  na- 
cido; el  qual  puesto  de  espaldas  sobre  esta,  y 
apretado  fuertemente  con  la  otra,  queda  con 
el  cerebro  y  la  frente  tan  llanos  como  la  palma 
<le  la  mano;  y  como  estas  apreturas  no  dan 
lugar  á  que  la  cabeca  crezca  más  que  por  los 
lados,  viene  á  desproporcionarse.  De  manera 
que  más  parece  Mitra  de  Obispo  mal  formada 
que  cabeca  de  persona. 

Tiene  por  la  vna  y  la  otra  vanda  del  Rio 
continuas  guerras  con  las  Prouincias  extrañas, 
que  por  la  del  Sur  entre  otros,  son  los  Curinas, 
tantos  en  número,  que  no  sólo  se  defienden 
por  la  parte  del  Rio,  de  la  infinita  multitud  de 
los  Aguas,  sino  que  juntamente  sustentan  las 
armas  contra  las  demás  naciones,  que  por  la 
parte  de  tierra  les  dan  continuada  batería. 

Por  la  vanda  del  Norte,  tienen  estos  Aguas 
por  contrarios  á  los  Teamas,  que  según  bue. 
ñas  informaciones,  noson  menos,  ni  de  menos 


Il8  CRISTOUAL   DE  ACUÑA 

bríos  que  los  Curinas,  pues  también  sustentar; 
guerras  á  los  contrarios  que  tienen  por  la  tier- 
ra adentro. 


fxn^$ 


NVMERO  LII 

Vso  de  los  esclauos  que  cautiuan. 


E  los  esclauos  que  estos~  Aguas  cauíi- 
uan  en  sus  batallas  se  siruen  para  todo 
lo  que  han  menester,  cobrándoles  tanto  amor, 
que  comen  con  ellos  en  vn  plato,  y  tratarles  de 
que  los  vendan  es  cosa  que  lo  sienten  mucho, 
como  por  experiencia  lo  vimos  en  muchas  oca- 
siones. 

Llegáuamos  á  vn  pueblo  destos  Indios,  re- 
cibíannos, no  solo  de  paz,  sino  con  dantas  y 
muestras  de  grande  regocijo,  ofrecían  quanto 
tenían  para  nuestro  sustento  con  gran  libera- 
lidad. 

Compráuanseles  paños,  texidos  y  labrados, 
que  con  voluntad  dauan,  tratáuaesles  de  venta 
de  las  canoas,  que  son  sus  cauallos  ligeros  en 
que  andan,  al  punto  salían  á  concierto. 


120  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

Pero  en  nombrándoles  esclauos,  y  apretán- 
doles á  que  los  vendiesen,  boc  ofius,  bis  labor 
ést,  aquí  era  el  descompadrar,  aquí  el  entriste- 
cerse, aquí  las  trazas  de  encubrirlos,  y  aquí  el 
procurarse  zafar  de  nuestras  manos;  muestras 
ciertas  de  que  más  los  estiman  á  solos  ellos,  y 
más  sienten  el  venderlos  que  deshazerse  de 
todo  lo  demás  que  poseen. 

Y  no  diga  nadie,  que  el  no  querer  vender 
los  Indios  sus  esclauos,  nace  de  tenerlos  para 
comer  en  sus  borracheras;  que  es  dicho  común 
con  muy  poco  fundamento,  de  los  Portugue- 
ses, que  andan  metidos  en  este  trato,  y  con 
esto  quieren  colorear  su  injusticia. 

Porque  á  lo  menos  en  esta  nación,  ya  aue- 
rigüé  con  dos  Indios  de  los  que  hauían  subido 
con  los  mismos  Portugueses,  y  eran  naturales 
del  Para,  los  quales  huidos  desde  Quito,  vinie- 
ron á  ser  cautiuos  destos  Aguas,  con  quienes 
estuvieron  ocho  meses,  y  fueron  á  algunas 
guerras  en  su  compañía  (tiempo  bastante  para 
conocer  sus  costumbres). 

Estos  aseguraron  que  jamás  les  auian  visto 
comer  los  esclavos  que  traian,  sino  que  lo  que 
vsaban  con  los  más  principales  y  valientes,  era 
matarlos  en  sus  fiestas  y  juntas  generales,  reze- 
lando  mayores  daños  si  les  conseruaban  la 
vida;  y  arrojando  los  cuerpos  en  el  Rio,  guar- 


DESCUBRIMIENTODEL  AMAZONAS  121 

daban  por  trofeo  las  caberas  en  sus  casas,  que 
eran  las  que  por  todo  el  camino  veníamos  en- 
contrando. 

No  quiero  con  esto  negar  que  hay  en  este 
Rio  gente  Caribe,  que  en  ocasiones,  no  tiene 
horror  de  comer  carne  humana. 

Lo  que  quiero  persuadir,  es  no  ay  en  todo  él 
carnicerías  públicas  en  que  todo  el  año  se  pesa 
carne  de  Indios  como  publican  los  que  á  título 
de  euitar  semejante  crueldad  la  vsan  ellos  ma- 
yor, haziendo  con  sus  rigores  y  amenacas  es- 
clauos  á  los  que  no  lo  son. 


NVMERO  Lili 

Sitio  frió  en  que  se  podrá  coger  trigo. 


4 


las  cien  leguas,  poco  más  ó  menos,  de 
as  primeras  poblaciones  destos  Aguas 
(que  caen  tres  grados  de  la  Equinocial)  y  vie- 
nen á  ser  el  riñon  desta  dilatada  Prouincia,  lle- 
gamos á  vn  pueblo,  donde  estuvimos  tres  dias, 
con  tan  buen  frió,  que  los  nacidos,  y  criados 
en  las  más  frias  de  España,  huvimos  menester 
añadir  ropa  á  la  ordinaria. 

Causóme  admiración  mudanca  tan  repenti- 
na de  temples  y  preguntando  á  los  naturales, 
si  aquello  era  cosa  extraordinaria  en  aquella 
población,  me  aseguraron  que  no,  porque  to- 
dos los  años  espacio  de  tres  Lunas,  que  así 
cuentan  ellos,  y  es  lo  mismo  que  dezir  tres 
meses,  experimentauan  todos  los  años  aquellos 
frios,  que  conforme  lo  que  ellos  afirmaron  son 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 23 

los  de  Iunio,  Iulio  y  Agosto.  Pero  yo  aun  no 
bien  satisfecho  de  su  dicho,  quise  con  más 
fundamento  hazer  Inquisición  de  la  causa  de 
frió  tan  penetrante,  y  hallé  que  lo  era  vna  gran 
sierra,  ó  páramo,  que  á  la  vanda  del  Sur  la 
tierra  adentro  está  situada,  por  la  qual  pasan 
todos  aquellos  tres  meses  los  vientos,  y  hela- 
dos con  la  merca  de  la  níeue  de  que  está  cu- 
bierta, causan  tales  efectos  en  la  tierra  circun 
vecina. 

Y  siendo  esto  así,  no  ay  duda  sino  que  en 
este  sitio  se  dará  muy  buen  trigo,  y  todas  las 
demás  semillas  y  frutas  que  produce  la  comar- 
ca de  Quito,  que  aunque  situada  debaxo  de  la 
línea,  semejantes  ayres  pasados  por  nueuos 
cerros,  la  habilitan  á  tales  marauillas. 


NVMERO  LIV 
Rio  Putumayo,  y  naciones  que  en  él  y  en  Yetaú  ay. 


I  i\IEZ  y  seis  leguas  destas  Poblaciones  á 
la  vanda  del  Norte  desemboca  el  gran 
Rio  Putumayo,  bien  conocido  en  el  Gouierno 
de  Popayan,  por  ser  tan  caudaloso,  que  antes 
de  desaguar  en  el  de  las  Amazonas,  entran  en 
él  treinta  [caudalosos  ríos:  llámanle  los  natura- 
les en  este  paraje  Vza. 

Desciende  de  las  Cordilleras  de  Pasto  ázia 
«1  nuevo  Reino  de  Granada,  tiene  mucho  oro, 
y  según  nos  afirmaron,  está  muy  poblado  de 
Gentiles;  á  cuya  causa  se  retiraron  con  alguna 
pérdida  los  Españoles  que  por  él  baxaron  po- 
cos años  há. 

Los  nombres  de  las  Prouincias  que  le  ha- 
bitan, son:  Yurunas,  Guaricús,  Yacariguaras, 
Parianas,  Ziyus,  Atuais,  Cunas,  y  los  que  más  á. 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 25 

sus  principios  de  vna  y  otra  vanda,  como  se- 
ñores deste  Rio,  le  pueblan,  son  los  Omaguas, 
á  quienes  los  Aguas  de  las  Islas  llaman  Orna- 
guasyeté,  que  quiere  dezir  Omaguas  verda- 
deros. 

A  las  cinquenta  leguas  desta  boca,  á  la  par- 
te  contraria,  encontramos  la  de  vn  hermoso  y 
caudaloso  Rio,  que  trayendo  su  origen  de  ázia 
el  Cuzco,  feneze  en  el  de  las  Amazonas  en  al- 
tura de  tres  grados  y  medio;  llámanle  los  natu- 
rales Yetaú,  y  tiene  entre  ellos  mucho  nombre, 
así  por  sus  riquezas,  como  por  la  multitud  de 
naciones  que  sustenta,  como  son  las  Tipunas, 
Gunarús,  Ozuanas,  Morúas,  Naunas,  Conomo- 
mas,  Marianas/y  los  vltimos  que  más  se  aue- 
zindan  á  los  Españoles  que  pueblan  el  Perú, 
son  los  Omaguas,  que  dicen  son  gente  riquísi- 
ma de  oro,  que  traen  en  grandes  planchas  pen- 
dientes de  las  orejas  y  narices,  y  si  no  me  en- 
gaña mi  discurso,  según  lo  que  leí  en  la  histo- 
ria del  tirano  Lope  de  Aguirre,  esta  era  la  Pro- 
uincia  de  los  Omaguas,  en  cuyo  descubrimien- 
to iva  Pedro  de  Orsua,  inuiado  del  Virey  del 
Perú,  por  las  muchas  noticias  que  de  sus  aue- 
res  auia  publicado  la  fama.  Pero  el  no  encon' 
trar  con  ella,  nació  de  que  tomando  su  entra- 
da por  vn  brago  de  Rio  que  sale  algunas  leguas 
más  abaxo,  'quando  desembocó  en  el  de  las 


126  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

Amazonas,  ya  quedauan  estas  Naciones  tan 
arriba,  que  le  fué  imposible  el  voluer  á  ellas 
rezeloso  del  ímpetu  de  las  corrientes,  y  princi- 
palmente por  el  poco  gusto  con  que  ya  sus  sol- 
dados tituveauan. 

Es  este  Rio  de  Yetaú  muy  abundante  de 
pesca  y  caca,  y  que  según  las  informaciones  de 
sus  moradores,  se  puede  nauegar  por  él  con 
facilidad,  por  ser  de  suficiente  fondo,  y  las  cor- 
rientes moderadas. 


NVMERO  LV 

Fiti  de  la  Prouincia  de  los  Aguas,  y  Rio  del 
Cuzco. 


IGUIENDO  el  curso  de  nuestro  Rio 
principal,  dimos  á  las  catorce  leguas  en 
la  vltima  población  de  la  dilatada  Prouincia  de 
los  Aguas,  que  fenece  con  vn  lugar  muy  popu- 
loso, y  de  muchos  soldados,  en  fin  como  pri- 
mera fuerza  que  por  esta  parte  resiste  el  ímpe- 
tu de  sus  contrarios.  De  los  quales  en  espacio 
de  cinquenta  y  quatro  leguas,  ningunos  pueblan 
las  riberas  del  Rio,  de  suerte  que  del  se  de  vis- 
ta á  sus  rancherias,  mas  algo  retirados  á  dentro 
en  la  Tierra-Firme,  por  pequeños  brazuelos* 
salen  á  buscar  del  lo  que  necesitan. 

Estos  son  en  la  vanda  del  Norte  los  Caris 
y  Guayrabas;  y  en  la  del  Sur,  Cachiguarás  y 
Tucuriys.  Pero  aunque  como  digo  no  pudimos 
dar  vista  á  estas  naciones,  dímosla  á   la  boca 


128  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

del  Rio,  que  con  razón  le  podemos  llamar  del 
Cuzco,  pues  según  vn  regimiento  desta  naue- 
gacion,  que  vi  de  Francisco  de  Orellana,  está 
Norte  Sur  con  la  misma  ciudad  del  Cuzco.  En- 
tra en  el  de  las  Amazonas  en  cinco  grados  de 
altura,  y  á  las  veinte  y  cuatro  leguas  del  vltimo 
pueblo  de  los  Aguas:  llámanle  los  naturales 
Yurúa,  que  tendiéndose  hasta  sus  orillas,  que- 
da como  aislada  entre  entrambos  Rios.  Y  este  es 
por  donde  Pedro  de  Orsua  baxó  del  Pera,  si 
mi  fantasía  no  me  engaña. 


NVMERO   LVI 

Prouincia  donde  se  halló  oro 


'EINTE  y  ocho  leguas  más  abaxo  del 
Rio  Yurua,  á  la  mesma  vanda  del  Sur, 
en  tierras  de  muy  altas  barrancas,  da  principio 
la  muy  poblada  nación  de  los  Curuzirarís,  que 
siguiendo  siempre  vna  ribera  corre  por  espacio 
de  ochenta  leguas,  tan  continuadas  sus  pobla- 
ciones, que  apenas  se  pasanan  quatro  horas 
sin  encontrar  otras  de  nueuo;  y  á  vezes  por  es- 
pacio de  medio  dia  entero  no  cesáuamos  de 
mirar  sus  rancherías. 

Destas  las  más  halláuamos  sin  gente,  que 
con  nueuas  falsas  de  que  ueníamos  destruyen- 
do, matando,  y  cautiuando,  casi  todos  estauan 
retirados  á  los  montes,  fuera  de  que  ellos  son 
de  suyo  de  naturales  más  esquiuos  que  otros 
ningunos  deste  Rio. 

9 


I30  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

Si  bien  no  muestran  menos  gouierno  y  po- 
licía, según  se  echó  de  ver,  así  por  los  muchos 
mantenimientos  de  que  estauan  preuenidos, 
como  también  por  las  alajas  de  sus  casas,  que 
para  el  beneficio  de  las  cosas  tocantes  á  la  vida 
eran  de  las  mejores  de  todo  el  Rio. 

Tienen  en  las  barracas  donde  moran  muy 
buen  barro  para  todo  género  de  basijas,  y 
aprouechándose  del,  fabrican  grandes  ollerías, 
en  que  labran  tinajas,  ollas,  hornos  en  que  cue- 
zen  sus  harinas.  Cazuelas,  jarros,  librillos  y 
hasta  sartenes  bien  formadas,  teniendo  todo 
esto  preuenido  para  trato  común  con  las  de- 
mas  Naciones,  que  obligadas  de  la  necesidad 
que  destos  géneros  pasan  en  sus  tierras,  vienen 
á  hazer  grandes  cargazones  de  ellos,  recibien- 
do por  paga  las  cosas  de  que  ellos  necesitan. 

A  la  primera  aldea  desta  Nación  viniendo 
Rio  abaxo,  llamaron  los  Portugueses,  á  la  su- 
bida, aldea  del  Oro,  por  auer  hallado  en  ella  y 
rescatado  alguno,  que  en  planchas  pequeñas 
traían  los  Indios  pendientes  de  las  narices,  y 
orejas,  que  en  Quito  se  provó,  y  halló  ser  de 
veinte  y  vn  quilates  mucho  de  ello. 

Como  los  naturales  vieran  la  codicia  de  los 
Soldados,  y  que  tan  á  pechos  se  tomaba  el  ha- 
zer diligencia  para  que  se  les  entregasen  más 
de  aquellas  planchitas,  luego  las  recogieron 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  13  I 

todas,  sin  que  más  pareciese  ninguna,  lo  qual 
ooseruaron  también  á  la  buelta. 

De  suerte,  que  aunque  vimos  muchos  In- 
dios, solo  vno  trajo  dos  orejas  de  oro,  bien 
pequeñas,  que  yo  le  rescaté. 


NVMERO  LVII 

Minas  de  Oro. 


'O  se  pudo  á  la  subida  de  la  Armada 
aueriguar  con  fundamento  cosa  alguna 
de  cuantas  se  encontraron  en  este  Rio,  porque 
jamás  tuvieron  lenguas,  con  quienes  hazer  la 
Inquisición,  y  si  de  algo  les  pareció  á  los  Por- 
tugueses, que  podían  dar  razón,  era  de  lo  que 
por  señas  auian  entendido;  las  quales  eran  tan 
inciertas,  que  cada  uno  las  aplicaua  á  lo  que 
tenía  en  su  pensamiento. 

Todo  lo  qual  cesó  á  la  buelta.  queriendo 
nuestro  Señor  fauorecer  á  esta  jornada,  con 
preuenirla  de  ordinario  de  buenos  lenguas,  por 
medio  de  los  quales,  se  aueriguó  todo  lo  que 
se  contiene  en  esta  relación. 

La  que  á  mí  me  dieron  de  las  minas  de 
donde  se  sacaua  este  oro  es  la  que  aquí  diré. 

Enfrente  desta  aldea  algo  más  arriba  á  la 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 33 

vanda  del  Norte,  entre  vn  Rio  llamado  Yuru- 
pazí,  subiendo  por  él  qual,  y  atrauesando  en 
cierto  parage  por  tierra  tres  dias  de  camino 
hasta  llegar  á  otro  que  se  llama  Yupura,  por 
él  se  entra  en  el  Yquiari  que  es  el  Rio  de  el 
Oro,  donde  de  el  pie  de  vna  sierra  que  allí 
está,  le  sacan  los  naturales  en  grande  cantidad; 
y  este  oro,  todo  es  en  puntas  y  granos  de  buen 
tamaño,  de  los  quales  forman  á  fuerga  de  ba- 
tirlo, las  planchas  que  ya  diximos  cuelgan  de 
las  orejas  y  narices. 

Los  naturales  que  contratan  con  los  que 
sacan  este  oro,  se  llaman  Managús,  y  los  mis- 
mos que  habitan  el  Rio,  y  se  ocupan  en  sacar- 
lo, Yumaguaris,  que  quiere  dezir  sacadores  de 
metal;  porque  Yuma,  es  el  metal,  y  Guaris  los 
que  lo  sacan,  y  llaman  todo  género  de  metales 
con  este  nomhre  general  de  Yuma,  y  así  para 
qualquiera  herramienta  de  las  nuestras,  como 
eran  hachas,  machetes,  y  cuchillos,  vsauan  des- 
te  mismo  bocablo  Yuma. 

Dificultosa  parece  la  entrada  á  estas  minas 
por  los  inconuenientes  que  muestra  en  mudar 
Ríos,  y  abrir  caminos  por  tierra,  y  así  no  me 
satisfice  hasta  descubrir  otra  muy  más  fácil,  de 
que  adelante  diremos. 


NVMERO  LVIII 
Vsan  orejas  y  narices  agujereadas. 


iSTÁN  estos  Bárbaros  desnudos  todos» 
'así  hombres  como  mugeres,  sin  que  les 
sirua  su  riqueza  más  que  de  vn  pequeño  atauio 
con  que  adornar  orejas  y  narizes,  que  casi  to- 
dos tienen  agujereadas,  y  en  las  orejas  lo  afec- 
tan tanto,  que  á  muchos  les  cabe  todo  el  puño 
por  el  agujero  que  en  la  parte  de  abaxo,  don- 
de suelen  pender  los  zarcillos,  tienen,  trayén- 
dole  de  ordinario  ocupado  con  un  mazo  de 
ajustadas  ojas,  que  en  él  por  gala  acostum- 
bran. 

Por  la  vanda  de  enfrente  de  todas  estas  po- 
blaciones altas,  es  tierra  llana,  á  vna  mano,  y 
tan  cerrada,  así  de  otros  Rios,  como  de  los 
bracos  que  el  Caqueta  tiende  por  sus  orillas, 
que  aislada  en  grandes  lagos  corre  por  muchas 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


135 


leguas,  hasta  que  todos  encorporados  en  el 
Rio  Negro  se  juntan  con  el  principal. 

Están  pobladas  estas  Islas  de  muchas  nacio- 
nes, pero  la  que  más  se  extiende  por  ser  más 
populosa,  es  la  de  los  Zuanas. 


NVMERO  LIX 

Entrada  á  las  minas  del  Oro. 


//F^ATORCE  leguas  desta  aldea  que  llama- 
^i^^mos  del  Oro,  á  la  vanda  del  Norte,  sale 
la  boca  del  Rio  Yupura,  que  es  por  donde  se 
entra  en  el  del  Oro,  y  esta  es  la  más  cierta  y 
derecha  entrada  para  con  brevedad  llegar  á  dar 
vista  á  la  tierra  que  tan  liberal  ofrece  sus  te- 
soros. 

Es  la  altura  de  la  boca  deste  Rio  de  dos 
grados  y  medio:  como  también  la  de  vna  po- 
blación, que  quatro  leguas  más  abaxo,  en  la 
vanda  del  Sur,  está  situada,  sobre  vna  grande 
barranca,  al  desembocar  de  un  caudaloso,  y 
claro  Rio  que  los  naturales  llaman  Tapí,  y  tie- 
ne en  sus  riberas  mucha  multitud  de  Gentiles 
que  llaman  Paguanas. 

Son  todas  las  tierras  que,  como  dixe,  por 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


137 


espacio  de  ochenta  leguas  ocupan  esta  nación 
de  los  Curuzirarí,  muy  altas,  de  lindas  cam- 
piñas, y  yerbas  para  ganados,  arboladas  no  muy 
cerradas,  abundantes  lagos,  y  que  prometen 
muchas  y  buenas  comodidades  á  los  que  las 
poblaren. 


NVMERO  LX 

Lago  Dorado. 


-  EINTE  leguas  del  Rio  Tapí,  desagua 
en  el  de  las  Amazonas  el  Catuá,  que  for 
mando  en  la  boca  un  grande  lago  de  agua  ver- 
de, trae  él  su  origen  de  muchas  leguas  de  tier- 
ra á  dentro  á  la  vanda  del  Sur,  tan  pobladas 
sus  orillas  de  Bárbaros,  como  todas  las  demás. 
Si  bien  le  haze  uentaja  en  multitud  de  naciones 
diuersas,  otro  Rio,  que  con  el  nombre  de  Ara- 
ganaruba,  seis  leguas  más  abaxo,  sale  á  la  par- 
te del  Norte,  por  el  qual  también  se  comunica 
el  Yupura,  de  que  arriba  tratamos. 

Llámanse  estas  naciones  Yaguanais,  Mucu- 
nes,Mapiarús,  Aguaynaús,  Hutrunas,  Mariarúas, 
Yamarúas,  Terarús,  Liguiyas,  Guanapuris,  Piras, 
Mopiritus,  Ignaranis,  Aturiaris,  Macaguas,  Ma- 
fipias,  Guayacaris,  An duras,  Caguaraús,  Maray- 
mumas  y  Guanibis. 


DESCUBRIMIENTODEL  AMAZONAS  1 39 

Entre  estas  naciones,  que  todas  son  de  di- 
ferentes lenguas,  según  las  noticias  que  por  la 
parte  del  nueuo  Reyno  de  Granada  ay,  está  el 
deseado  Lago  Dorado,  que  tan  inquietos  tiene 
los  ánimos  de  toda  la  gente  del  Perú.  No  lo 
afirmo  de  cierto,  pero  algún  dia  querrá  Dios 
que  salgamos  desta  perplexidad.  Porque  no  la 
aya  con  el  nombre  de  vn  Rio  que  sale  á  la 
vanda  del  Norte,  diez  y  seis  leguas  de  Araga- 
natuba,  y  se  llama  como  él,  se  deue  advertir 
que  entrambos  á  dos  son  vno  mismo,  que  por 
dos  distintos  bracos  de  vn  nombre  desaguan 
en  el  de  las  Amazonas.  Y  á  las  veinte  y  dos 
leguas  deste  braco  vltimo  da  fin  la  populosa  y 
rica  nación  de  Curuzirarís,  pobladores  de  vno 
de  los  mejores  migajones  de  tierra  que  en  todo 
este  gran  Rio  encontramos. 


NVMERO  LXI 

Prouincia  de  Yoriman 


-^  OS  leguas  más  abaxo,  coi-iienca  la  más 
^^nombrada  y  belicosa  nación  de  todo 
el  Rio  de  las  Amazonas,  y  con  quien  es  en  sus 
primeras  entradas,  atemorizauan  a  toda  la  Ar- 
mada Portuguesa,  que  es  la  de  Yoriman.  Está 
á  la  vanda  del  Sur  ocupando,  no  solo  la  tierra 
firme  de  sus  orillas,  sino  también  mucha  parte 
de  sus  Islas,  y  aunque  de  longitud  se  estreeha 
en  pocas  más  de  sesenta  leguas,  como  se  apro- 
uecha  de  las  Islas  y  Tierra  firme  está  tan  so- 
brada de  gente,  que  en  parte  ninguna  vimos 
juntos  más  Bárbaros  que  en  ella.  Son  comun- 
mente más  bien  agestados  y  de  mejores  talles 
que  los  otros;  andan  desnudos  como  ellos,  y 
se  echa  de  ver  que  fian  de  su  valor,  pues  con 
gran  seguridad  entrauan  y  salian  entre  los  núes- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  I4T 

tros,  viniendo  cada  dia  al  Real  más  de  dos- 
cientas canoas  cargadas  de  niños  y  mujeres, 
con  frutas,  pescados,  harinas  y  otras  cosas,  que 
con  abalorios,  agujas  y  cuchillos  se  les  resca- 
tauan. 

Está  la  primera  población  desta  Prouincia 
situada  sobre  la  boca  de  un  Rio  cristalino,  que 
muestra  ser  muy  caudaloso  por  la  grande  mer- 
ca con  que  impele  las  aguas  del  principal.  Es- 
tará sin  duda  como  todos  los  demás,  susten 
tando  en  sus  riberas  otras  innumerables  nacio- 
nes, de  que  no  supimos  los  nombres  por  ca- 
minar de  paso  por  su  boca. 


NVMERO  LXII 

Vn  pueblo  de  más  de  vna  legua  de  largo 


\v^7  ^INTE  y  dos  leguas  de  la  primera  po- 
\¿/  blacion  de  Yoriman,  tiene  su  sitio  la 
mayor  que  en  todo  el  Rio  encontramos,  ocu- 
pando sus  casas  más  de  vna  legua  de  largo;  y 
no  uiue  en  cada  casa  una  sola  familia,  como 
de  ordinario  sucede  en  nuestra  España,  sino 
que  las  menos  que  debaxo  de  cada  techo  se 
sustentan  son  quatro  ó  cinco,  y  muchas  vezes 
más;  de  donde  se  podra  colegir  la  multitud  de 
todo  este  pueblo,  el  qual  pacífico  en  sus  casas 
nos  aguardó  sin  saltar  persona  dellas,  dándo- 
nos todos  los  mantenimientos  que  huvimos 
menester,  de  que  ya  el  exército  necesitaua. 

Aquí  estuvimos  cinco  dias,  y  en  ellos  se 
hicieron  para  matalotaje,  pasadas  de  quinien- 
tas fanegas  de  harina   de   mandioca,   con  que 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


M3 


huvo  de  comer  para  todo  lo  restante  del  cami- 
no. Este  proseguimos,  topando  muy  á  menudo 
poblaciones  desta  mesma  nación.  Pero  donde 
existe  junta  la  mayor  fuerca  della,  es  treinta 
leguas  mas  abaxo,  en  vna  grande  Isla,  cercada 
de  vn  braco  que  arroja  el  rio  principal,  en  vus- 
ca  de  otro  que  le  viene  á  pagar  tributo,  y  jun- 
tamente por  las  riueras  deste  nueuo  güésped, 
donde  son  tantos  estos  naturales,  que  con  ra- 
zón, aunque  no  sea  más  que  por  su  multitud, 
son  temidos  y  respetados  de  todos  los  demás. 


NVMERO  LXIII 
Rio  de  los  Gigantes. 


JEZ  leguas  adelante  del  sitio  referido, 
da  fin  la  Prouincia  de  Yoriman.  Y  pa- 
sadas otras  dos,  desemboca  á  la  vanda  del  Sur 
un  famoso  Rio,  que  los  Indios  llaman  Cuchi- 
guará. 

Es  nauegable,  aunque  en  partes  con  algu- 
nas piedras;  tiene  mucho  pescado,  gran  suma 
de  tortugas  abundancia  de  maiz  y  mandioca,  y 
todo  lo  necesario  para  facilitar  su  eutrada. 

Está  poblado  este  Rio  de  varias  naciones, 
que  comenzando  por  su  boca,  y  prosiguiendo 
por  él  arriba,  son  las  siguientes: 

Los  Cachiguaras.  que  toman  el  mesmo  nom- 
bre del  Rio,  Cumayaris,  Guaquiaris,  Cuyariya 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 45 

yanas,  Curucurus,  Quatanfis,  Mutuanis,  y  por 
fin  y  remate  de  todos  están  los  Curiguerés,  que 
según  las  informaciones  de  los  que  los  auían 
visto,  y  que  se  ofrecían  á  lleuamos  á  su  tierra, 
son  Gigantes  de  diez  y  seis  palmos  de  altura, 
muy  valientes,  andan  desnudos,  traen  grandes 
patenas  de  oro  en  las  orejas  y  narizes,  y  para 
llegar  á  sus  pueblos  son  necesarios  dos  meses 
continuos  de  camino  desde  la  boca  del  Cuchi- 
guará. 

Por  el  de  las  Amazonas  abaxo,  á  la  vanda 
del  Sur,  corren  los  Caripunás,  y  Zurinas,  gen- 
te la  más  curiosa  que  hay  en  todo  él,  en  labrar 
de  manos,  sin  más  herramienta  que  las  que 
arriba  dixe,  hacen  bancos  forjados  en  forma  de 
animales,  con  tanto  primor,  y  tan  acomodados 
para  tener  el  cuerpo  con  descanso,  que  ni  la 
comodidad,  ni  el  ingenio,  los  pudiera  fingir 
mejores. 

Labran  estólicas,  que  son  sus  armas,  de 
palos  muy  vistosos,  tan  delicadamente,  que  con 
razón  las  codician  las  demás  naciones. 

Y  lo  que  más  es,  sacan  de  un  tosco  leño 
vn  Idolillo  tan  al  natural,  que  tuvieran  bien 
que  aprender  dellos,  muchos  de  nuestros  Es- 
cultores. 

Y  no  solo  les  son  todas  estas  obras  de 
entretenimiento    y   comodidad    propia,   sino 

10 


146  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

también  de  mucho  prouecho,  hallando  á  true- 
que dellas,  entre  las  demás,  todo  lo  que  han 
menester. 


NVMERO  LXIIII 
Rio  Basururú,  y  sus  naciones. 


Ij/¡F\  f^REINTA  y  dos  leguas  de  donde  des- 
¿i-L'i  agua  este  Rio  Cuchiguará  lo  haze  tara- 
bien,  á  la  vanda  ¡del  Norte  otro,  con  nombre 
entre  los  naturales,  de  Basururú,  que  diuidido 
la  tierra  adentro  en  grandes  lagos,  la  tiene  toda 
partida  en  muchas  Islas,  las  quales  todas  pue- 
blan infinitas  naciones. 

Son  tierras  altas,  y  que  nunca  se  anegan, 
por  mayores  inundaciones  que  aya,  muy  férti- 
les de  mantenimientos,  así  de  maízes,  mandio- 
ca y  frutas,  como  también  de  ca^as,  y  pescados, 
con  que  los  naturales  viuen  hartos,  y  se  multi- 
plican cada  día  más. 

Llámanse  en  general  todas  las  naciones  que 
habitan  este  dilatado  sitio,  Carabayanas;  y  en 
particular  las  Prouincias  en  que  están  divididos, 
son  las  siguientes: 


148  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

Caraguanas,  Pocoanas,  Vrayarís,  Mafuca* 
ruanas,  Quererús,  Cotacarianas,  Moacaránas, 
Yaribarus,  Yarucaguacus,  Cumaruruayanas  y 
Curuanaris. 

Vsan  estos  Indios  de  arco  y  flecha;  ay  entre 
algunos  dellos  herramientas  de  yerro,  como 
son  hachas,  machetes,  podones  y  cuchillos,  y 
preguntando  con  cuydado  por  los  lenguas,  de 
donde  les  vienen,  responden  que  las  compran 
de  los  naturales  que  por  aquella  parte  están 
más  cercanos  al  mar,  á  los  quales  se  las  dan 
vnos  hombres  blancos  como  nosotros,  que 
vsan  nuestras  mesmas  armas,  espadas  y  arca- 
buzes,  que  en  la  costa  del  mar,  tienen  su  habi- 
tación y  que  solo  se  distinguen  de  nosotros  en 
el  cabello,  que  á  vna  mano  le  tienen  todos 
amarillo,  señas  bastantes  para  poderse  colegir 
con  claridad,  son  los  Olandeses,  que  hacia  la 
boca  del  Rio  Dulce,  ó  el  Felipe,  ha  dias  tienen 
tomada  posesión. 

Y  el  año  de  treinta  y  ocho,  dieron  con 
fuerca  de  gente  en  la  Guayana,  jurisdición  del 
nueuo  Reino  de  Granada,  y  no  solo  se  apode- 
raron della,  sino  que  fué  tan  de  improuiso, 
que  no  pudiendo  los  nuestros  sacar  el  San- 
tísimo Sacramento,  quedó  cautiuo  en  poder 
de  sus  enemigos,  que  como  sabían  quan  esti- 
mada es  esta  prenda  entre  los  Católicos,  espe- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


149 


rauan  grande  rescate  por  ella,  el  que  se  les 
aparejaua  quando  salimos  de  aquellas  partes, 
eran  buenas  compañías  de  Soldados,  que  con 
ánimo  Christiano,  iuan  á  dar  las  vidas  por  res- 
catar á  su  Señor;  con  cuyo  fauor,  se  lograrían 
sin  duda  tan  buenos  deseos. 


NVMERO  LXV 

Rio  Negro. 


VN  no  treinta  leguas  cabales  más  abaxo 
de  Bafururú  en  la  misma  vanda  del 
Norte,  en  altura  de  quatro  grados,  sale  al  en- 
cuentro del  de  las  Amazonss  el  mayor,  y  más 
hermoso  Rio,-  que  en  más  de  mil  y  trescientas 
leguas  le  rinde  vasallage. 

Si  bien  como  tan  poderoso  en  su  entrada, 
que  es  de  legua  y  media  de  ancho,  parece  que 
se  corre  de  reconocer  otro  mayor,  y  aunque  el 
de  las  Amazonas  con  todo  su  caudal  le  echa 
los  bracos,  no  se  le  queriendo  sugetar  hombro 
con  hombro,  sin  respeto  alguno,  señoreando 
de  la  mitad  de  todo  el  Rio,  le  acompaña  por 
más  de  doze  leguas,  distinguiéndose  claramen- 
te las  unas  aguas  de  las  otras,  hasta  que  no  su- 
friendo el  de  las  Amazonas  tantas  mayorías, 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  151 

reuoluiéndole  en  sus  turbias  hondas,  le  hace 
entrar  por  camino,  y  reconocer  por  dueño  al 
que  él  quería  auasallar. 

Llamaron  los  Portugueses,  y  con  mucha 
razón  á  este  gran  Rio  el  Negro,  porque  en  su 
boca,  y  muchas  leguas  más  adentro,  el  mucho 
fondo  que  tiene  y  la  claridad  del  agua  que  de 
inmensos  lagos  en  él  vierte,  le  hazen  parecer 
tan  negras  sus  hondas,  como  si  de  propósito 
estubieran  teñidas,  si  bien  fuera  de  su  natural 
son  cristalinas. 

Haze  su  curso  de  Oeste  á  Leste  en  sus  prin- 
cipios, aunque  las  bueltas  son  tantas,  que  á  dis- 
tancias muy  cortas  muda  rumbos  diferentes;  el 
que  trae  por  muchas  leguas  antes  de  entrar  en 
el  de  las  Amazonas  es  el  de  Poniente  á  Orien- 
te. Llámanle  los  naturales  que  le  habitan  Curi- 
guacurú. 

Si  bien  los  Tupinambas,  de  quienes  des 
pues  diremos,  le  pusieron  por  nombre  Vruna, 
que  en  su  lengua  quiere  dezir  agua  Negra. 

Como  también  llamaron  al  principal  de  las 
Amazonas  en  este  parage,  Paranaguazú,  que 
significa  Rio  grande,  á  distinción  de  otro  me- 
nor, pero  muy  caudaloso,  que  llaman  Para- 
namirí,  esto  es,  Rio  pequeño,  que  desagua  á  la 
vanda  del  Sur,  vna  legua  antes  de  el  Rio  Ne- 
gro, que  afirman  estar  muy  poblado  de  dife- 


152  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

rentes  naciones;  la  vltima  de  las  quales  está 
vestida,  y  vsan  sombreros;  señal  cierta  de  que 
se  auezindan  á  los  Españoles  de  el  Perú. 

Los  que  lo  están  á  las  aguas  de  el  Rio  Ne- 
gro, son  grandes  Prouincias,  es  á  saber  los 
Canizuarís,  Aguayras,  Yacuncaraes,  Cahuayapi- 
tis,  Manacarús,  Yanmas,  Guanamas,  Carapana- 
ris,  Guarianacaguas,  Azerabarís,  Curupatabas,  y 
los  que  primero  pueblan  vn  braco  que  este  Rio 
arroja,  por  donde  según  informaciones,  se  vie- 
ne á  salir  al  Rio  Grande,  en  cuya  boca  en  el 
mar  del  Norte  están  los  Olandeses,  con  los 
Guanranaquazanas . 

Vsan  todas  estas  Naciones  de  arco  y  flecha, 
muchas  dellas  enherboladas  con  poncoña. 

Son  todas  las  deste  Rio  tierras  altas,  de 
lindo  migajon,  y  que  cultiuadas,  prometen  qua- 
lesquier  frutos,  aun  de  los  de  nuestra  Europa 
en  algunas  partes;  tienen  muchas  y  buenas 
campiñas  cubiertas  de  sazonados  pastos  para 
poder  en  ellas  pastar  innumerables  cabecas  de 
ganados. 

Produze  grandes  arboles  de  buenas  made- 
ras para  todo  género  de  embarcaciones  y  edi- 
ficios, que  no  solo  con  ellas,  sino  también  con 
muy  bueua  piedra  de  que  este  sitio  abunda  se 
pueden  edificar. 

Están  sus  orillas  pobladas  de  todo  género 


DESCUBRIMIENTODEL  AMAZONAS  1 53 

de  caga,  verdad  es,  que  el  pescado  en  este  Rio 
no  es  tanto  como  en  el  de  las  Amazonas,  á 
causa  de  ser  sus  aguas  tan  claras,  si  bien  en  la- 
gos que  la  tierra  adentro  haze,  siempre  se  coge 
á  manos  llenas. 

Tiene  en  su  boca  buenos  sitios  para  forta- 
lezas, y  mucha  piedra  para  fabricarlas,  con  que 
se  podrá  defender  la  entrada  al  enemigo  que 
quisiere  salir  por  él  al  principal. 

Aunque  yo  juzgo,  que  no  en  este  parage, 
sino  muchas  leguas  más  adentro,  en  el  brago 
que  desemboca  al  Rio  grande,  que  ya  dixe, 
desagua  en  el  Occéano,  es  donde  más  segura- 
mente se  deuiera  poner  toda  defensa,  con  que 
quedaua  del  todo  cerrado  el  paso  al  enemigo, 
para  todo  este  nueuo  mundo,  que  sin  duda  co- 
dicioso ha  de  intentar  en  algún  tiempo. 

No  me  atreuo  á  afirmar,  si  el  Rio  grande, 
en  quien  desemboca  este  braco  del  Negro,  es 
dulce  ó  el  Felipe,  aunque  mucho  me  inclino  á 
este  segundo,  según  buenas  demarcaciones, 
pues  este  es  el  primer  Rio  de  consideraciou 
que  pasadas  algunas  leguas,  entra  en  el  mar 
después  del  Cauo  del  Norte;  lo  que  puedo  de- 
terminadamente asegurar,  es,  que  en  ninguna 
manera  es  el  Orinoco,  cuya  principal  boca  cae 
enfrente  de  la  Isla  de  la  Trinidad,  más  de  cien 
leguas  más  abaxo  de  donde  desagua  el  Rio  de 


154  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

Felipe,  por  el  qual  salió  á  la  mar  del  Norte 
Lope  de  Aguirre,  y  pues  él  lo  nauegó,  podrá 
también  otro  qualquiera  entrar,  por  donde  vna 
vez  se  abrió  camino. 


NVMERO  LXVI 


Intentan  los  Portugueses  entrarse  por  el 
Rio  Negro. 


^cS\ITUADA  estaua  la  Armada  Portuguesa 
^S^^de  buelta  de  viaje,  en  la  boca  del  Rio 
Negro,  á  los  doze  de  Octubre  de  seiscientos  y 
treinta  y  nueue,  quando  considerándose  los 
Soldados  ya  como  á  las  puertas  de  sus  casas, 
y  boluiendo  los  ojos  no  sobre  los  acrecenta- 
mientos que  traian,  que  esos  eran  ningunos, 
sino  sobre  las  pérdidas  que  en  espacio  de  más 
de  dos  años  que  auian  andado  en  este  descu- 
brimiento, auian  tenido,  que  no  eran  pocas. 

Y  enterados  por  otra  parte  que  los  serui- 
cios  hechos  á  su  Magestad  en  estas  conquistas 
ninguna  satisfacción  auian  de  tener  en  tierras 
donde  los  que  más  sangre  han  derramado  en 
semejantes  ocasiones,  están  oy  aniquilados,  y 


156  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

muriendo  de  hambre,  por  no  poder  parecer 
delante  de  quien  los  pudiera  premiar. 

Determinaron  atraer  á  su  voluntad  la  de  el 
Capitán  Mayor,  persuadiéndole  que  ya  que  su 
pobreza  les  obligaua  á  buscar  algún  remedio 
con  qne  poder  pasar,  y  las  noticias  de  los  mu 
chos  esclauos  que  en  lo  interior  deste  Rio  Ne- 
gro poseían  los  naturales,  ofrecía  la  ocasión 
en  la  mano  no  permitiesen  dexarla  pasar  sin 
aprouecharse  della,  dando  orden  de  que  la 
gente  siguiese  esta  derrota,  pues  con  los  mu- 
chos esclauos  que  deste  Rio  se  sacase,  cuando 
no  lleuasen  otra  cosa,  serian  bien  recebidos  de 
los  del  Para,  y  sin  ellos  sin  duda  serían  teni- 
dos por  hombres  para  poco,  pues  pasando  por 
tantas  y  tan  diferentes  Naciones,  y  auiendo  en- 
contrado tantos  esclauos,  se  salían  con  las  ma- 
nos vacías;  y  más  hauiendo  hombres  en  estas 
Conquistas  que  á  las  puertas  de  sus  casas  sa- 
ben hazer  esclauos  de  que  se  siruen. 

Muestras  daua  el  Capitán  Mayor  de  querer- 
les dar  gusto,  quizá  porque  ellos  eran  muchos, 
y  él  solo,  y  así  dio  permiso  de  que  se  pusiesen 
velas  en  las  embarcaciones,  porque  el  viento 
en  popa  fauorable  para  la  entrada  las  pedía. 

Alborotados  estauan  todos  con  esta  deter- 
minación, y  nadie  se  prometía  menos  que  mu- 
cho número  de  esclauos,  y  persona  hubo  que 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  I  57 

no  se  contentaua  él  solo  si  no  llegauan  á  tres- 
cientos los  que  le  tocasen  de  su  parte. 

Cuydado  y  no  pequeño  me  pudiera  dar  esta 
resolución,  á  no  conozer  el  noble  ánimo  de 
nuestro  Caudillo,  que  desinteresado  de  seme- 
jantes empleos,  estaua  yo  muy  confiado  de  que 
seguiría  en  primer  lugar  lo  que  fuese  en  servi- 
cio de  ambas  Magestades. 

Con  esta  confianca,  después  de  hauer  dicho 
Misa,  recogiéndome  aparte  con  mi  compañe- 
ro, deseoso  de  por  todas  vias  impedir  intentos 
tan  descaminados,  hizimos  el  papel  siguiente. 


NVMERO  LXVII 

Requerimie?ito  hecho  al  exército. 


^^  OS  Padres  Christoual  de  Acuña  y  An- 
[r?  ^1/ dres  de  Artieda,  Religiosos  de  la  Com- 
pañía de  Iesús,  personas  á  quienes  el  Rey  nues- 
tro señor,  por  vna  Real  prouision  despachada 
por  su  Real  Audiencia  de  la  Ciudad  de  San 
Francisco  del  Quito,  en  los  Reynos  del  Perú, 
á  veinte  y  quatro  dias  del  mes  de  Enero  deste 
presente  año  de  mil  y  seiscientos  y  treinta  y 
nueue,  manda,  y  encarga,  que  auiendo  venido 
en  compañía  desta  armada  Portuguesa  por 
todo  este  gran  Rio  de  las  Amazonas,  nueua- 
mente  descubierto,  tomemos  noticia  suficiente, 
y  la  más  clara  que  ser  pueda,  de  las  naciones 
que  en  él  habitan,  rios  que  se  le  juntan,  y  lo 
demás  necesario  para  que  en  el  Real  Consejo 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 59 

de  las  Indias,  se  haga  pleno  concepto  desta 
empresa,  y  que  hauiéndolo  hecho  así  con  la 
mayor  breuedad  posible  pasásemos  á  España 
á  dar  quenta  á  su  Magestad  de  todo,  sin  que 
perdona  alguna  nos  pueda  impedir  la  execu- 
cion  de  todo  lo  referido. 

Como  más  largamenta  constará  por  la  di- 
cha Real  prouision,  que  en  nuestro  poder  vie- 
ne, y  siendo  necesario  estamos  prestos  para 
mostrarla  a  todos,  como  la  hauemos  hecho  á 
algunas  de  las  principales  Cabecas  deste  exér- 
cito. 

Al  presente  hauiendo  entendido  por  dicho 
de  muchos,  y  por  las  velas  que  se  disponen 
para  la  nauegacion,  que  el  Capitán  Mayor  Pe- 
dro Texeira,  y  los  demás  Capitanes,  y  Oficia- 
les mayores  desta  dicha  armada,  en  cuya  com- 
pañía venimos  por  mandado  de  su  Magestad, 
intentan  dilatar  más  el  viage  entrándose  por  el 
Rio  Negro,  en  cuya  boca  al  presente  nos  ha- 
llamos, con  desinio  de  rescatar  piezas  esclauas 
del,  para  lleuarks  por  tales  á  svs  haziendas  del 
para  y  Marañon,  como  acostumbran  hazer  en 
todas  las  entradas  que  desde  el  dicho  Para  ha. 
zen  á  los  naturales  que  habitan  en  sus  con- 
fín es. 

Y  porque  en  e&to  se  ha  de  gastar  forzosa* 
mente  mucho  tiempo,  á  dicho  de  personas  ex- 


IÓO  CRISTOUAL   DE   ACUÑA 

perimentadas  en  semejantes  entradas,  y  ha  de 
auer  otros  muchos  inconuenientes. 

Por  acudir  á  la  obligación  que  nos  corre,  y 
para  descargo  nuestro  ante  la  Real  persona  de 
su  Magestad  en  nombre  suyo,  hablando  con 
el  acatamiento  deuido,  requerimos  al  Capitán 
Mayor  Pedro  Texeira,  al  Coronel  Benito  Ro- 
dríguez de  Oliuera,  al  Sargento  Mayor  Felipe 
de  Matos,  á  los  Capitanes  Pedro  de  Acosta  y 
Pedro  Bayon,  y  á  los  demás  Oficiales  viuos, 
que  al  presente  se  hallan  gouernando  este  exér- 
cito  en  la  boca  deste  Rio  Negro. 

Que  por  quanto  ya  su  Magestad  tiene  noti- 
cia, por  la  Real  Audiencia  de  la  Ciudad  de 
Quito,  y  por  su  Virey  del  Perú,  del  despacho 
de  nuestras  personas  para  los  fines  de  susodi- 
chos, y  de  la  breuedad  con  que  se  esperaua 
auíamos  de  llegar  á  su  Real  presencia,  pues  se- 
gún el  dicho  Capitán  Mayor  Pedro  Texeira,  y 
otros  muchos  de  su  compañía  aseguraron  á  los 
señores  de  la  dicha  Real  Audiencia  de  Quito, 
que  auíamos  de  estar  en  el  Para  dentro  de  dos 
meses  y  medio,  de  aquí  á  seis  dias  se  cumpli- 
rán ocho  meses,  que  salimos  de  dicha  Ciudad 
de  Quito,  y  aun  faltan  seiscientas  leguas,  des- 
de este  puerto  al  de  Para,  de  cuya  dilación 
pueden  resultar  muchos  y  graues  inconue- 
uientes.  Como  son:  el  dilatar  su  Magestad   la 


I 

DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  IÓI 

fortificación  deste  Rio,  que  tantos  años  há  de- 
sea se  descubra,  esperando  la  breuedad  con 
que  nosotros  hauíamos  de  llegar  con  las  infor- 
maciones del,  y  en  el  Ínterin  apoderarse  el 
enemigo  de  sus  principales  entradas,  cosa  que 
resultará  gran  perjuizio  á  su  Real  Corona. 

Y  juntamente  tan  buenos  y  esforzados  Ca- 
pitanes, como  aquí  van,  harán  sin  duda  con 
tantas  dilaciones  grande  falta  á  la  fortaleza  del 
Para,  á  donde  si  el  enemigo  llegase,  estando 
ellos  ausentes,  sería  muy  cierta  su  pérdida. 

Demás  desto,  los  Indios  deste  Rio  Negro, 
donde  se  pretende  entrar,  son  á  juizio  de  todos 
gente  muy  belicosa,  y  de  arco  y  flecha  nenia- 
da con  que  nos  podrán  hazer  mucho  daño,  y 
más  viendo  la  poca  fuerga  de  los  Indios  ami- 
gos, que  nos  han  quedado;  muchos  de  los 
quales  están  enfermos,  y  otros  son  muchachos 
sin  experiencia  de  guerra,  y  todos  á  vna  mano 
con  ningún  gusto  de  hazer  la  dicha  entrada,  de 
que  puede  resultar  la  total  perdición  deste 
exército,  fuera  de  que  yendo  con  poco  gusto 
podrá  ser  que  se  nos  huyan,  como  lo  han  he- 
cho los  más  de  los  que  salieron  del  Para,  y 
más  viéndose  ya  á  las  puertas  de  sus  casas. 

Aquí  añadimos  que  los  esclauos  que  se 
pretendan  sacar,  ay  mucha  dificultad  si  se  pue- 
de hazer  con  buena  conciencia  (exceptos  los 

ii 


1 6  2  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

que  fuesen  necesarios  para  lengvas)  porque 
esta  tierra  es  nueua,  y  aunque  aya  cédulas  de 
su  Magestad  (como  se  dize)  para  sacar  esclauos, 
esto  es  en  la  jurisdicion  circunuezina  del  Para 
y  Marañon  y  con  las  demás  calidades  que  se 
requieren;  y  estos  deste  rio  no  se  sabe  á  qué 
jurisdicion  pertenezcan. 

Y  dado  caso  que  ninguna  de  las  dichas  ra- 
zones haga  fuerca,  y  que  se  consiguiese  el  fin 
que  de  la  dicha  jornada  se  desea,  que  es  sacar 
gran  cantidad  de  esclauos,  estos  mismos,  pol- 
las pocas  fuercas  que  para  guardarlos,  y  defen- 
dernos dellos  tenemos  al  presente,  podrá  ser 
que  sean  la  total  ruina  y  destrucción  de  to- 
dos. 

Por  .todo  lo  qual,  y  por  lo  demás  que  ofre- 
cerse pudiere  en  desservicio  de  las  dos  Mages- 
tades  Diuina,  y  humana,  y  perjuizio  de  la  sal 
uacion  de  tanta  inmensidad  de  almas  como  ay 
en  este  Rio. 

De  nueuo  vna  y  otra  vez  boluemos  á  reque- 
rir al  dicho  Capitán  Mayor  Pedro  Texeira,  Co- 
ronel; Sargento  Mayor,  Capitanes  y  Oficiales 
viuos  que  al  presente  gouiernan  este  exército, 
que  no  dando  lugar  á  dilaciones,  que  no  sean 
del  seruicio  de  Dios,  y  de  su  Magestad,  con 
toda  la  breuedad  se  procure  que  prosigamos 
nuestro  viaje  del  Para,  para  de  allí  pasar  á  Es- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 63 

paña,  á  cumplir  con  el  fin  y  obligaciones  de 
nuestra  legacía,  y  se  pueda  acudir  con  breue- 
dad,  teniéndolo  así  su  Magestad  por  bien,  á  la 
saluacion  de  tantas  almas  como  se  han  descu- 
bierto en  este  nueuo  Mundo,  que  miserables 
yacen  en  la  sombras  de  la  muerte. 

Y  si  lo  dicho  no  fuese  suficiente  para  obli- 
gar á  que  todos  juntos  prosigamos  nuestro  via- 
ge  con  la  dicha  breuedad,  requerimos  de  nue- 
uo con  la  Real  prouision  que  para  ello  trae- 
mos al  dicho  Capitán  Mayor  Pedro  Texeira,  y 
á  los  demás  Oficiales  del  exército,  que  para 
ello  tubieren  mano,  quedándonos  el  auio  ne- 
cesario, y  todo  buen  pasage  para  resguardo  de 
nuestras  personas,  se  nos  permita  proseguir  sin 
detención  nuestro  viage,  que  aunque  sea  con 
riesgo  de  enemigos,  lo  posponemos  todo,  por 
cumplir  con  lo  que  su  Magestad  nos  manda  en 
su  Real  Prouision. 

Y  lo  contrario  haziendo,  protestamos  de 
todos  los  daños  é  inconuenientes  que  de  la  di- 
lación que  hubiere  en  la  dicha  jornada  se  si- 
guieren, y  de  dar  quentá  dello  al  Real  Consejo 
de  las  Indias,  y  á  su  Real  persona  del  Rey 
nuestro  Señor,  como  se  nos  manda  lo  haga- 
mos. 

Y  vltimamente  para  resguardo  de  nuestras 
personas,  y  muestras  de  que  deseamos  cvmplir 


1 64  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

efectiuámente  con  lo  que  somos  mandados; 
Pedimos  se  le  ordene  al  Escriuano  nombrado 
deste  exército,  nos  dé  testimonio  de  todo  lo 
que  en  este  requerimiento  se  contiene,  y  de  lo 
que  á  él  nos  fuere  respondido.  c~t 


NVMERO  LXVIII 

Prosigue  el  viage,  y  del  Rio  de  la  Madera. 


'ECHO  este  papel  y  comunicado  con  el 
¡Capitán  Mayor,  alegrándose  él  mucho 
de  tener  ya  quien  se  pusiese  de  su  parte,  y  re- 
conociendo la  fuerca  de  las  razones,  mandó 
al  instante  recoger  las  velas,  cesar  con  las  pre- 
venciones, y  disponer  para  que  el  siguiente  dia, 
boluiendo  á  desembocar  por  la  boca  del  Rio 
Negro,  prosiguiésemos  todos  por  el  de  las 
Amazonas  abaxo  nuestro  viage. 

Hizímoslo  así,  y  á  las  quarenta  y  quatro  le, 
guas  dimos  con  el  gran  Rio  de  la  Madera,  lla- 
mado así  de  los  Portugueses,  por  la  mucha  y 
gruesa  que  traia  quando  le  pasaron,  pero  su 
nombre  propio  entre  los  naturales  que  le  habi- 
tan es  Cayarí. 

Desciende  de  la  vanda  del  Sur,  y  según  lo 


l66  CRISTOUAL   DE   ACUÑA 

que  aueriguamos,  se  forma  de  dos  caudalosos 
ríos  que  algunas  leguas  adentro  se  le  juntan; 
por  los  quales,  según  buenas  demarcaciones, 
y  según  las  señas  de  los  Tupinambás,  que  por 
él  baxaron,  es  por  donde  más  en  breue  que 
por  parte  alguna  se  ha  de  descubrir  salida  á 
los  más  cercanos  rios  de  la  comarca  de  Po- 
tosí. 

De  las  naciones  deste  rio,  que  son  muchas, 
las  primeras  se  nombran  Zarinas,  y  Cayanas,  y 
luego  se  van  siguiendo  los  Vrutihans,  Anama- 
ris,  Guarinumas,  Curanaris,  Erepunacas,  y  Aba- 
catis. 

Y  desde  la  boca  deste  rio,  corriendo  por  el 
de  las  Amazonas  abaxo  le  pueblan  los  Zapuca- 
yas,  Vrubutingas,  que  son  muy  curiosos  en  la- 
brar cosas  de  madera;  tras  estos  se  siguen  los 
Guaranaguacas  Maraguas,  Quimaus,  Burais,  Pu- 
nouys,  Oreguatus,  Aperas,  y  otros  cuyos  nom- 
bres no  pude  con  certeza  aueriguar. 


NVMERO  LXIX 
Isla  grande  de  los  Tupiíiambás. 


^\  fj^EINTE  y  ocho  leguas  de  la  boca  deste 
\J/  Rio,  caminando  siempre  por  la  mesma 
vanda  del  Sur,  está  una  hermosa  Isla,  que 
tiene  sesenta  de  largo  y  consiguientemente  más 
de  ciento  de  circuito,  poblada  toda  de  los  va- 
lientes Tupinambás,  gente  que  de  las  conquis- 
tas del  Brasil,  en  tierras  de  Pernambuco,  salie- 
ron derrotados  muchos  años  ha,  huyendo  del 
rigor  con  que  los  Portugueses  les  ivan  suge- 
tando. 

Salieron  tan  gran  nvmero  dellos,  que  des- 
poblando á  vn  i:iesmo  tiempo  ochenta  y  qua- 
tro  aldeas  donde  estauan  situados,  no  quedó  de 
todos  ellos  ni  vna  criatura  que  no  traxesen  en 
su  compañía. 

C  ogieron  siempre  á  mano  izquierda  las  fal 


1 68  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

das  de  la  Cordillera,  que  viniendo  desde  el  es- 
trecho de  Magallanes  ciñen  toda  la  América:  y 
descabezando  quantos  ríos  tributan  della  en  el 
Occeano,  llegaron  algunos  á  entrarse  con  Es 
pañoles  del  Perú  que  habitauan  en  las  caberas 
del  Rio  de  la  Madera. 

Estubieron  con  ellos  algún  tiempo,  y  por- 
que vn  Español  a$otó  á  vno,  por  auerle  muer- 
to vna  baca,  aprouechándose  de  la  ocasión  del 
Rio,  se  arrojaron  todos  por  sus  corrientes,  ui- 
niendo  á  dar  en  la  Isla  que  al  presente  ha- 
bitan. 

Hablan  estos  Indios  la  lengua  general  del 
Brasil,  que  también  corre  entre  casi  todos  los 
de  las  conquistas  del  Marañon,  y  Para. 

Dizen  también  que  como  salieron  tantos, 
que  no  pudiendo  por  aquellos  desiertos  sus- 
tentarse todos  juntos,  se  fueron  diuidiendo  en 
tan  dilatado  camino,  que  por  lo  menos  será  de 
más  de  nouecientas  leguas,  quedando  vnos  á 
poblar  unas  tierras  y  otros  otras,  de  quienes 
sin  duda  estarán  bien  llenas  todas  aquellas 
Cordilleras. 

Son  gente  de  grande  brio  en  la  guerra,  y 
bien  lo  mostraron  los  que  llegaron  á  estos 
parages,  donde  al  presente  habitan,  pues  sien- 
do ellos,  sin  comparación,  muchos  menos  que 
1  os  naturales  deste  Rio,  de  tal  suerte  les  asóla- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 69 

ron,  y  sugetaron  á  todos  aquellos  con  quienes 
tubieron  guerras,  que  consumiendo  naciones 
enteras,  á  otras  obligaron  á  dexar  de  miedo  su 
natural,  y  irse  peregrinos  á  tierras  extrañas. 

Vsan  estos  Indios  de  arco  y  flecha,  que  con 
destreza  disparan. 

Son  de  coracones  nobles  y  ahidalgados,  si 
bien  como  ya  casi  todos  los  que  al  presente  ay, 
son  hijos,  y  nietos  de  los  primeros  poblado- 
res, ya  se  van  acomodando  á  las  baxezas  y  ma. 
ñas  de  los  de  la  tierra,  con  cuya  sangre  están 
mezclados. 

Mostráronnos  todos  grande  agasajo,  dando 
muestras  de  que  en  breue  se  auían  de  reduzir 
á  viuir  entre  los  Indios  amigos  del  Para;  cosa 
que  será  sin  duda  de  mucho  vtil  para  conquis- 
tar todas  las  demás  naciones  deste  Rio,  si  se 
hubiere  de  poblar;  pues  á  solo  el  nombre  de 
Tupinambás  no  ay  ninguna  dellas  que  no  se 
rinda. 


NVMERO  LXX 

Noticias  que  dieron  los  Tufiinambás. 


»\ESTOS  ludios  Tupinambás  como  de 
gente  de  más  razón  y  que  no  necesitan 


de  Intérpretes,  por  correr,  como  ya  dixe,  entre 
ellos  lá  lengua  general,  que  muchos  de  los 
mesmos  Portugueses  hablan  con  eminencia, 
por  ser  nacidos  y  criados  en  aquellas  costas. 

Tubimos  algunas  notscias  que  aqní  diré, 
como  de  gente  que  tiene  corrido  y  sugeto  todo 
lo  circunuezino  á  su  jurisdicion,  se  pueden  te- 
ner por  ciertas. 

Dizen  que  cercanos  á  su  habitación,  á  la 
vanda  del  Sur  en  Tierra  firme,  viuen,  entre 
otras,  dos  naciones,  la  vna  de  enanos,  tan  chi- 
cos como  criaturas  muy  tiernas,  que  se  llaman 
Guayazís,  la  otra  de  vna  gente  que  todos  ellos 
tienen  los  pies  al  reués,  de  suerte  que  quien 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  171 

no  conociendo  los  quisiese  seguir  sus  huellas, 
caminaría  siempre  aí  contrario  que  ellos,  llá- 
manse  Mutayus,  y  sónles  tributarios  á  estos 
estos  Tupiuambás,  de  hachaa  de  piedra  para 
el  desmonte  de  los  árboles,  cuando  quieren 
cultiuar  la  tierra,  que  las  hazen  muy  curiosas, 
y  de  continuo  se  ocupan  de  labrarlas. 

A  la  vanda  de  enfrente,  que  es  la  del  Nor- 
te, dizen  que  están  continuadas  siete  Prouin- 
cias  bien  pobladas,  pero  que  por  ser  gente  para 
poco,  y  que  solo  se  sustentan  con  frutas,  y  ani- 
malillos  siluestres,  sin  jamás  sustentar  guerras 
entre  sí,  ni  con  otros,  no  hazen  dellos  ca¿o. 

También  afirman  que  con  otra  nación  que 
confina  con  esta  tubieron  pazes  mucho  tiempo, 
auiendo  comercio  entre  ellos  de  lo  que  cada 
una  en  su  Prouincia  abundaua,  y  lo  principal 
de  que  los  Tupinambás  se  proueían  era  de  sal, 
que  los  amigos  les  traían  por  sus  rescates,  que 
afirmauan  venirles  de  otras  tierras  vezinas  á  las 
suyas,  cosa  que  si  se  descubriese  sería  de  gran- 
de vtilidad  para  la  conquista,  y  poblaciones 
deste  Rio. 

Y  quanto  aquí  no  se  halle,  se  ha  de  descu- 
brir en  grande  abundancia  en  un  rio  de  los  que 
baxan  de  ázia  el  Perú;  de  donde  el  año  de 
treinta  y  siete,  estando  ya  en  la  Ciudad  de  Li- 
ma, salieron  dos  hombres  que  de  lance  en  lan- 


172  CHRISTOÜAL  DE  ACUÑA 

ce,  aportaron  por  aquellas  partes,  a  cierto  pa* 
rage,  donde  baxando  por  vno  de  los  ríos,  que 
en  este  principal  desaguan,  dieron  con  vn  gran 
cerro  todo  de  sal,  de  que  los  moradores  te- 
nían el  estanco,  sustentándose  ricos,  y  abun- 
dantes, con  las  pagas  qne  por  ella  recibían,  de 
los  que  de  más  lejos  la  venían  á  contratar. 

Y  no  es  nueuo  en  el  Perú,  y  en  todas  sus 
Cordilleras,  tener  cerros  de  sal  de  piedra  ex- 
celente, pues  esta  es  la  que  en  todo  él  se  gas- 
ta, sacándola  de  su  natural  con  barretas  azera- 
das,  en  pedacos  tan  grandes,  que  tienen  á  cin- 
co, y  seis  arrobas  cada  vno. 

Ocupa  esta  Prouincia  de  los  Tupinambás 
setenta  y  seis  leguas  de  largo,  que  feneze  en 
vna  buena  población  que  está  situada  en  tres 
grados  de  altura,  como  también  lo  estaua  la 
primera  de  los  Indios  Aguas  de  que  ya  hizimos 
arriba  mención. 


NVMERO  LXXI 

Dan  noticias  de  las  Amazonas. 


^ON  el  dicho  también  destos  Tupinam* 
>bás,  confirmamos  las  largas  noticias  que 
por  todo  este  Rio  traíamos  de  las  afamadas 
Amazonas,  de  quienes  él  tomó  el  nombre  de 
sus  primeros  principios,  no  le  conociendo  por 
otro  ninguno,  sino  por  éste,  todos  los  Cosmó  • 
grafos,  que  del  hasta  hoy  han  tratado. 

Y  fuera  cosa  de  admiración  que  sin  muy 
graues  fundamentos,  hubiera  usurpado  el  nom- 
bre de  Rio  de  las  Amazonas,  pudiéndole  qual- 
quiera  dar  en  rostro,  de  que  por  él  se  quería 
hazer  famoso,  con  no  más  razón  que  de  vestir- 
se de  lo  ageno. 

No  me  lo  persuado  yo  de  su  nobleza,  ni  es 
creible,  que  teniendo  este  gran  Rio  tantas 
grandezas  de  que  echar  mano,  solo  quisiese 


174  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

gloriarse  del  titulo  que  no  le  competía.  Baxe- 
za  ordinaria,  de  quien  no  valiendo  por  sus  bra- 
cos alcanza  la  honra  que  desea,  la  procura 
mendigar  del  vezino. 

Los  fundamentos  que  ay  para  asegurar  Pro- 
uincia  de  Amazonas  en  este  Rio,  son  tantas,  y 
tan  fuertes  que  sería  faltar  á  la  fe  humana,  el 
no  darlas  crédito. 

Y  no  trato  de  las  graues  informaciones 
que  por  orden  de  la  Real  Audiencia  de  Quito 
se  hizieron  con  los  naturales  que  le  habitaron 
muchos  años,  de  todo  lo  que  en  sus  riueras 
contenía;  en  que  vna  de  las  principales  cosas 
que  se  aseguran,  era  el  estar  poblado  de  vna 
Prouincia  de  mugeres  guerreras,  que  sustentán- 
dose solas  sin  varones,  con  quienes,  no  más  á 
ciertos  tiempos  tenía  cohabitación,  viuían  en 
sus  pueblos,  cultiuando  sus  tierras,, y  alcancan. 
do  con  el  trabajo  de  sus  manos  todo  lo  nece- 
sario para  su  sustento. 

Tampoco  hago  mención  de  las  que  por  el 
nueuo  Reyno  de  Granada,  en  la  Ciudad  de 
Pasto,  se  hizieron  con  algunos  Indios,  y  en 
particular  con  una  India,  que  dixo  auer  ella 
mesma  estado  en  sus  tierras  donde  estas  mu- 
geres están  poblabas;  conuiniendo  en  todo  con 
lo  que  ya  se  sabía  por  los  primeros  dichos. 

Solo  echo  mano  de  lo  que  oí  con  mis  oidos, 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


175 


y  con  cuydado  auerigüé  desde  que  pusimos  los 
pies  en  este  Rio.  En  que  no  ay  generalmente 
cosa  más  común,  y  que  nadie  la  ignora,  que 
dezir  habitan  en  él  estas  mujeres,  dando  señas 
tan  particulares,  que  conuiniendo  todas  en 
vnas  mesmas,  no  es  creíble  se  pudiese  una 
mentira  auer  entablado  en  tantas  lenguas  y  en 
tantas  naciones,  con  tantos  colores  de  ver- 
dad. 

Pero  donde  más  luz  tubimos  del  sitio  don- 
de viuen  estas  mugeres,  de  sus  costumbres,  de 
los  Indios  que  las  comunican,  de  los  caminos 
por  donde  se  entra  á  sus  tierras,  y  de  los  natu- 
rales que  los  pueblan,  (que  es  la  que  aquí  daré) 
fvé  en  la  vltima  aldea  donde  da  fin  la  Prouin- 
cia  de  los  Tupinambás. 


NVMERO  LXXII 


Rio  de  las  Amazonas. 


I^REINTA  y  seis  leguas  desta  Aldea, 
corriendo  Rio  abaxo,  está  á  la  vanda 
del  Norte  el  de  las  Amazonas,  que  con  nombre 
de  Rio  Canuris  es  conocido  entre  aquellos  na- 
turales. 

Toma  este  Rio  el  nombre  de  los  primeros 
Indios  que  sustenta  en  su  boca;  á  quienes  se 
siguen  los  Apantos,  que  hablan  la  lengua  ge. 
neral  de  todo  el  Brasil.  Tras  estos  están  sitia- 
dos los  Taguaus,  y  los  vltimos,  que  son  los 
que  comunican  con  las  mismas  Amazonas,  son 
los  Guacaras. 

Tienen  estas  mugeres  varoniles  su  asiento 
entre  grandes  montes,  y  eminentes  cerros,  de 
los  quales  el  que  más  se  descuella  entre  los 
otros,  y  que  como  más  soberbio  es  combatido 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  I  77 

de  los  vientos,  con  más  rigor,  á  cuya  causa  to- 
da la  vida  se  muestra  escaluado  y  limpio  de 
yerba,  se  llama  Yacamiaba. 

Son  mujeres  de  gran  valor,  y  que  siempre 
se  han  conseruado  sin  ordinario  comercio  de 
varones,  y  aun  quando  estos  por  concierto  que 
con  ellas  tienen,  vienen  cada  año  á  sus  tierras, 
los  reciben  con  la»  armas  en  la  mano,  que  son 
arcos  y  flechas,  que  juegan  por  algún  espacio 
de  tiempo,  hasta  que  satisfechas  de  que  vienen 
de  paz  los  conocidos,  y  deXandolas  armas,  acu- 
den todas  á  las  canoas,  ó  embarcaciones  de  los 
güéspedes  y  cogiendo  cada  vna  la  amaca  que  halla 
más  á  mano,  que  son  las  camas  en  que  ellos 
duermen,  la  lleuan  á  su  casa,  y  colgándola  en 
parte  donde  el  dueño  la  conozca,  le  reciben 
por  góésped  aquellos  pocos  dias,  después  de 
los  quales,  ellos  se  vuelven  á  sus  tierras,  con- 
tinuando todos  los  años  este  viage  por  el  mis- 
mo tiempo. 

Las  hijas  hembras  que  deste  ayuntamiento 
las  nacen,  conseruan  y  crian  entre  sí  mesmas 
que  son  las  que  han  de  lleuar  á  delante  el  va- 
lor, y  costumbres  de  su  nación,  pero  los  hijos 
varones  no  hay  tanta  certeza  de  lo  que  con 
con  ellos  hazen. 

Vn  Indio,  que  siendo  pequeño,  auía  ido 
con  su  padre  á  está  entrada,  afirmó  que  los  hi- 

12 


178  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

jos  varones  los  entregaban  á  sus  padres,  quan- 
do  el  siguiente  año  voluían  á  sus  tierras.  Pero 
los  demás,  y  es  lo  que  parece  más  cierto  por 
ser  dicho  más  común,  dizen  que  en  recono- 
ciéndoles por  tales  les  quitan  la  vida. 

El  tiempo  descubrirá  la  verdad,  y  si  estas 
son  las  Amazonas  afamadas  de  los  historiado- 
res, tesoros  encierran  en  su  comarca  para  en- 
riquecer á  todo  el  mundo. 

Está  la  boca  deste  rio  que  pueblan  las  Ama- 
zonas, á  dos  grados  y  medio  de  altura. 


NVMERO  LXXIII 

Estrechura  de  todo  el  Rio. 


?T10)ASADA  la  boca  deste  Rio  de  las  Amá- 
is^-?!) zonas  y  corriendo  veinte  y  qualto  le- 
guas del  principal,  desagua  á  la  mesma  vanda 
del  Norte,  otro  mediano,  que  se  llama  Vrixa- 
mina,  que  sale  á  aquel  paraje,  donde  como  ya 
dixe  arriba,  se  estrecha  este  gran  Rio,  en  espa- 
cio de  poco  más  de  vn  quarto  de  legua.  Donde 
ofrece  apacibles  sitios  para  plantar,  de  vna  y 
otra  vanda  dos  fortalezas,  que  no  solo  impi- 
den el  paso  al  enemigo,  que  por  parte  del  mar 
le  intentare,  sino  que  también,  siruiendo  de 
Aduanas,  se  registre  en  ellas  todo  lo  que  por 
este  Rio  de  las  Amazonas,  si  se  poblare,  será 
fuerza  que  baxe  del  Perú. 

Desde  este  paraje  que  está,  como  arriba 
dixe,  más  de  trescientas  y  sesenta  leguas  de  la 


1 8o  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

mar,  se  comienza  á  sentir  sus  mareas,  recono- 
ciéndose todos  los  dias  crezientes  y  menguan- 
tes, aunque  no  tan  á  las  claras  como  de  algu- 
nas leguas  más  adelante. 


NVMERO  LXXIV 

Rio  y  y  nación  de  Tapajosos. 


VA  RENTA  leguas  de  esta  estrechura 
desemboca  por  la  vanda  del  Sur,  el 
grancíe,  y  vistoso  Rio  de  los  Tapajosos,  toman" 
do  el  nombre  de  la  Nación,  y  Prouincia  que 
sustenta  en  sus  orillas,  que  es  muy  poblada  de 
Bárbaros,  en  buenas  tierras,  y  de  abundantes 
mantenimientos. 

Son  estos  Tapajosos,  gente  de  brios  y  que 
les  temen  muchas  vezes  de  las  Naciones  cir- 
cunuezinas,  porque  vsan  de  tal  ponzoña  en  sus 
flechas,  que  con  solo  llegar  á  sacar  sangre,  qui- 
tan sin  remedio  la  vida. 

Y  á  esta  causa  los  mesmos  Portugueses  les 
rezelaron  la  comunicación  por  mucho  tiempo, 
deseando  por  bien  atraerles  á  su  amistad,  á  que 
nunca  salieron  del  todo,  porque  les  obligauan 


1 82  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

con  ella  á  dexar  su  natural,  y  venirse  á  po- 
blar entre  los  ya  pacíficos,  cosa  que  sienten 
mucho  estas  Naciones.  Si  bien  en  sus  tierras 
recibían  con  gran  agasajo  á  los  nuestros,  como 
lo  experimentamos  aloxados  junto  á  vn  pue- 
blo suyo,  de  más  de  quinientas  familias,  de 
donde  en  todo  el  dia  no  cesaron  de  venir  á 
rescatar  gallinas,  patos,  amacas,  pescado,  hari- 
nas, frutas  y  otras  cosas;  con  tanta  seguridad, 
que  mujeres,  y  niños,  no  se  apartauan  de  nos- 
otros, ofreciendo  que  si  los  dexasen  en  sus 
tierras,  viniesen  muy  en  horabuena  á  poblarlas 
los  Portugueses,  que  los  recibirían  y  seruirían 
de  paz  toda  la  vida. 


NVMERO  LXXV 

Opresión  que  hizieron  los  Portugueses. 


^0  bastaron  los  humildes  ofrecimientos 
de  estos  Tapajosos,  para  personas  tan 
interesadas  como  son  las  de  estas  conquistas, 
y  que  solo  emprenden  dificultades  con  la  co- 
dicia de  los  esclauos  que  esperan  rescatar, 
para  que  fuesen  admitidos,  ó  por  lo  menos 
puestos  en  toda  razón  y  conueniencia.  Si  no 
que  sospechando  tenía  esta  Nación  muchos  en 
su  seruicio  trataron  con  toda  fuerca,  á  título  de 
rebeldes,  irles  á  ofrecer  cruda  guerra. 

Esta  se  estaua  disponiendo   quando  llega 
mos  de  nuestra  jornada  al  fuerte  del  Destierro, 
donde  se  juntaua  la  gente  para  tan  inhumana 
facción. 

Y  aunque  por  los  mejores  medios  que  pu- 
de, la  procuré,  ya  que  no  impedir,  á  lo  menos 


1 84  CRISTOUAL   DE   ACUÑA 

suspender  hasta' que  hubiese  nueua  orden  de 
Su  Magestad,  el  Sargento  mayor  del  Estado, 
Cabo,  y  Caudillo  de  todos,  que  era  Benito 
Maziel,  hijo  del  Gouernador  me  dio  su  palabra 
de  que  no  proseguiría  con  su  intento,  hasta  te- 
ner auiso  de  su  padre. 

Apenas  bolui  la  cabera,  quando  con  la  más 
gente  que  pudo,  en  vna  lancha  con  piezas  dé 
artillería  y  en  otras  embarcaciones  menores, 
dando  sobre  ellos  de  improuiso,  les  ofreció 
cruda  guerra,  si  no  querían  buena  paz. 

Esta  admitieron  luego  ellos  con  buena  vo- 
luntad, como  siempre  la  auían  ofrecido,  rendi- 
dos á  todo  lo  que  quisiesen  disponer  de  sus 
personas.. 

Mándales  entregar  todas  las  flechas  herba- 
das de  poncoña,  que  tenían,  que  era  de  lo  que 
mas  se  podía  rezelar,  á  que  los  miserables  obe- 
decieron luego  al  punto;  y  viéndolos  ya  des- 
armados cogen  gran  cantidad  de  Bárbaros  y 
enciérranlos  todos  en  vn  corral  con  suficiente 
guarda,  sueltan  los  Indios  amigos  que  lleuauan, 
que  para  hazer  mal  cada  vno  es  vn  diablo  des- 
atado, que  en  breue  tiempo  saquearon  todo  el 
pueblo,  sin  dexar  cosa  en  él  que  no  asolasen; 
aprou echándose,  como  me  contó  quien  lo  auía 
visto,  de  las  hijas  y  mugeres  de  los  afligidos 
presos,  á  vista  de  sus  mesmos  ojos:  y  haziendo 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 85 

cosas  que  me  aseguró  esta  persona,  que  es 
bien  antigua  en  aquellas  conquistas,  que  por 
no  verlas,  no  solo  dexaría  de  comprar  escla- 
uos,  pero  qae  aun  daría  de  balde  los  que  po- 
seía. 

No  paró  aquí  la  crueldad  de  los  Portugue- 
ses, que  como  iba  embuelta  en  codicia  de  es- 
clauos,  no  quedaba  satisfecha  hasta  uerse  se- 
ñora dellos. 

Amenazan  los  Indios  encorralados,  y  teme- 
rosos, atemorízanles  de  nueuo  con  nueuos  ri- 
gores; para  que  ofrezcan  esclauos,  asegurándo- 
les que  con  esto  no  solo  quedarian  libres,  sino 
amigos  suyos  y  cargados  de  herramientas  y 
liengo  de  algodón  que  les  darían  por  ellos. 

¿Qué  auían  de  hazer  los  miserables? 

Presos  ellos,  quitadas  las  armas,  saqueadas 
sus  casas,  oprimidas  sus  mugeres,  y  hijos,  sino 
rendirse  á  todo  lo  que  ellos  quisiesen  hazer. 

Ofrecen  mil  esclauos,  enuían  por  ellos,  que 
con  el  alboroto  de  la  tierra  se  auían  puesto  en 
cobro,  y  no  pudiendo  juntar  más  de  pocos  más 
de  doscientos,  entréganlos,  y  con  palabra  de  que 
cumplirán  los  restantes,  dexan  libres  á  los  que 
por  verse  así  ofrecieran  sus  mismos  hijos  por 
esclauos,  como  muchas  vezes  ha  acontecido. 
Despachan  todos  estos  al  Marañon  y  Para,  que 
yo  vi  con  mis  ojos,  y  saboreados  de  la  presa 


1 86  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

disponen  luego  otra  mayor  entronacion  más  á 
dentro  del  Rio  de  las  Amazonas,  donde  serán 
sin  duda  mayores  las  crueldades,  porque  van 
menos  personas  de  valor,  que  puedan  ir  á  la 
mano  del  que  lleua  el  cargo  de  todos.  Con  que 
quedará  el  Rio  tan  alborotado,  que  quando  su 
Magestad  quiera  que  se  pacifique,  habrá  de  te* 
ner  muy  grandes  dificultades,  siendo  así  que 
como  yo  le  dexé  quando  salí  del,  á  muy  poca 
costa  se  pudiera  hazer. 

Estas  son  las  conquistas  del  Para,  este  es  el 
trato  de  que  se  sustentan,  y  esta  la  justísima 
causa  porque  todos  andan  arrastrados,  sin  te- 
ner vn  pan  que  comer. 

Y  si  no  fuera  por  los  seruicios  que  han  he- 
cho á  entrambas  Magestades  Diuina,  y  humana 
en  resistir  valerosamente  al  enemigo  Olandés, 
que  varias  uezes  ha  uencido  en  aquella  tierra, 
ya  nuestro  Señor  la  tubiera  asolada. 

Boluiendo,  pues,  á  lo  de  los  Tapajosos,  y 
al  famoso  rio  que  baña  sus  riberas,  digo  que  es 
de  tan  buen  fondo,  que  por  él  arriba  muchas 
leguas,  subió  en  tiempos  atrás  vna  nao  Inglesa 
de  gran  porte,  que  pretendiendo  hazer  asiento 
en  esta  Prouincia  y  entablar  cosechas  de  taba- 
cos con  los  naturales,  les  ofrecieron  buenos 
partidos;  pero  ellos  dando  de  improuiso  en 
los  Ingleses  no  aceptaron  otro,  que  matar  á 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS 


l87 


los  que  pudieron  auer  á  las  manos,  y  aprove- 
chándose de  sus  armas,  que  oy  en  dia  tienen, 
les  hizieron  dexar  la  tierra  más  aprisa  de  lo  que 
auían  venido,  excusando  la  gente  que  quedó 
en  la  nao,  con  hacerse  luego  á  la  vela,  otro 
encuentro  semejante,  en  que  del  todo  queda- 
sen consumidos. 


SUBÍ 


NVMERO  LXXVI 

Curupahiba. 


pocas  más  de  quarenta  leguas  de  la 
]boca  del  Rio  de  los  Tapajosos,  está  el 
de  Curupat'uba,  que  desaguando  en  el  princi- 
pal de  las  Amazonas,  á  la  vanda  del  Norte,  da 
nombre  á  la  primera  población,  Jó  Aldea,  que 
de  paz  tienen  los  Portugueses  á  devoción  de 
su  Corona. 

No  muestra  este  río  ser  muy  caudaloso  de 
aguas,  pero  si  de  tesoros  si  los  naturales  del 
no  nos  engañan;  los  quales  afirman  que  subien- 
do por  este  rio,  que  ellos  llaman  con  nombre 
de  Iriquiriqui,  camino  de  seis  dias,  se  halla 
gran  cantidad  de  oro,  que  lo  cogen  en  las  ori- 
llas de  vn  riacho  pequeño,  que  baña  las  faldas 
de  vn  mediano  cerro,  llamado  Iaquaracuru. 

Dicen  también  que  cerca  de  este  está  otro 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 89 

sitio  cuyo  nombre  es  Picuro,  donde  han  saca- 
do otras  veces  otro  metal  más  duro  que  el  oro, 
de  color  blanco,  que  sin  duda  es  plata,  de  que 
labraron  antiguamente  hachas,  y  cuchillos,  pero 
que  viendo  no  ser  de  prouecho,  y  que  luego  se 
mellauan,  no  hicieron  más  caso  del. 

Ay  en  este  mismo  distrito  dos  sierras;  que 
la  vna,  según  las  señas  que  dan  los  Indios,  es 
de  azufre,  y  de  la  otra,  que  se  llama  Paragua- 
xo,  aseguran  que  quando  le  da  el  Sol,  y  tam- 
bién en  las  noches  claras,  resplandece  de  suer" 
te,  que  toda  ella  parece  esmaltada  de  rica  pe- 
drería; y  de  quando  en  cuando  reuienta  con 
grandes  estruendos,  muestra  cierta  de  que  en 
sí  encierra  piedras  de  mucho  valor. 


É'&t& 


NVMERO  LXXVII 
Rio  Ginipape. 


'O  promete  menos  tesoros,  según  noti- 
cias'comunes,  el  rio  de  Ginipape,  que 
corriendo  por  la  misma  vanda  del  Norte 
desemboca  en  el  de  las  Amazonas,  á  las  sesen- 
ta leguas  más  abaxo  de  la  Aldea  de  Curupatu- 
ba.  De  quien  dizen  los  Indios  tanto,  del  mucho 
oro  que  en  sus  orillas  se  puede  recoger,  que  si 
ello  es  así,  solo  este  rio  dexará  atrás  con  sus 
aueres,  los  mayores  de  todo  el  Perú. 

Las  tierras  que  este  río  riega,  son  de  la  ca- 
pitanía de  Benito  Maziel  Pariente,  Gouernador 
del  Marañon,  que  fuera  de  ser  ellos  solos,  más 
que  toda  España  junta,  y  auer  en  ellas  muchas 
noticias  de  minas,  son  en  sí  por  la  mayor  par- 
te del  mejor  migajon,  y  para  rendir  mayores 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  191 

frutos,  y  prouechos  que  cuantas  ay  en  este  in- 
menso Rio  de  las  Amazonas. 

Están  todas  á  la  vanda  del  Norte;  contie- 
nen en  sí  grandes  Prouincias  de  Bárbaros;  y  lo 
que  es  más  de  estima,  encierran  debaxo  de  su 
jusisdicion,  las  afamadas  y  dilatadas  Tierras 
del  Tucujú,  tan  suspirado,  y  tantas  vezes  po- 
blado, aunque  con  su  daño,  del  enemigo  Olan- 
dés,  que  reconociendo  en  ellas  las  mayores 
comodidades  del  mundo,  para  enriquecer  sus 
moradores  jamás  las  puede  oluidar. 

Son  no  solo  apropósito  para  grandes  co- 
sechas de  tabacos,  y  capaces  de  las  mejores  de 
lo  descubierto  para  muchos  ingenios  de  acucar, 
y  agradecidas  con  sus  mantenimientos,  á  qual 
quier  pequeño  cultiuo,  que  en  ellas  aya,  sino 
también  de  excelentes  campiñas,  que  con  abun- 
dantes pastos  sustentarán  infinitos  ganados. 

En  esta  Capitanía,  seis  leguas  de  donde 
desagua  Ginipape,  el  Rio  arriba  de  las  Amazo- 
ñas,  está  un  fuerte  de  Portugueses,  que  llaman 
del  Destierro,  con  treinta  soldados  y  algunas 
piezas  de  artillería;  que  para  lo  que  toca  á  de- 
fender el  Rio,  no  sirue  de  nada,  autorizando 
solo  la  dicha  Capitanía,  y  teniendo  en  algún 
temor  los  Indios  que  de  ella  se  van  redu- 
ziendo. 

Este  fuerte  quitó  Benito  Merziel  con  braco 


I92  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

de  Gouernador  del  Cumpa,  que  cae  treinta  le- 
guas más  abaxo,  donde  por  muchos  años  es- 
tuvo situado  en  muy  buen  sitio,  y  donde  las 
naos  enemigas  venían  á  reconocer  de  ordi- 
nario. 


*_<£>_« 


NVMERO  LXXVIII 

Rio  Paranaiba, 


\  IEZ  leguas  más  abaxo  del  rio  Ginipape 
u^sale  á  la  vanda  del  Sur,  uno  muy  visto 


so,  y  caudaloso,  que  con  dos  leguas  de  boca, 
entra  rindiendo  parias  al  principal,  llámanle 
los  naturales  Paranaiba;  están  en  sus  riberas 
algunas  poblaciones  de  Indios  amigos,  que  te- 
niendo asiento  en  sus  primeras  entradas,  obe- 
decen las  órdenes  de  los  Portugueses  que  los 
gouiernan.  Y  en  lo  más  interior  viuen  otrcs 
muchos,  de  quienes,  y  de  lo  demás  que  este 
rio  contiene,  aun  no  hay  suficientes  noticias. 


13 


NVMERO  LXXIX 

Rio  Pacaxa. 


ESDE  dos  leguas  más  abaxo  del  Gini- 
pape  comienca  á  dividirse  en  grandes 
bragos  el  Rio  de  las  Amazonas  que  causan  la 
multitud  de  Islas,  que  hasta  desembocar  en  el 
Occeano  en  él  se  conocen,  pobladas  todas  de 
diferentes  Naciones  y  lenguas;  si  bien  las  más 
entienden  lá  general  de  aquella  costa. 

Son  estas  Islas  tantas,  y  las  Naciones  que 
las  auitan  tan  diuersas,  que  solo  para  ellas  era 
menester  vna  nueua  historia. 

Con  todo  nombraré  aquí  algunas  de  las 
más  conocidas,  como  son  las  de  los  Tapuyas, 
Anaxiates,  Mayanafes,  Engaibas,  Bocas,  Jua- 
nes, y  las  de  los  valientes  Pacaxás,  que  en  las 
riberas  del  Rio,  de  quien  tomaron  nombre,  que 
sale  ochenta  leguas  del  Paranaíba,  á  la  mesma 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  1 95 

vanda,  tienen  su  habitación,  y  en  tanto  número 
así  de  aldeas  como  de  moradores,  según  afir- 
man los  Portugueses  que  allá  estuviron,  como 
qualquiera  otra  de  las  más  pobladas  de  nues- 
tro Rio. 


NVMERO  LXXX 

Población  de  Conmuta. 


quarenta  leguas  del  Pacaxá  está  sitúa" 
da  la  aldea  del  Conmuta,  que  en  aque- 
llas conquistas  fué  en  tiempos  pasados  de  gran- 
de fama,  así  por  sus  muchos  moradores  como 
por  ser  allí  donde  de  ordinario  se  aprestauan 
las  armadas,  quando  auían  de  hacer  sus  cor- 
rerías. 

Pero  ya  no  le  ha  quedado  ni  gente,  por 
auerse  mudado  á  otras  tierras,  ni  mantenimien- 
tos, por  no  auer  quien  los  cultiue,  ni  otra  cosa 
más  que  el  sitio  antiguo  eon  pocos  naturales 
siempre  bueno,  y  que  con  su  apacibilidad  y 
linda  vista,  está  brindando  hermosura  y  como- 
didades á  los  que  le  quisieren  poblar. 


NVMERO  LXXXI 


Rio  de  los  Tocantines, 


¡£v^    las  espaldas  del  Conmuta  desemboca 
el  rio  de  los  Tocantines,  que  aunque 


en  aquellas  partes  tiene  nombre  de  rico,  y  al 
parecer  con  algunos  encarecimientos,  ninguno 
ha  conocido  su  caudal,  sino  solo  el  Francés, 
que  quando  poblaba  sus  costas,  cargaba  naos 
de  sola  la  tierra  que  de  sus  orillas  sacaba,  para 
beneficiarla  en  la  suya,  enriqueciéndola.  Sin 
atreverse  jamas  á  mostrar  tales  tesoros  á  los 
Bárbaros,  que  en  el  habitan,  rezeloso  de  que 
haziendo  de  ellos  la  estima  que  era  razón,  sin 
duda  los  defenderían  con  las  armas  para  no  se 
dexar  desposeer  de  tantas  riquezas. 

A  las  cabecadas  deste  Rio  aportaron  ciertos 
soldados  Portugueses,  que  desde  Pernambuco, 
con  vn  sacerdote  en  sn  compañía,  atrauesaron 


I98  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

todas  las  faldas  de  la  Cordillera,  en  busca  de 
nuevas  conquistas,  y  queriendo  por  él  abaxo 
navegar  hasta  darle  fin,  ellos  le  tuvieron  desas- 
trado á  manos  de  los  Tocantines,  en  cuyo  po- 
der se  halló  no  ha  muchos  años  el  Cáliz,  con 
que  el  buen  Sacerdote  les  dezía  Misa  en  sus. 
peregrinaciones. 


NVMERO  LXXXII 


El  Para. 


^feñf^REINTA  leguas  del  Conmuta  tiene  su 
|¿!¿)    asiento  la  fortaleza  del  gran  Para,  po 
blada  y  gouernada  por  Portugueses. 

Ay  en  ella  Capitán  Mayor,  que  es  sobre 
todos  los  de  aquella  Capitanía,  y  á  quienes  es- 
tán sugetos  otros  tres  Capitanes  de  infantería, 
que  de  ordinario  asisten  con  sus  compañías, 
para  la  defensa  de  aquella  placa. 

Si  bien  así  estos  como  aquel,  en  todo  obe- 
decen al  Gouernador  del  Marañon,  que  tiene 
su  asiento  más  de  ciento  y  treinta  leguas  la 
Costa  arriba  acia  el  Brasil,  de  que  hazen  gra- 
ues  inconuenientes  en  el  Gobierno  del  Para, 
que  si  este  rio  se  puebla  será  merca  quede  por 
dueño  del,  como  quien  tiene  en  su  mano  la 
llave  de  todo. 


20O  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 

Y  aunque  es  verdad,  que  el  sitio  donde  al 
presente  está  no  es,  á  juizio  de  muchos,  el 
mejor  que  se  podía  escoger,  auiendo  de  ir  este 
descubrimiento  adelante,  será  fácil  mudarle  á 
la  Isla  del  Sol,  catorce  leguas  más  á  la  mar; 
puesto,  en  quien  todos  tienen  los  ojos,  por  los 
muchos  cómodos  que  ofrece  para  la  vida  hu- 
mana así  de  capacidad  y  bondad  en  la  tierra 
Para  el  sustento  de  la  población,  como  tam- 
bién por  la  comodidad  de  los  nauíos  que  á 
ellas  aportasen,  que  en  una  ensenada,  segura 
de  todos  contrastes,  pueden  estar  todo  el  tiem- 
po que  quisieren,  y  quando  se  hubiesen  de  ha- 
zer  á  la  vela,  con  la  primera  plena  mar  quedan 
desembocados  de  todos  los  baxos  que  hazen 
dificultosos  éstos  puestos,  que  no  es  pequeña 
comodidad. 

Es  esta  Isla  de  más  de  diez  leguas  de  zir- 
cuyto,  de  buenas  aguas,  mucho  pescado  de  la 
mar,  y  del  rio,  gran  multitud  de  cangrejos,  sus- 
tento ordinario  de  los  Indios,  y  gente  pobre;  y 
al  presente  es  de  las  principales  á  donde  van 
del  Para  de  ordinario  á  cazar  la  carne  que  han 
menester  para  su  sustento. 


NVMERO  LXXXIII 


E?itra  e?i  el  mar  el  Rio  de  las  Amazonas. 


^  EINTE  y  seis  leguas  de  la  Isla  del  Sol, 
debajo  de  la  línea  Equinocial,  esplaya- 
do  en  ochenta  y  quatro  de  boca,  teniendo  por 
la  vanda  del  Sur  al  Zaparará,  y  por  la  contra- 
ria al  Cabo  del  Norte,  desagua  en  el  Occeano 
el  mayor  piélago  de  aguas  dulces  que  ay  en  lo 
descubierto,  el  más  caudaloso  Rio  de  todo  el 
Orbe:  el  F^nix  de  los  Rios,  el  verdadero  Ma- 
rañon,  tan  suspirado,  y  nunca  acertado  de  los 
del  Perú,  el  Orellana  antiguo,  y  para  dezirlo 
de  una  vez,  el  gran  Rio  de  las  Amazonas. 

Deopues  de  auer  bañado  con  sus  aguas  mil 
trescientas  y  cinquenta  y  seis  leguas  de  longi- 
tud: después  de  sustentar  en  sus  nueras  infini- 
tas Naciones  de  Bárbaros;  después  de  fertilizar 
inmensas  tierras;  y  después  de  auer  pasado  por 


202  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

el  riñon  de  todo  el  Perú,  y  como  canal  princi- 
pal, recogido  en  sí  lo  mejor,  y  más  rico  de  to- 
das las  vertientes. 

Este  es  en  suma  el  nueuo  descubrimiento 
deste  gran  Rio,  que  encerrando  en  sí  grandio- 
sos tesoros  á  nadie  escluye;  más  antes,  á  todo 
género  de  gente  combida  liberal  á  que  se  apro- 
ueche  de  ellos. 

Al  pobre  ofrece  sustento,  al  trabajador,  sa- 
tisfacción de  su  trabajo:  al  mercader,  empleos; 
al  soldado,  ocasiones  de  valer;  al  rico,  mayo- 
res acrecentamientos;  al  noble,  honras;  al  po- 
deroso, estados;  y  al  mesmo  Rey  vn  nueuo 
Imperio. 

Pero  quienes  más  interesados  se  han  de» 
mostrar  en  esta  conquista,  son  los  zelosos  de 
la  honra  de  Dios,  y  bien  de  las  almas,  pues 
tanta  multitud  dellas,  está  ya  clamando,  por 
fieles  Ministros  del  Santo  Evangelio,  para  que 
con  la  claridad  del,  se  les  auyenten  las  som- 
eras de  la  muerte,  en  que  ha  tanto  tiempo  que 
miserables  yacen. 

Y  nadie  se  escuse  desta  empresa,  pues  para 
todos  hay  campo  descubierto,  y  por  muchos 
trabajadores  que  se  conduzgan  la  mies  será 
mayor;  y  siempre  necesitará  esta  nueua  Viña, 
de  nueuos  y  feruorosos  obreros  para  que  la 
cultiuen;  basta  sugetarla  toda  debaxo  de  las 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  20$ 

llaues  de  la  Iglesia  Romana.  A  que  sin  duda 
nuestro  Grande,  y  Católico  Rey  Filipo  Quarto, 
que  Dios  nos  guarde  muchos,  y  felizes  años, 
acudirá  de  su  parte,  con  la  liberalidad  que 
acostumbra  en  lo  temporal,  para  el  sustento 
de  Ministros  tales.  Y  la  Santidad  de  nuestro 
muy  Santo  Padre  Vrbano  Octauo  de  gloriosa 
memoria,  como  Padre,  y  Cabega  que  oy  es  de 
la  Iglesia,  se  muestra  en  lo  espiritual  no  menos 
liberal  y  benigno:  Teniendo  á  grande  dicha 
que  en  sus  tiempos  se  abra  anchurosa  puerta, 
para  reduzir  al  rebaño  de  la  Iglesia  de  vna  vez, 
más  Nociones  juntas,  y  más  populosas,  de 
quantas  en  toda  la  América,  desde  sus  prime- 
ros principios,  se  descubrieron. 


Laus  Dco  Virginiquc  Matri. 


MEMORIAL 

PRESENTADO  EN  EL 

REAL  CONSEJO  DE  LAS  INDIAS,  SOBRE 

EL    DICHO    DESCUBRIMIENTO 

DESPUÉS  DEL  REUELION 

DE    PORTUGAL 


SEÑOR: 


Christoval  de  Acuña,  Religioso  de  la  Com- 
pañía de  Iesús,  que  vino  por  orden  de  vuestra 
Magestad,  al  descubrimiento  del  gran  Rio  de 
las  Amazonas. 

Cuydadoso  siempre  de  los  mayores  aumen- 
tos de  su  Real  Corona,  y  rezeloso  de  que  acon- 
tecimientos menos  fauorables,  vistos  á  nues- 
tras puertas,  ahoguen  y  impidan  el  lucimiento 
de  sus  afectuosos  servicios.  Dize,  que  aunque 
es  verdad,  que  la  principal  puerta  de  aquel 
nueuo  mundo  descubierto,  para  más  en  breue 
comentar  á  gozar  de  los  prouechosos,  y  ricos 
frutos,  que  liberal  ofrece,  es  la  boca  principal 
del,  por  la  parte  que  desagua  en  el  Occeano, 
de  las  Costas  del  Brasil,  sujeta  á  Portugueses, 


208  CRISTOUAL    DE   ACUÑA 

y  por  eso  menos  sazonada,  para  que  de   pre- 
sente se  procure  esta  entrada. 

Pero  que  no  por  eso  deue  Vuestra  Mages- 
tad  desistir,  ni  dilatar  la  profesión  de  este  gran 
gran  Rio,  pues  con  más  facilidad  y  muchos  me- 
nos gastos  lo  podrá  hazer  por  la  Provincia  de 
Quito,  en  los  Reynos  del  Perú,  por  las  mesmas 
entradas  por  donde  él,  y  sus  compañeros  ba- 
xaron. 

De  que  resultarán  sin  duda  grandes  servi- 
cios de  Dios  nuestro  Señor,  y  de  Vuestra  Ma- 
gestad,  y  se  euitarán,  no  menos  inconuenientes, 
que  de  no  executarlo  en  breue,  en  breuese  ex- 
perimentarán, y  quizá  sin  remedio. 

Lo  qual  se  podrá  efectuar  sin  gastos  consi- 
derables de  la  Real  Hazienda,  con  solo  embiar 
orden  á  la  Cnancillería  de  Quito,  para  que  ca- 
pitule las  entradas  que  más  conuenga,  por  los 
rios  que  en  su  jurisdiccién  desaguan  en  este 
principal,  con  algunas  de  las  muchas  personas, 
que  á  su  costa  se  ofrezen  á  hazer  estas  con- 
quistas, solo  por  los  intereses  que  de  ella  se 
sacan,  como  son  las  encomiendas  de  los  In- 
dios, repartir  tierras,  proueer  oficios,  y  otros 
semejantes. 

Cometiendo  juntai/iente  lo  espiritual  de 
ellas,  en  lo  tocante  á  la  conuersicn,  y  enseñan- 
za de  los  naturales,  á  los  Religiosos  de  la  Com- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  209 

pañía  de  Iesús,  cuyo  instituto  es  este,  y  á  que 
con  no  pequeño  título,  en  este  particular  des- 
cubrimiento, pueden  mostrar  algún  derecho, 
pues  sus  hijos,  no  solo  han  aclarado,  á  costa 
de  sus  trabajos,  y  desvelos,  y  aun  de  muchos 
ducados,  las  sombras  de  un  nueuo  y  dilatado 
Imperio,  que  bañado  de  este  grandioso  Rio, 
ofrece  crecidos  aumentos  á  la  Real  Corona  de 
Vuestra  Magestad,  sino  que  por  posesión  de 
más  de  quarenta  años,  adquirida  con  la  sangre 
del  dichoso  Padre  Rafael  Ferrer,  derramada 
por  los  naturales,  á  quienes  en  los  principios 
deste  Rio  predicaua,  se  les  deue. 

Continuando  el  no  perder  este  derecho  los 
Padres  de  la  Compañía,  que  por  Santiago  de 
las  Montañas,  ha  años  que  cultiuan  con  su 
doctrina  los  principales  raudales  de  esta  nue- 
ua  conquista;  que  para  continuar  se  necesita  en 
aquella  Prouincia  de  Quito,  nueuos  obreros  de 
Europa,  que  les  ayuden  en  tan  copiosa  mies. 

A  que  sin  duda  acudirá  Vuestra  Magestad 
con  la  piedad  que  siempre,  y  la  liberalidad  que 
pide  la  necesidad  extrema  de  tanta  inmensidad 
de  Naciones  diferentes, 

De  que  resultarán  los  prouechos  siguien- 
tes: 

Lo  primero,  y  que  siempre  lo  es  en  el 
Chriistanissimo  pecho  de  Vuestra  Magestad, 

14 


2IO  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 

darán  sin  más  dilaciones,  principio  con  la 
conuersion  de  un  nueuo  mundo  de  infieles 
que  miserables  yacen  en  la  sombra  de  la  muer- 
te: obra  tan  del  seruicio  de  Dios,  que  no  se 
puede  ofrecer  otra  que  más  le  agrade,  y  tal  que 
por  ella  se  dará  por  obligada  á  establecer  con 
perpetuidad  la  Corona  de  Vuestra  Magestad, 
y  de  nuevo  dilatarla  á  mayores  Imperios. 

Lo 'segundo,  ahorráranse  muchos  gastos, 
que  como  forcosos,  eran  inescusables,  si  esta 
conquista  se  hubiera  de  hazer  como  se  inten- 
taua,  por  la  boca  del  Rio:  en  conduzir  solda- 
dos ,  preuenir  embarcaciones,  juntar  pertre- 
chos, y  disponer  todo  lo  necesario  para  for- 
mar nuéuas  poblaciones,  que  sin  duda  auían 
de  ser  muchas. 

Lo  qual  todo  se  escusa  con  mandar  que  se 
comienze  esta  conquista  por  las  entradas  de 
Quito,  pues  los  particulares  á  quienes  se  co- 
metieren, harán  con  gusto  todo  el  gasto,  y  solo 
necesitarán  para  lo  espiritual  della,  de  Obre- 
ros, y  Ministros  aptos  del  Evangelio,  que 
Vuestra  Magested  enuie  de  España  por  la 
extrema  necesidad  que  de  ellos  hay  en  aque- 
llas partes. 

Lo  tercero,  comencará  Vuestra  Magestad  á 
poseer  y  gozar  de  lo  que  todos  los  Señores 
Reyes  sus  predecesores,  desde  el  Señor  Em 


DESCUBRLMIENTO  DEL  AMAZONAS  211 

perador  Carlos  Quinto  que  Dios  aya,  digno  vis- 
abuelo  de  Vuestra  Magestad,  desearon,  y  con 
no  pocos  gastos,  y  diligencias  procuraron  suge- 
tar  á  su  Real  Corona. 

Para  lo  qual  el  año  de  mil  y  quinientos,  y 
quarenta  y  nueue,  el  mesmo  señor  emperador 
Carlos  Quinto,  mandó  dar  a  Francisco  de  Ore- 
llana  tres  nauíos  con  suficiente  gente,  y  per- 
trechos, para  que  en  su  Real  nombre  tomase 
posesión  de  este  gran  Rio  de  las  Amazonas, 
(que  nueue  años  antes  él  mesmo  auía  nauega- 
do,)  por  los  muchos  vtiles  que  de  executarlo 
así  se  esperauan;  si  bien  las  tormentas,  y  muer- 
te de  casi  todos  los  soldados,  les  obligaron  á 
que  reduzidos  á  una  breue  embarcación  arriba- 
sen á  la  Margarita,  donde  con  su  mal  suceso, 
cesaron  las  esperanzas  que  de  muchos  buenos 
se  prometía  España,  si  les  hubiera  corrido  me- 
jor fortuna. 

Y  Vuestra  Magestad  desde  los  primeros 
principios  de  su  Reynado,  que  sea  por  muchos, 
y  felicísimos  años,  ocupó  su  desuelo  en  la 
consecución  de  esto  mesmo,  cometiendo  la 
execucion  de  este  descubrimiento  á  varias  per- 
sanas,  como  consta  en  sus  Reales  Cédulas, 
despachadas  en  esta  conformidad,  por  los 
años  de  veinte  y  vno,  y  veinte  y  seis,  \y  treinta 
y  quatro. 


212  CHRISTOUAL  DE  ACUNA 

La  de  veinte  y  vno,  despachada  á  la  Real 
Audiencia  y  Cnancillería  de  Quito,  para  que  se 
capitulasen  las  condiciones  que  para  el  dicho 
descubrimiento  fuesen  conuenientes,  con  el 
Sargento  Mayor  Vicente  de  Reyes  Villalobos, 
Gouernador,  y  Capitán  General  en  aquella  sa- 
zón de  los  Quixos,  jurisdicion  de  Quito,  que 
por  llegarle  sucesor  en  el  gouierno,  no  tubo 
efecto. 

La  de  veinte  y  seis,  despachada  en  fauor  de 
Benito  Maziel  Pariente,  Portugués  de  nación, 
para  que  por  las  Prouincias  del  Marañon  y 
gran  Para,  que  caen  á  la  boca  deste  Rio,  co- 
menzase su  descubrimiento,  que  tampoco  se 
puso  por  obra,  por  auerle  mandado  acudir  á  la 
guerra  de  Pernambuco. 

La  de  treinta  y  quatro,  despachada á Francis- 
co Coelio  de  Carauallo,  Portugués,  Gouernador 
que  entonces  era  del  Marañon,  y  Para,  con  es- 
presa orden  de  que  con  toda  la  breuedad  con 
personas  de  confianga,  y  si  necesario  fuese,  el 
mesmo  diese  principio,  por  aquellas  partes,  á 
lo  que  tanto  se  deseaua,  que  nunca  surtió 
efecto. 

Y  el  presente,  queriéndolo  así  Vuestra  Ma- 
gestad,  tendrá  feliz  execucion,  y  en  a  (leíanle  se 
verán  cada  día  mayores  logros  de  lo  que  tan 
ardientes  deseos  prometía. 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  213 

Lo  quarto,  cerrarse  con  esto  la  puerta,  á 
que  ninguno  de  los  de  los  del  Perú,  intente 
arrojarse  con  los  tesoros  por  la  corriente 
deste  Rio,  por  escusar  los  derechos  que  por 
Cartagena  se  pagan  á  Vuestra  Magestad,  y  huir 
de  los  riesgos  de  Corsarios,  que  casi  siempre 
son  ordinarios  por  aquellas  partes,  que  es 
cierto  lo  han  de  pretender,  ocasionados  de  la 
facilidad  con  que  lo  podrán  executar:  á  que 
en  ningún  modo  se  atreuerá  nadie,  asegurados 
los  puestos  principales  de  sus  entradas,  como 
de  hecho  lo  quedarán,  con  las  personas  que 
por  ellos  comenzaren  la  conquista. 

Lo  quinto,  impedirse  ha  el  trato,  y  comuni- 
cación que  tanto  desean  entablar  los  Portugue" 
ses,  que  asisten  en  la  boca  de  este  Rio,  con 
los  de  su  nación  del  Perú,  que  en  estos  tiem- 
pos sería  bien  perjudicial. 

Y  en  ninguna  manera  se  atreuerán  á  inten- 
tarlo; si  supiesen  desde  luego,  se  preuenía  eon 
tiempo  su  malicia,  tomando  las  entradas  del- 

Y  de  que  intentan  esta  comunicación  los 
Portugueses  de  aquella  costa  del  Marañon,  y 
Para,  cónstame,  con  toda  claridad,  y  como  tes- 
tigo de  lo  que  oí  tratar  muchas  vezes  entre 
ellos  lo  podré  afirmar  como  cosa  sin  duda. 

Lo  sexto,  reduciendo  Vuestra  Magestad  á 
su  obediencia  las  principales  Naciones  deste 


214  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

Rio,  y  en  especial  las  que  habitan  en  sus  Islas, 
y  orillas,  que  son  muy  belicosas,  y  que  con  va- 
lor ayudarán  al  que  una  vez  reconocieren  por 
dueño;  en  que  abrá  poca  ó  ninguna  resistencia 
por  las  muchas  guerras  que  de  continuo  tie- 
nen, vnas  con  otras,  y  sugeta  una,  lo  estarán 
eon  facilidad  las  demás;  podrá  por  el  mesmo 
río  abaxo,  mejor  aun  que  por  la  mar,  echar  de 
la  boca  del  á  qualesquiera  otros,  que  con  si- 
niestro título  la  posean,  y  asegurar  por  este 
camino  los  muchos  riquísimos  frutos,  y  que  de 
él  se  esperan,  que  esto  se  dilatará  el  gozarlo, 
lo  que  se  dilate  el  poseerlo. 

Y  dado  caso  que  con  breuedad,  como  es- 
peramos, se  ponga  freno,  y  castigue  el  mal  mi- 
rado atreuimiento  de  los  Portugueses,  y  quede 
desembarazada  la  boca  deste  Rio,  para  que  por 
ella  se  prosiga  la  conquista. 

Comencada  esta  ya,  por  las  entradas  de 
Quito,  se  hará  más  fácil  y  necesitará  de  menos 
gastos  para  concluirse  con  felicidad. 

Lo  séptimo,  se  deue  advertir  con  muy  par- 
ticular cuydado,  que  ya  los  Indios  en  todo  el 
Perú,  y  en  casi  todo  lo  descubierto,  y  en  espe- 
cial en  donde  quiera  que  ay  minas,  ó  otras 
grangerias  de  importancia,  que  dependen  de 
su  trabajo  personal,  como  lo  podemos  afirmar 
los  que  auemos  corrido  aquellas  partes,  y  cada 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  21 5 

dia  van  en  tanta  disminución,  que  en  breues 
años,  por  faltar  ellos  abrán  de  cesar,  ó  por  lo 
menos  disminuirse  en  gran  parte,  los  muchos 
intereses  que  á  su  existencia  están  anexos,  da- 
ño sin  duda  grande,  y  que  Vuestra  Magestad 
con  esfuerco  deuiera  preuenir  con  tiempo,  y 
remediar  por  todos  los  medios  posibles,  que 
no  ay,  ni  se  pueden  imaginar  otros,  que  tomar 
muy  á  pecho  la  conquista  y  conuersion  deste 
nueuo  mundo,  donde  son  tantos  los  naturales 
que  le  habitan,  que  podrán  poblar  de  nueuo 
todo  lo  despoblado  del  Perú:  que  si  se  sujetan 
al  yugo  del  Santo  Evangelio  y  con  general  paz, 
cesarán  las  continuas  guerras  con  que  cada  dia 
se  consumen  vnos  á  otros  se  aumentarán  de 
suerte,  que  rompiendo  por  cortos  los  límites 
que  al  presente  los  encierran,  será  forcoso  el 
dilatarse  por  más  espaciosos  Reynos. 

Y  quando  con  ellos  solos  se  beneficiaran 
las  muchas  minas,  y  demás  intereses  que  en 
sus  Naciones  ofreze  la  fertilidad  de  la  tierra, 
se  deuiera,  qual  otro  nueuo  Perú,  aceptar  lue- 
go su  conquista,  y  con  más  la  facilidad  que 
aquí  se  ofreze. 

Lo  octavo,  si  sucediese  que  los  Portugue- 
ses que  están  en  la  boca  deste  rio  (que  todo 
se  puede  presumir  de  su  poca  Christiandad,  y 
menos  lealtad)  quisiesen,  ayudados  de  algunas 


2l6  CHRISTOUAL  DE  ACUÑA 

naciones  belicosas  que  tienen  sugetas,  penetrar 
por  él  arriba  hasta  llegar  á  lo  poblado  del  Perú, 
ó  nueuo  Reyno  de  Granada,  aunque  es  verdad 
que  por  algunas  partes  hallarán  resistencia,  por 
otras  muchas  la  hubiera  muy  poca,  por  salir  á 
pueblos  muy  íaltos  de  gente,  y  en  fin  pisarán 
aquella»  tierras  vasallos  desleales  de  Vuestra 
Magestad,  que  en  Reynos  tan  distantes,  pudie- 
ra solo  este  nombre  de  desleales,  causar  graví- 
simos daños.  Pues  si  unidos  con  el  Olandés 
como  lo  están  muchos  del  Brasil,  intentasen 
semejante  atrevimiento,  ya  ^e  ve  el  cuy  dado 
que  pudiera  dar.  Y  que  el  Olandés  desde  mu- 
chos años  ha,  y  aunque  procure  con  veras  se- 
ñorearse deste  gran  Rio,  es  cosa  tan  cierta, 
que  no  dudó  afirmarlo  y  publicarlo,  luán  Laeth, 
Autor  Olandés,  en  el  libro  que  intituló  f  Vtri- 
usque  Americae,  que  sacó  á  luz  el  año  de  trein- 
ta y  tres,  donde  en  el  libro  17,  cap.  15,  infine, 
dize  estas  palabras: 

«Verumtamen,  tan  hi  (scilicet  Angelí,  etc. 
Hibrini)  quám  nostri  (scilicet  Belgi)  á  Portuga- 
lis,  é  Para  venientibus,  in  opinato  opresi,  etc., 
fugati,  non  leue  damnum  fuerunt  perpefi,  ad 
quod  refarciendum  ét,  viribus,  institutum  repe- 
tere,  etc.  vrgere  satagunt.» 

Y  en  el  mismo  libro  cap.  2,  dice: 

«Post  annumanten,  161 5  Portugali  ad  Parae- 


DESCUBRIMIENTO  DEL  AMAZONAS  217 

tipam,  qui  fine  dubio  huins.  magni  fluminis  ra- 
mus  est,caeperuntüncolere,  vt  ante  diximus,  etc 
animum,  ad  coetera  forte  adijciente,  nifi  ab  An- 
gelis,  etc.  Belgis  nostris  impediantur.  f 

De  donde  se  colige  bien  claro,  que  el  dila- 
tar el  Olandés  la  conquista  deste  gran  Rio  de 
las  Amazonas,  de  que  en  entrambos  lugares 
habla  el  Autor,  es  á  más  no  poder,  y  no  por- 
que le  falten  deseos,  y  estima  de  lo  mucho  que 
en  ejecutarlo  ha  de  interesar. 

Prevenga  pues  Vuestra  Magestad,  tan  gra- 
ues  daños,  que  este  su  fiel  vasallo  le  propone, 
y  no  permita  se  dé  lugar  .á  que  algún  dia  llo- 
remos pérdidas,  en  lo  que  al  presente  se  nos 
ofrecen  crecidas  ganancias. 

Finalmente,  si  andando  el  tiempo,  sugeto 
y  allanado  ya  el  paso  deste  gran  Rio,  y  acla- 
radas las  entradas  que  en  él  ay  por  todo  el 
Perú,  la  quisiese  reducir  á  este  viaje  quantas  de 
aquellas  partes  enriqueze  á  España,  me  gloria- 
ría yo  de  auer  hecho  á  Vuestra  Magestad  vno 
de  los  mayores,  y  más  prouechosos  servicios, 
que  de  vasallo  se  pudieran  esperar;  con  que 
no  solo  se  ahorrauan  gran  suma  de  ducados, 
en  inmensos  gastos,  que  serán  inescusables 
mientras  durare  el  tragin  de  Panamá,  y  Carta- 
gena, que  por  este  Rio  por  ser  por  agua,  y 
ayudar  sus  corrientes  serían  muy  moderados. 


2 1 8'  CRISTOUAL    DE    ACUÑA 

Sino  que  también  (que  es  lo  de  más  conside- 
ración) aseguraua  Vuestra  Magestad  de  vna 
vez  sus  flotas,  y  sin  rezelos  de  Corsarios,  ponía 
en  salvo  todos  sus  tesoros,  por  lo  menos  hasta 
llegar  al  Para;  de  donde  en  veinte  y  quatro 
dias,  por  mar  ancho,  con  galeones,  hechos  en 
el  mesmo  Rio,  á  todos  tiempos  se  ponían  en 
España,  sin  que  enemigo  alguno  les  pueda 
guardar  á  la  salida,  por  ser  la  costa  del  Para 
tal,  que  ni  dos  dias  pueden  los  nauíos  fuera 
del  Rio  resistir  á  las  corrientes  de  la  mar.  Con 
que  cesarán  de  vna  vez  los  continuos  cuydados 
que  cada  dia  nos  causa  tan  peligroso  y  dilata- 
do viage  como  es  el  de  Cartagena. 

Todo,  Señor,  se  remediará  con  lo  que  ten- 
go propuesto  en  este  memorial:  á  que  solo 
añado,  que  la  mayor  parte  del  buen  suceso  en 
esta  materia,  será  la  breuedad  en  la  execucion. 
Y  si  yo  para  algo  fuere  de  prouecho,  siempre 
estaré  á  los  pies  de  Vuestra  Magestad. 


índice  de  materias 


-Í-O0O+- 


Páginas. 

Noticia  biográfica  del  padre   Cristóbal 

de  Acuña v 

Noticia  bibliográfica  de  las  ediciones 
que  se  han  hecho  de  esta  obra  en  di- 
versos idiomas ix 

Al  Excelentísimo  Señor  Conde   Duque 

de  Olivares xvn 

Al  lector xxi 

Certificación  del  Capitán  Mayor  de  este 

descubrimiento  Pedro  Texeira xxiii 

Certificación  del  reverendo  padre  co- 
misario de  las  Mercedes xxvn 

Cláusula  de  la  provisión  real  que  dio  la 
Audiencia  de  Quito  en  nombre  de  su 
Magestad  para  este  descubrimiento. .     xxix 


2  20  ÍNDICE 

Números.  Páginas. 


I. — Noticias  de  este  gran  río. .  -  i 

II.— Descubre  Francisco  de  Ore. 

llana  este  río 2 

III. — Entra  por  este  río  el  tirano 

Lope  de  Aguirre 4 

IV. — Intentan  otros  este  descubri- 
miento   6 

V. — Intenta   Benito  Maciel  este 

descubrimiento , 8 

VI. — Mándasele  á  Francisco  Coe- 

11o  que  haga  esta  entrada.  ...  9 

VII.  -Navegan  este  río  dos  religio- 
sos, legos  de  San  Francisco. .  .         11 
VIII. — Llegan  los  dos  religiosos  al 

Marañón ,  ,  .  .         14 

IX. — Es  nombrado  para  la  con- 
quista Pedro  de  Texeira 16 

X. — Comienza  su  viaje  Pedro  de 

Texeira 18 

XI. — Adelántase  el  Coronel  Beni- 
to Rodríguez.  .  .  .  , 20 

XII.  —Deja  el  Capitán  el  ejército 

en  los  Encabellados 22 

XIII.— Llega  el  Capitán  Mayor  á 

Quito 24 

XIV.— Resolución  del   Virrey   del 

Perú 26 


Índice  221 

Números.  Páginas. 


XV.— El  General  D.  Juan  de  Acu- 
ña se  ofrece  á  la  jornada 28 

XVI. — Nombra  la  Real  Audiencia 
ai  padre  Cristóbal  de  Acuña 

para  esta  jornada 30 

XVII. — Salen  los  padres  de  Quito.  .         32 
XVIII. — El  rio  de  las  Amazonas  es  el 

mayor  del  orbe 34 

XIX. — Nacimiento   del  río   de  las 

Amazonas 37 

XX. — Su  curso,  latitud  y  longitud.         40 
XXI. — Estrechura  y  fondo  del  río.         42 
XXII. — Islas,  su  fertilidad  y  fruta..  .         44 
XXIII. —  Géneros   de    bebidas    que 

usan 46 

XXIV. — Frutas  que  tienen 48 

XXV. — Pescados  de  este  río  y  del 

Pegebuey 50 

XXVI. — Tortugas  del  río  y  cómo  las 

guardan 52 

XXVII. — Modos  de  pescar  que  usan.         55 
X  X  VIII. — Cazas  del  monte  y  aves  de 

que  se  sustentan 58 

XXIX. — Clima  y  temple  del  río. ...         61 
XXX. — Disposicióndelatierra  y  dro- 
gas medicinales 64 

XXXI. — Maderas,   aderezos  para  na- 


222  ÍNDICE 

Números,  Páginas. 


víos , 66 

XXXII. — Cuatro  géneros  de  cosas  pro- 
vechosas que  hay  en  este  río.  .         68 
XXXIII. — De  otros  géneros  de  estima 

que  aquí  se  hallan 71 

XXXIV. — Riquezas  de  este  río 72 

XXXV. — Son  cuatro  mil  leguas  de  cir- 
cuito lo  descubierto 75 

XXXVI.— Multitud  de  gente  y  diferen- 
tes naciones 77 

XXXVII. — Armas  de  que  usan  los  in- 
dios          79 

XXXVIII. — Su  comercio  es  por  el  agua 

•en  canoas 82 

XXXIX. — Las  herramientas  que  usan.         84 
XL. — De  sus  ritos  y  Dioses  que 

adoran 86 

XLI. — Un  indio  se  hacía  Dios 90 

XLII. — De  los  hechiceros  que  hay  .         92 
XLIII. — Son  estos  indios   de  apaci- 
bles naturales 94 

XLIV. — Trátase  en  especial  de  las 

cosas  del  río  y  de  sus  entradas.         96 

XLV. — De  tres  entradas  que  hay  por 

el  nuevo  reino .        99 

XLVI. — Otras  entradas, 102 


ÍNDICE  223 

Números.  Páginas. 

XLVIL — Otras  entradas  á  este  río.  .  .  105 

XLVIIL— Río  de  Ñapo, 107 

XLIX. — Aquí  mataron  al  Capitán  Pa- 
lacios   109 

L. — Aquí  quedó  la  armada  portu- 
guesa, provincia  de  los  Enca- 

bellados ni 

=       Río  de  Tunguragua 114 

LI. — Provincias  de  los  aguas.  ...  115 
LII. — Uso  de  los  esclavos  que  cau- 
tivan   119 

Lili. — Sitio  frío  en  que  se  podrá  co- 

ger  trigo 122 

LIV. — RíoPutumayo  ynacionesque 

en  él  y  en  Yetaú  hay 124 

LV. — Fin  de  la  provincia  de  los 

Aguas  y  río  del  Cuzco 127 

LVI.  — Provincia  donde  se  halló  oro.  129 

LV1I. — Minas  de  oro 132 

LVIII. — Usan  orejas  y  narices  aguje- 
readas   134 

LIX. — Entrada  á  las  minas  de  oro.  136 

LX.— Lago  Dorado 138 

LXI. — Provincia  de   Yoriman.  ...  140 
LXII.— Un  pueblo  de  más  de  una  le- 
gua de  largo 142 

LXIII. — Río  de  los  Gigantes 144 


2  24  ÍNDICE 

Números.  Páginas. 

LXIV. — Río  Basururú  y  sus  naciones.  147 

LXV. — Rio  Negro 150 

LXVI. — Intentan  los  portugueses  en- 
trarse por  el  río  negro 155 

LXVII. — Requerimiento  hecho  al  ejér- 
cito   158 

LXVIII. — Prosigue  el  viaje  y  del  río  de 

la  Madera 165 

LXIX. — Isla  grande  de  los  Tupinam- 

bás 167 

LXX. — Noticias  que  dieron  los  Tupi- 

nambás , 170 

LXXI. — Dannoticias  délas  Amazonas.  173 

LXXIL — Río  de  las  Amazonas 176 

LXXIII. — Estrechura  de  todo  el  río..  .  179 

LXXIV. — Río  y  nación  de  Tapajosos.  .  182 
LXXV. — Opresión  que  hicieron   los 

portugueses 183 

LXXVL— Curapatuba 188 

LXXVIL— Río  Ginipape 190 

LXXVIIL— Río  Paranaíba 193 

LXXIX.— Río  Pacaxa 194 

LXXX. — Población  de  Conmuta.  ...  196 

LXXXI. — Río  délos  Tocantines 197 

LXXXII.— El  Para , 199 

LXXXIII. — Entra  en  el  mar  el  río  de  las 

Amazonas 01 


ÍNDICE  225 

Páginas. 

Memorial  presentado  en  el  real     - 
consejo  de  las  Indias,  sobre  el 
dicho  descubrimiento,  después 
do  la  revelión  de  Portugal. .  .  .       205 


*5 


ÍNDICE 

POR   ORDEN  ALFABÉTICO 
DE   TODO   LO    CONTENIDO   EN   ESTA    OBRA 

Páginas. 

Abundancia  de  algodón 71 

Abundancia  de  cacao.  .  .  .  , 68 

Abundancia  de  pesca  en  el  Amazonas.  .  35 

Aderezos  para  navios 67 

Aldea  de  Conmuta 196 

Alfonso  de  Miranda 7 

Altura  de  los  árboles 66 

Amazonas;  noticias  que  dieron  de  ellas 

los  Tupinambás 173 

Amazonas;  sus  costumbres 174 

Amazonas;  valor  que  tienen  y  otras  co- 
sas peregrinas 177 


ÍNDICE  227 

Páginas. 

Aprecio  en  que  tienen  á  sus  hechiceros.  92 

Armas  que  tienen  los  indios 79 

Azúcar  que  hay 69 

Bebidas  que  hacen 46 

Benito  Maciel  Pariente ,  .  8 

Benito  Rodríguez  de  Olivera 20 

Brevedad  que  se  ha  de  tener  en  comen- 
zar esta  conquista 218 

Buen  temple  del  río ,  .  61 

Cáliz  que  se  halló  en  poder  de  losTocan- 

tines 198 

Carlos  V  manda  dar  tres  navios  á  Ore- 
llana 2 

Cédulas  dadas  para   el  descubrimiento 

de  este  río 212 

Cerros  del  río 64 

Cerros  de  sal  de  piedra 172 

Certificación  del  padre  comisario  de  las 

Mercedes xxvn 

Certificación  de  Pedro  Texeira xxm 

Clases  de  frutas  que  tienen 48 

Cláusula  de  la  Audiencia  de  Quito xxix 

Cojen  las  tortugas  en  gran  abundancia.  .  54 

Comercio  y  cómo  lo  hacen 82 

Cómo  conservan  las  tortugas 52 

Cordilleras  de  Guanuco  de  los  Caballe- 
ros  ,  .  .  .  37 


2  28  ÍNDICE 

Páginas- 

Costumbre  que  tienen  los  Aguas  de  aplas- 
tarse la  cabeza 117 

Crueldades  de  los  portugueses  con  los 

Tapajosos 185 

Curipunás  yzurinas  y  sus  habilidades.  .  .  145 

Curso,  latitud  y  longitud  de  este  río. ...  40 

Curuziraris  y  géneros  que  fabrican 130 

Dedicatoria  del  autor xvn 

De  la  poca  dificultad  que  pondrían  para 

creer  en  Dios 95 

Del  poco  trabajo  para  cazar  y  pescar. .  .  59 

Desbarátanse  todos  los  planes 9 

Desemboca  en  el  mar  el  rio  de  las  Ama- 
zonas   201 

De  sus  ritos 86 

Dioses  que  adoran 87 

Diversos  géneros  de  herramientas 85 

División  del  río  de  las  Amazonas 194 

Don  Juan  Vázquez  de  Acuña  ofrece  hacer 

este  descubrimiento  á  su  costa 28 

Dos  religiosos  descubren  este  río 11 

Dos  religiosos  y  seis  soldados,  llegan  mi- 
lagrosamente á  Para 14 

Drogas  medicinales  que  hay 65 

Ediciones  de  esta  obra ix 

El  autor  al  lector ,  .  .  .  xxi 

El  28  de  Febrero  de  1637  sale  del  Para 


ÍNDICE  229 
Páginas. 

la  armada  portuguesa 18 

El  16  de  Febrero  de  1639,  salóla  arma- 
da de  Quito 32 

El  12  de  Diciembre  de  1639  llega  á  Pa- 
ra la  armada 32 

El  capitán  mayor  manda  proseguir  el 

viaje j65 

El  conde  de  Chinchón  resuelve  que  Te- 

xeira  vuelva  rio  abajo 26 

El  Eufrates  comparado  con  el  Amazo- 
nas     35 

El  Ganges  comparado  con  el  Amazonas.  35 

El  mayor  estrecho  del  Amazonas 42 

El  nuevo  reino  de  Granada 38 

El  padre  Cristóbal  de  Acuña  se  ofrece 

para  ir  á  la  jomada 29 

El  padre  Francisco  de  Fuentes  nombra 

para  la  jornada  á  dos  de  su  religión. .  31 

El  Pegebuey   51 

El  río  de  las  Amazonas  es  el  mayor  del 

mundo 34 

Embarcaciones  que  tienen 78 

Encabellados,  por  qué  los  llamaron  así 

y  de  sus  armas  y  guerras 113 

Encabellados  y  portugueses 112 

Entierro  de  sus  difuntos 93 

Entrada  por  la  ciudad  de  Archidona.    .  i30 


230  ÍNDICE 

Páginas. 

Entradas  á  este  río 102 

Esclavos  que  cautivan  los  Aguas  y  uso  de 

ellos , 119 

Estrechura  de  todo  el  río 179 

Flechas  de  pescar .  56 

Francisco  Coello  de  Caravallo 9 

Fray  Andrés  de  Toledo 12 

Fray  Domingo  de  Brieba 12 

Frío  que  sienten  los  que  tocan  el  Pera- 

que 57 

Fríos  y  donde  los  hace 122 

Frutas  de  las  islas  del  Amazonas. ....  45 

Géneros  de  caza  que  hay 58 

Géneros  de  estima  que   se  hallan  en  el 

Amazonas 71 

Gran  Para 199 

Guayazis,  nación  de  enanos , «  17a 

Guerras  de  los  Aguas  con  los  Cnrinas  y 

otras  naciones 117 

Habilidades  de  los  naturales  que  habi- 
tan este  río ......  .    36 

Herramientas  que  tienen 87 

Holandeses  y  cómo  se  apoderaron  de  la 

Guayana 148 

Indios  Aguas,  por  qué  son  llamados  así.  115 

Indios  Aguas,  su  gobierno  y  costumbres.  116 

Indios  Tupiuambás  y  su  isla 167 


ÍNDICE  23I 

Páginas. 

Industria  de  Texeira  para  que  no  le  aban- 
donasen   . . . , 19 

Inmensas  riquezas  que  hay 73 

Isla  del  Sol 200 

Islas  que  hay  en  este  río 44 

Jacome  Raimundo  de  Noroño  tiene  noti- 
cia del  viaje  de  los  dos  legos 15 

José  de  Villamayor 7 

Lago  Dorado  y  donde  debe  hallarse.. .  139 

Leguas  que  ocupa  lo  descubierto 75 

Lengua  que  hablan  los  Tupinambás. ...  168 
Lope  de  Aguirre  desemboca  en  la   isla 
de  la  Trinidad,  donde  le  quitan  la 

vida 5 

Los  cofanes  matan  al  padre  Rafael  Fe- 

rrer 12 

Los  naturales  son  muy  inclinados   á  la 

embriaguez 47 

Los  holandeses  infestaban  las  costas. . .  10 
Los  portugueses  atacan  á  los  Tapajosos.  184 
Los  portugueses  dejan  una  cruz  á  los  in- 
dios   , 88 

Los  portugueses  quieren  rebelarse 156 

Los  Tapajosos  atacan  á  los  portugueses.  186 

Maderas  de  este  río 6S 

Maderas  para  canoas 83 

Memorial  presentado  en   el  Consejo  de 


232  ÍNDICE 

Páginas. 

las  Indias 205 

Minas  de  oro 133 

Minas   de   oro  y  plata  de  que   hay  no- 
ticia    72 

Modos  diversos  de  pescar 55 

Mutayos,  tributarios  de  los  Tupinambás.  171 

Nación  de  los  Curuziraris 129 

Nación  de  Yorimán  y  sus  naturales 140 

Naciones  que  hay  en  lo  descubierto..  . .  77 

No  hay  aires  corruptos  en  este  río   ... .  63 

No  son  caribes  los  indios  Aguas. 120 

Noticias  del  Padre  Acuña v 

Omaguas,  su  significado 125 

Orellana  descubre  este  río 2 

Orellana  tiene  que  retirarse  por  la  costa 

de  Caracas 3 

Oro  y  dónde  se  halló 130 

Paraguaxo,  sierra  de  rica  pedrería 189 

Partes  porque  se  puede  entrar  en  este  río,  97 
Pedrería,  dónde  se  encuentra  y  noticia 

que  dieron  los  indios  de  ella 189 

Pedro  de  Acosta  Jabela  es  nombrado 

cabo  de  todos 

Pedro  de  Orsua  es  muerto  á  traición  por 

Lope  de  Aguirre 4 

Pedro  de  Texeira  es  nombrado  para  esta 
conquista 


ÍNDICE  233 
Páginao. 

Pescado  llamado  Peraque 56 

Pesca  y  caza  en  el  rio  Ñapo 103 

Pesca  y  caza  en  el  río  Yetáu 126 

Población  de  Anete,  donde  mataron  al 

capitán  Palacios 109 

Poco  coste  para  hacer  ingenios 79 

Primera  entrada  á  este  río 99 

Profundidad  del  Amazonas 43 

Provincias  del  río  Negro 152 

Pueblo  mayor  deste  río 142 

Regocijos  en  Quito  por  la  llegada  de  Te- 

xeira 24 

Requerimiento  hecho  al  ejército 159 

Rio  Aguraico 109 

Río  Araganaruba  y  sus  naciones 138 

Río  Basururú  y  sus  naciones 147 

Río  Catua 138 

Río  Cuchiguará  y  sus  pobladores 144 

Río  Curupatuba 188 

Río  de  la  Coca 108 

Río  de  la  Madera  y  sus  naciones 166 

Río  de   las   Amazonas,  nombrado  por 

error  Marañón 1 

Río  del  Cuzco  y  por  dónde  entra  en  el 

de  las  Amazonas 128 

Río  de  los  Tocantines 197 

Río  de  Ñapo  y  donde  tiene  su  origen.. .  107 


234  ÍNDICE 

Páginas. 

Río  Ginipape  y  sus  provincias 140 

Río  Marañón  y  donde  se  junta  con  el  de 

las  Amazonas 106 

Río  Negro,  por  qué  le  llamaron  así  los 

portugueses. 151 

Río  Pacaxa •  •  • .  *  94 

Río  Paranaíba  y  sus  poblaciones 193 

Río  Putumayo  y  de  dónde  desciende. . .  124 

Ríos  tributarios  del  Amazonas 41 

Río  Tapi 136 

Río  Tumguragua,  corre  por  los  Maynas 

con  nombre  de  Marañón 114 

Río  Urixamina 179 

Río  Yetaú  y  sus  naciones 125 

Río  y  nación  de  Tapajosos 181 

Riquezas  que  ofrece  este  río 202 

Sal  que  tienen 51 

San  Francisco  de  Quito 1 1 

Segunda  entrada  á  este  río 100 

Sierra  llamada  Paraguaxo  y  pedrerías 

que  en  sí  encierra 189 

Son  las  tortugas  muy  grandes 53 

Son  mansos  y  apacibles  estos  indios. . .  94 

Tabaco  de  este  río 69 

Tercera  entrada  á  este  río 101 

Trigo  y  dónde  se  podrá  coger 123 

Un  indio  pide  que  le  den  un  Dios 87 


índice  235 

Páginas. 

Ua  indio  quiere  que  le  enseñen  á  Dios. .  90 

Usan  flechas  envenenadas 81 

Uso  que  hacen  de  las  armas. .  .  » 80 

Variedad  en  el  clima 62 

Vecindad  de  las  naciones  que  habitan  en 

las  riberas 77 

Verdadero   nacimiento    del   río    de  las 

Amazonas 38 

Vertientes  que  descienden  hacia  el  Ama- 
zonas   73 

Vicente  de  los  Reyes  intenta  este  descu- 
brimiento    6 

Yumaguaris  y  su  significado 133 

Yupura,  río  que  da  entrada  al  del  Oro. .  136 

Zarzaparrilla,  estima  que  hacen  de  ella.  71 


FIN 


TOMOS  PUBLICADOS 

I  Xerez,  Conquista  del  Perú.  (1534.) 

II  Acuña,  Nuevo  descubrimiento  del  gran  rio 
de    las  Amazonas.  (1641.) 

PARA  SALIR  EN  BREVE 

III  Rocha,  Origen  de  los  indios  occidentales 
del  Perú,  México  y  Santa  Fé  y  Chile.  (16  81.) 


Se  acabó  de  reimprimir  este  volumen  en 
Madrid  y  en  la  imprenta  de  Juan  Ca- 
yetano García,  calle  de  Atocha, 
número    ciento   cincuenta  y 
uno,  á  treinta   dias  del 
mes  de  Abril  de  mil 
ochocientos  no- 
venta y 
uno 


evo  descubrimiento 

. 

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